Desaparecidos y torturadores prófugos, huellas de la dictadura en Uruguay

Federico Anfitti. Montevideo, 22 jul (EFE).- La dictadura cívico-militar uruguaya (1973-1985) dejó huellas en todos los familiares de los casi 200 detenidos desaparecidos en este periodo que, 45 años después del golpe, siguen buscando a sus seres queridos y reclamando respuestas y justicia para poder cerrar una dolorosa etapa de sus vidas.
Este es el caso de los hermanos Javier y Óscar Tassino, integrantes del Partido Comunista Uruguayo y militantes sindicales.
Ambos fueron detenidos durante el periodo dictatorial, sin embargo, solo Javier fue liberado y a partir de allí su vida quedó marcada por la desaparición de Óscar, de quien no sabe nada desde que fue arrestado el 19 de julio de 1977.
Ahora, 41 años después de la desaparición de Óscar, Javier sigue en la búsqueda de su hermano y de justicia, y espera que los presuntos torturadores involucrados sean juzgados en el país, pese a que uno de ellos se escapó a España y cuenta con un pedido de captura internacional.
Las manifestaciones y las protestas en los años previos al Golpe de Estado eran cotidianas hasta que llegó la noche del 27 de junio de 1973, cuando se estableció la dictadura en el país.
Ese mismo día en que el entonces presidente, Juan María Bordaberry, disolvió el Parlamento, se inició una huelga general en organizada por los sindicatos que duró 15 días y de la que los hermanos Tassino participaron.
Luego, Javier y Óscar adhirieron a la resistencia al régimen autoritario en la clandestinidad, ya que las instituciones sindicales y políticas contrarias al Gobierno se habían convertido en ilegales.
«Empezó la resistencia y cada vez se fue agudizando más hasta que a fines del 1975 hubo una represión muy grande que empezó con la Operación Morgan», recordó Javier en una entrevista con Efe.
Dicho operativo fue llevado a cabo por el Gobierno durante 1975 y 1976 y se basó en la represión y encarcelamiento de militantes comunistas.
En ese periodo, Javier fue detenido junto a otros compañeros. Todos ellos fueron torturados e incluso uno, Álvaro Balbi, murió a los pocos minutos debido a la intensidad de los castigos aplicados.
Mientras su hermano estaba preso, Óscar se encontraba en la clandestinidad y no fue hasta julio de 1977 que fue detenido, y asesinado dos días después, según los datos que pudieron recabar desde de la organización Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos en colaboración con la Comisión Para la Paz que creó durante su mandato el expresidente Jorge Batlle (2000-2005).
Apenas cuando fue liberado, dos años y medio más tarde, se enteró del episodio de su hermano. Si bien muchos desaparecían por uno o dos meses, él «casi de inmediato» se dio cuenta de que algo más había pasado.
«Era complejo tener una esperanza. A medida que fue pasando el tiempo vimos que ya era casi imposible que apareciera. Cuando ibas a los lugares a preguntar te decían que lo tenían detenido, que no estaba, que se había ido del país. Cuando te empiezan a dar vueltas y los cuerpos no aparecen (…)», reflexionó.
No fue hasta la llegada de la democracia que pudieron hacer la denuncia de lo acontecido con Óscar. Sin embargo, Javier explicó que durante 20 años «no se hizo absolutamente nada» respecto a los muertos, los desaparecidos, o los torturados.
A pesar de la búsqueda, las investigaciones y las excavaciones, Javier aún no tiene siquiera una pista sobre el paradero de los restos de su hermano.
En una de las tantas recorridas por los batallones militares y los centros clandestinos de torturas, pudo ir a la Tablada, el lugar de detención donde Óscar habría sido asesinado.
«Fuimos al lugar donde se denunciaba que lo habían matado de un golpe en una pileta. Reforzamos toda esa historia pero no logramos en definitiva que los responsables o los causantes de eso fueran a la Justicia como tiene que ser», contó.
Javier hizo referencia a Eduardo Ferro, un militar retirado que fue uno de los presuntos autores de detenciones, torturas y asesinatos en la dictadura y que hasta noviembre de 2016 no estaba obligado a presentarse a declarar ante la Justicia pese a las denuncias.
«Todo es una lucha dura, complicada (…) A Ferro no se le ubicó, después nos enteramos que, un mes antes, alguien le chifló que lo iban a llamar y se fue del país», narró.
En marzo de 2017, consiguieron el cierre de fronteras y pedido de captura para Ferro, que fue detenido por la Justicia española en septiembre de ese mismo año.
Siete meses más tarde, decidieron llevar a cabo la extradición pero cuando la Interpol española fue a buscarlo «no estaba en la cárcel».
«Seis meses después de que fue liberado nos enteramos que no estaba preso. Hoy tiene captura internacional fuerte, como una alerta roja, hay que buscarlo, ver los caminos (…) por la necesidad de traerlo, que se presente a la Justicia», reflexionó.
Actualmente, las investigaciones continúan, la búsqueda no cesa y el pedido de Justicia es algo que la sociedad exige tras 45 años desde que comenzó la dictadura uruguaya.
«Seguimos buscando, es algo justo que pedimos, no estamos pidiendo cosas extraordinarias, no estamos pidiendo cosas en contra de la patria ni de la sociedad, estamos pidiendo una cosa razonable: que los cuerpos aparezcan», concluyó.

EFE







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