Desde el maltrato de los árbitros: pésima lección

La agresión a un árbitro asistente en un partido disputado en el Chuy, y en el marco de la Copa Nacional Sub 18 y mayores, determinó la drástica toma de posición de la gremial de los jueces a nivel de OFI: no controlar partidos hasta el 9 de marzo. Por lo tanto, el retorno del fútbol pactado para el fin de semana comprendido entre el 14 y 15 de marzo.
El pasado martes, la condenada chance, cuando el encuentro entre OFI y la gremial, no hizo menos que ratificar la resolución de esta. Por lo tanto, ya sin margen para negociación o acuerdo de partes. Ninguna marcha atrás de los jueces. Una opción finalmente acallada. Desde OFI se había manejado respecto a la flexibilidad de la gremial. La realidad, es una topadora. Barrió con todo. Y el fútbol se quedó de manos vacías.
¿CUÁL ES EL SENTIDO?
Los jueces se afincaron en una medida sin antecedentes. Nunca antes una toma de posición de este calibre. Cabe preguntarse: ¿cuál es la razón de la medida? ¿Qué se pretende? ¿Para la creación de conciencia de qué o de quiénes?
A la distancia o a través de los medios de comunicación, los argumentos del presidente de la gremial, Walter Brajús, con un tono para algunos “amenazante siempre y desprovisto de capacidad negociadora”.
El hecho es que el perjuicio es manifiesto, sobre todo para aquellas ligas que marcan una determinada apuesta en torneos como estos, donde la propia OFI se fue encargando sistemáticamente de tirotear.
El caso de Salto es concreto: en EL MEJOR MOMENTO DEPORTIVO de mayores y juveniles, la parálisis del campeonato. Pero además, los costos que generan los mantenimientos.
En tanto, cuantos más días sin fútbol, disminuyendo la resonancia en los aficionados. ¿Cómo reencauzar el interés más o menos popular, en medio de una medida justamente antipopular emergente de una gremial que solo reconoce sus narices propias?
Se argumentará que está en su derecho: ¿pero que alcance tiene su derecho? ¿Y ningún derecho les asiste a las ligas, a los jugadores, a los técnicos, a la gente?
La verdad es una: a la asociación de árbitros se le disparó por las nubes el berretín del protagonismo. Y goza de lo que no debiera gozar: el exceso de impunidad. El fútbol maltratado, desde una pésima lección sectaria. Absurdamente así.
-ELEAZAR JOSÉ SILVA-

La agresión a un árbitro asistente en un partido disputado en el Chuy, y en el marco de la Copa Nacional Sub 18 y mayores, determinó la drástica toma de posición de la gremial de los jueces a nivel de OFI: no controlar partidos hasta el 9 de marzo. Por lo tanto, el retorno del fútbol pactado para el fin de semana comprendido entre el 14 y 15 de marzo.

El pasado martes, la condenada chance, cuando el encuentro entre OFI y la gremial, no hizo menos que ratificar la resolución de esta. Por lo tanto, ya sin margen para negociación o acuerdo de partes. Ninguna marcha atrás de los jueces. Una opción finalmente acallada. Desde OFI se había manejado respecto a la flexibilidad de la gremial. La realidad, es una topadora. Barrió con todo. Y el fútbol se quedó de manos vacías.

¿CUÁL ES EL SENTIDO?

Los jueces se afincaron en una medida sin antecedentes. Nunca antes una toma de posición de este calibre. Cabe preguntarse: ¿cuál es la razón de la medida? ¿Qué se pretende? ¿Para la creación de conciencia de qué o de quiénes?

A la distancia o a través de los medios de comunicación, los argumentos del presidente de la gremial, Walter Brajús, con un tono para algunos “amenazante siempre y desprovisto de capacidad negociadora”.

El hecho es que el perjuicio es manifiesto, sobre todo para aquellas ligas que marcan una determinada apuesta en torneos como estos, donde la propia OFI se fue encargando sistemáticamente de tirotear.

El caso de Salto es concreto: en EL MEJOR MOMENTO DEPORTIVO de mayores y juveniles, la parálisis del campeonato. Pero además, los costos que generan los mantenimientos.

En tanto, cuantos más días sin fútbol, disminuyendo la resonancia en los aficionados. ¿Cómo reencauzar el interés más o menos popular, en medio de una medida justamente antipopular emergente de una gremial que solo reconoce sus narices propias?

Se argumentará que está en su derecho: ¿pero que alcance tiene su derecho? ¿Y ningún derecho les asiste a las ligas, a los jugadores, a los técnicos, a la gente?

La verdad es una: a la asociación de árbitros se le disparó por las nubes el berretín del protagonismo. Y goza de lo que no debiera gozar: el exceso de impunidad. El fútbol maltratado, desde una pésima lección sectaria. Absurdamente así.

-ELEAZAR JOSÉ SILVA-