Denuncian la venta de cascos protectores que no están autorizados para el uso de los motonetistas

«N»No tiene ningún adhesivo al respecto”, fue el eufemismo utilizado por el vendedor de “cascos de moto para niños con visera” para indicar que no cuentan con un certificado que garantice su calidad. La oferta es por $ 340 en Mercadolibre y se publicita para niños de hasta 7 años. Ya se vendieron nueve. Pero hay otro ejemplo peor: por $ 220 se puede comprar un “casco abierto”. Ambos casos contravienen la ley 19.061 complementaria de la Ley de Tránsito y constituyen un riesgo para sus usuarios. No obstante, es muy fácil encontrar ejemplos similares en internet y en comercios.
El último caso que indignó a Pablo Raimonda, responsable de las pruebas de calidad que se realizan en el Instituto de Ensayo de Materiales (IEM) de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de la República, fue el uso de un casco no certificado en la publicidad de una cadena de supermercados para la promoción por el Día del Padre. Se trataba de un casco que no cubría la nuca, de estilo retro o militar, expresamente prohibido por la ley.
Ese modelo -llamado “pelela” en la jerga del motociclista- puede ser adquirido desde $ 600 en Mercadolibre. Incluso, algunos no tienen relleno, esa parte fundamental para la absorción de energía tras un impacto. Algunos avisos aclaran que no están aprobados. Ya se han vendido 22 entre todos los avisos disponibles; de estos, nueve para niños. “Un gusto hacer negocios con gente seria”, calificó un cliente.
Pero este tipo de cascos también se encuentran en los comercios. En un local de Malvín se venden cascos de estilo retro por US$ 170; por supuesto, sin certificado. Este dato generó malestar entre algunos importadores, puesto que, no solo han dejado de traer el artículo que era uno de los más vendidos, sino que su precio rondaba los US$ 89.
Uno de los principales importadores expresó a El Observador que el Poder Ejecutivo se encuentra omiso ante la competencia desleal. Al caso anterior se suma la oferta de cascos de “alta gama”, con precios superiores a los US$ 1.000, “traídos de Estados Unidos” por particulares y vendidos en internet, o importados, pero que se venden en plaza sin la autorización correspondiente.
La ley 19.061 ordena que estos cascos obtengan la certificación nacional aunque cumplan con normas internacionales más exigentes que la uruguaya. En este caso, se habilitó un nuevo procedimiento: se otorga el sello si se presenta la documentación técnica sin necesidad de efectuar los ensayos. Pero, sin sello, aunque su calidad sea excelente, no se está autorizado a circular.
En ferias vecinales, además, se pueden conseguir homologaciones truchas por $ 100. El sello, por ejemplo, dice “Norma 850” cuando debería decir 650, o tiene otro logo. El auténtico es reflectivo, tiene grabado un número de serie y se rompe si se quiere despegar.
El IEM y la Unidad de Seguridad Vial (Unasev) capacitaron a los inspectores del Área de Defensa del Consumidor del Ministerio de Economía para controlar las adulteraciones. El secretario general de la Unasev, Pablo Inthamoussu, dijo a El Observador que este personal fiscalizará “lo que está en la vidriera”. Y agregó: “Estamos tratando de cerrar el círculo de la parte en la que siempre hacemos agua, que es la fiscalización. No debería de entrar a Uruguay ningún producto que no estuviera cumpliendo con las normas”.
Pero tanto Raimonda como él saben que internet “es incontrolable”. Y, hasta ahora, parece que también lo es la calle. “No se aplican multas por no tener un casco certificado; eso sigue dependiendo de cada intendencia”, dijo el jerarca.
Ensayos
El IEM aprobó 259 modelos y certificó 635.760 cascos desde 2009. Como se estima que existe un millón de motociclistas en el país, la cifra deja afuera a casi cuatro de cada 10 conductores. Lo curioso es que desde 2010 se han importado 1.528.713 cascos, según datos proporcionados por Uruguay XXI.
La cantidad de reprobaciones era más abultada entre 2009 y 2010. En un mes se llegó a rechazar el 60% de los artículos presentados por particulares. No obstante,  Raimonda aseguró que evolucionó la calidad de lo importado. En los últimos tres años solo se han objetado tres lotes por “problemas solucionables”. Al menos un caso se debió al mal funcionamiento de los broches.
Un casco recibe el triángulo amarillo si la muestra -tres unidades como mínimo- extraída del lote pasa con éxito tres pruebas: de penetración, impacto y sujeción. Durante ese proceso se analiza cómo se comporta la estructura, cómo absorbe la energía y qué tan resistente es la correa. Los cascos analizados son cortados al medio para evitar que sean comercializados puesto que cualquier microfisura aumenta la probabilidad de rotura. La rutina es más larga para aprobar un modelo. Se les prueba su resistencia, flexibilidad e inflamabilidad, entre otros experimentos, a distintas temperaturas (de 50ºC a -10ºC).
Los usuarios no conocen que se recomienda reemplazar el casco antes de los cuatro años de uso o en caso de accidente por mínimo que sea. En Europa tienen vencimiento; aquí no. En Mercadolibre está a la venta un casco usado para niño, sin sello a la vista y con rayas visibles. Su precio es $ 1.800.

«No tiene ningún adhesivo al respecto”, fue el eufemismo utilizado por el vendedor de “cascos de moto para niños con visera” para indicar que no cuentan con un certificado que garantice su calidad. La oferta es por $ 340 en Mercadolibre y se publicita para niños de hasta 7 años. Ya se vendieron nueve. Pero hay otro ejemplo peor: por $ 220 se puede comprar un “casco abierto”. Ambos casos contravienen la ley 19.061 complementaria de la Ley de Tránsito y constituyen un riesgo para sus usuarios. No obstante, es muy fácil encontrar ejemplos similares en internet y en comercios.

El último caso que indignó a Pablo Raimonda, responsable de las pruebas de calidad que se realizan en el Instituto de Ensayo de Materiales (IEM) de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de la República, fue el uso de un casco no certificado en la publicidad de una cadena de supermercados para la promoción por el Día del Padre. Se trataba de un casco que no cubría la nuca, de estilo retro o militar, expresamente prohibido por la ley.

Ese modelo -llamado “pelela” en la jerga del motociclista- puede ser adquirido desde $ 600 en Mercadolibre. Incluso, algunos no tienen relleno, esa parte fundamental para la absorción de energía tras un impacto. Algunos avisos aclaran que no están aprobados. Ya se han vendido 22 entre todos los avisos disponibles; de estos, nueve para niños. “Un gusto hacer negocios con gente seria”, calificó un cliente.

Pero este tipo de cascos también se encuentran en los comercios. En un local de Malvín se venden cascos de estilo retro por US$ 170; por supuesto, sin certificado. Este dato generó malestar entre algunos importadores, puesto que, no solo han dejado de traer el artículo que era uno de los más vendidos, sino que su precio rondaba los US$ 89.

Uno de los principales importadores expresó a El Observador que el Poder Ejecutivo se encuentra omiso ante la competencia desleal. Al caso anterior se suma la oferta de cascos de “alta gama”, con precios superiores a los US$ 1.000, “traídos de Estados Unidos” por particulares y vendidos en internet, o importados, pero que se venden en plaza sin la autorización correspondiente.

La ley 19.061 ordena que estos cascos obtengan la certificación nacional aunque cumplan con normas internacionales más exigentes que la uruguaya. En este caso, se habilitó un nuevo procedimiento: se otorga el sello si se presenta la documentación técnica sin necesidad de efectuar los ensayos. Pero, sin sello, aunque su calidad sea excelente, no se está autorizado a circular.

En ferias vecinales, además, se pueden conseguir homologaciones truchas por $ 100. El sello, por ejemplo, dice “Norma 850” cuando debería decir 650, o tiene otro logo. El auténtico es reflectivo, tiene grabado un número de serie y se rompe si se quiere despegar.

El IEM y la Unidad de Seguridad Vial (Unasev) capacitaron a los inspectores del Área de Defensa del Consumidor del Ministerio de Economía para controlar las adulteraciones. El secretario general de la Unasev, Pablo Inthamoussu, dijo a El Observador que este personal fiscalizará “lo que está en la vidriera”. Y agregó: “Estamos tratando de cerrar el círculo de la parte en la que siempre hacemos agua, que es la fiscalización. No debería de entrar a Uruguay ningún producto que no estuviera cumpliendo con las normas”.

Pero tanto Raimonda como él saben que internet “es incontrolable”. Y, hasta ahora, parece que también lo es la calle. “No se aplican multas por no tener un casco certificado; eso sigue dependiendo de cada intendencia”, dijo el jerarca.

Ensayos

El IEM aprobó 259 modelos y certificó 635.760 cascos desde 2009. Como se estima que existe un millón de motociclistas en el país, la cifra deja afuera a casi cuatro de cada 10 conductores. Lo curioso es que desde 2010 se han importado 1.528.713 cascos, según datos proporcionados por Uruguay XXI.

La cantidad de reprobaciones era más abultada entre 2009 y 2010. En un mes se llegó a rechazar el 60% de los artículos presentados por particulares. No obstante,  Raimonda aseguró que evolucionó la calidad de lo importado. En los últimos tres años solo se han objetado tres lotes por “problemas solucionables”. Al menos un caso se debió al mal funcionamiento de los broches.

Un casco recibe el triángulo amarillo si la muestra -tres unidades como mínimo- extraída del lote pasa con éxito tres pruebas: de penetración, impacto y sujeción. Durante ese proceso se analiza cómo se comporta la estructura, cómo absorbe la energía y qué tan resistente es la correa. Los cascos analizados son cortados al medio para evitar que sean comercializados puesto que cualquier microfisura aumenta la probabilidad de rotura. La rutina es más larga para aprobar un modelo. Se les prueba su resistencia, flexibilidad e inflamabilidad, entre otros experimentos, a distintas temperaturas (de 50ºC a -10ºC).

Los usuarios no conocen que se recomienda reemplazar el casco antes de los cuatro años de uso o en caso de accidente por mínimo que sea. En Europa tienen vencimiento; aquí no. En Mercadolibre está a la venta un casco usado para niño, sin sello a la vista y con rayas visibles. Su precio es $ 1.800.