Detrás del congelamiento de precios

Las subas de los precios que veníamos experimentando en las últimas semanas tenía una explicación. Y era que el gobierno reconocería tarde o temprano que estamos padeciendo una  inflación importante y que por lo tanto, para querer salvar la petisa frente al gran público al que se deben someter a votación en los próximos meses, iban a lanzar una serie de medidas, como los artífices de las soluciones al corto plazo para este tipo de casos.
Así es, dejaron que subieran los precios todo lo que quisieran hasta que cuando la gente comenzó a quejarse más de la cuenta y el corrillo ganó las calles, salieron y dijeron, vamos  a arreglar con los supermercados. Estos, ni lerdos ni perezosos, que ya habían ganado bastante desde diciembre hasta los primeros días de marzo, cuando comenzaron las clases, que incluso pasaron todo el verano metiéndole remarque tras remarque, un poco para arriba y otro poquito y nada para abajo, total, la excusa era la incesante fluctuación del dólar, se juntaron con las nuevas autoridades del Ministerio de Economía (léase Mario Bergara, tras la salida de Fernando Lorenzo) y sellaron un pacto por 60 días.
Aunque nunca vamos a saber la verdad de la milanesa y todo lo que ese pacto contiene, porque seguro que debe haber muchos acuerdos de excenciones tributarios y amnistías varias que nunca se van a decir, ya que los supermercados para poder crecer en esta época, cuando estamos sufriendo un atisbo de contracción del consumo -por los coletazos de la crisis dicen unos y por el endeudamiento interno dicen otros- debieron acordar mucho más que un simple congelamiento a cambio de nada.
Estamos en año electoral y todo se cobra doble. Sobre todo con un gobierno que impulsó el consumo desmedido, pese a ser de izquierda y con todos el dogma contrario a este tipo de prácticas que tienen encima, pero que por otro lado llegó la tarde a querer imponer una conducta fiscal en la gente, cuando todos ya se gastaban más del sueldo desde hace rato.
Entonces en un país donde lo más caro es la comida, desde hace rato que vienen aumentando los precios, desde hace tiempo que los remarques de precios nos vienen asombrando cada vez que vamos de compras y vemos como subieron los precios de los alimentos, de la carne, de la yerba, de los productos de limpieza y de aseo personal, y los de todo lo que la gente se imagine. Desde hace tiempo que los controles no existieron y las cosas se iban por las nubes sin que nadie dijera nada en nombre de la libertad de mercado.
Concepto que en nuestro país está muy bien arraigado, tanto que el gobierno por más que se venda austero, permite cualquier desfachatez en los precios, dejando que todo se encarezca y atribuyendo esto al poco mercado interno que tenemos en el país por ser apenas 3 millones de consumidores, contra 40 como tiene Argentina o 200 como tiene Brasil.
Pero no obstante, la gente se ha endeudado tanto que ya está al borde del colapso, las listas de los deudores en el Clearing están al rojo vivo y las empresas financieras juegan su partido, porque regalan dinero sin garantía alguna y luego las cobran con cláusulas leoninas que van a dejar a mucha gente en la calle y a aumentar el drama social en cualquier momento, si no se empiezan a poner límites, e imponer tasas de interés más bajas, leyes que beneficien a pequeñas propiedades y retenciones salariales más ajustadas que no permitan tanto margen de acción a las personas, que se encuentran sumidas en el mundo del consumismo y que gastan más de lo que tienen.
Es que el gobierno del Frente Amplio ha aplicado medidas más capitalistas y neoliberales que otros gobiernos. Porque si bien ha implementado políticas sociales importantes para el presupuesto nacional y han delineado un mundo de relaciones laborales que tienden a beneficiar al trabajador, buscando el incremento del salario por sobre todas las cosas, todo tiene un fin en sí mismo, que es el de dotar de más dinero a quienes más lo necesitan, para que lo gasten más rápido y así movilicen la economía interna.
Con esa receta es que han crecido los grandes comercios, se han multiplicado los chicos y ha prosperado muchísimo el comercio informal, que se nutre de las personas que cuentan con un monto de dinero que es muy inferior a la canasta básica, pero con el cual deben arreglárselas para llegar a fin de mes.
En ese aspecto, es que se han diseñado políticas similares al keynesianismo (doctrina de Keynes a la salida de depresión de 1929 en Estados Unidos, dotar de dinero a las masas para hacer que la economía funcione), una receta de la academia que fue exportada por Astori y su equipo, y de la cual incluso el Frente Amplio se jacta con orgullo, después de haber criticado hasta el cansancio el consumismo que estaba deteriorando los valores de la sociedad. Ese tipo de ambigüedades con las que hemos estado conviviendo durante los últimos años nos han enseñado muchas cosas, como por ejemplo darnos cuenta de los dobles discursos y de que sí, son igualitos, o al menos querían serlo, a los que tanto criticaban.
Todo esto está relacionado con el aumento de los precios en los supermercados para los productos al consumo, porque es parte de lo mismo, de la política económica que ha dejado que los comerciantes y proveedores hicieran lo que quisieran durante mucho tiempo. Entonces no importa que ahora se adopten medidas tendientes a congelar precios, porque no son medidas de fondo, son un parche a algo que el gobierno ya se le fue de las manos, y como saben que se les fue hace rato, tratan de calmar un poco y prometen el oro y el moro, porque es año electoral, porque no se puede dar la señal equivocada y porque la gente está desconfiando cada vez más de las recetas que se basan en el autosustento de la población, a través de la carga impositiva que implica un mazazo para la clase media.
Por eso creo que, las medidas que implementarán los supermercados desde mañana, son un cuento chino. Ya hicieron lo que quisieron con los precios durante todo este tiempo y se aseguraron de que si aparecía el gobierno, queriendo ponerles coto a su fiesta, ellos ya habían tomado las precauciones. Ahora congelarán algunos precios, pero donde no aguanten la presión inflacionaria, por la volatilidad del dólar que es un tema que el gobierno no controla, chau acuerdo y que el gobierno se las arregle. Y los consumidores que tenemos que comer igual, bien, gracias.

Las subas de los precios que veníamos experimentando en las últimas semanas tenía una explicación. Y era que el gobierno reconocería tarde o temprano que estamos padeciendo una  inflación importante y que por lo tanto, para querer salvar la petisa frente al gran público al que se deben someter a votación en los próximos meses, iban a lanzar una serie de medidas, como los artífices de las soluciones al corto plazo para este tipo de casos.

Así es, dejaron que subieran los precios todo lo que quisieran hasta que cuando la gente comenzó a quejarse más de la cuenta y elinflacion corrillo ganó las calles, salieron y dijeron, vamos  a arreglar con los supermercados. Estos, ni lerdos ni perezosos, que ya habían ganado bastante desde diciembre hasta los primeros días de marzo, cuando comenzaron las clases, que incluso pasaron todo el verano metiéndole remarque tras remarque, un poco para arriba y otro poquito y nada para abajo, total, la excusa era la incesante fluctuación del dólar, se juntaron con las nuevas autoridades del Ministerio de Economía (léase Mario Bergara, tras la salida de Fernando Lorenzo) y sellaron un pacto por 60 días.

Aunque nunca vamos a saber la verdad de la milanesa y todo lo que ese pacto contiene, porque seguro que debe haber muchos acuerdos de excenciones tributarios y amnistías varias que nunca se van a decir, ya que los supermercados para poder crecer en esta época, cuando estamos sufriendo un atisbo de contracción del consumo -por los coletazos de la crisis dicen unos y por el endeudamiento interno dicen otros- debieron acordar mucho más que un simple congelamiento a cambio de nada.

Estamos en año electoral y todo se cobra doble. Sobre todo con un gobierno que impulsó el consumo desmedido, pese a ser de izquierda y con todos el dogma contrario a este tipo de prácticas que tienen encima, pero que por otro lado llegó la tarde a querer imponer una conducta fiscal en la gente, cuando todos ya se gastaban más del sueldo desde hace rato.

Entonces en un país donde lo más caro es la comida, desde hace rato que vienen aumentando los precios, desde hace tiempo que los remarques de precios nos vienen asombrando cada vez que vamos de compras y vemos como subieron los precios de los alimentos, de la carne, de la yerba, de los productos de limpieza y de aseo personal, y los de todo lo que la gente se imagine. Desde hace tiempo que los controles no existieron y las cosas se iban por las nubes sin que nadie dijera nada en nombre de la libertad de mercado.

Concepto que en nuestro país está muy bien arraigado, tanto que el gobierno por más que se venda austero, permite cualquier desfachatez en los precios, dejando que todo se encarezca y atribuyendo esto al poco mercado interno que tenemos en el país por ser apenas 3 millones de consumidores, contra 40 como tiene Argentina o 200 como tiene Brasil.

Pero no obstante, la gente se ha endeudado tanto que ya está al borde del colapso, las listas de los deudores en el Clearing están al rojo vivo y las empresas financieras juegan su partido, porque regalan dinero sin garantía alguna y luego las cobran con cláusulas leoninas que van a dejar a mucha gente en la calle y a aumentar el drama social en cualquier momento, si no se empiezan a poner límites, e imponer tasas de interés más bajas, leyes que beneficien a pequeñas propiedades y retenciones salariales más ajustadas que no permitan tanto margen de acción a las personas, que se encuentran sumidas en el mundo del consumismo y que gastan más de lo que tienen.

Es que el gobierno del Frente Amplio ha aplicado medidas más capitalistas y neoliberales que otros gobiernos. Porque si bien ha implementado políticas sociales importantes para el presupuesto nacional y han delineado un mundo de relaciones laborales que tienden a beneficiar al trabajador, buscando el incremento del salario por sobre todas las cosas, todo tiene un fin en sí mismo, que es el de dotar de más dinero a quienes más lo necesitan, para que lo gasten más rápido y así movilicen la economía interna.

Con esa receta es que han crecido los grandes comercios, se han multiplicado los chicos y ha prosperado muchísimo el comercio informal, que se nutre de las personas que cuentan con un monto de dinero que es muy inferior a la canasta básica, pero con el cual deben arreglárselas para llegar a fin de mes.

En ese aspecto, es que se han diseñado políticas similares al keynesianismo (doctrina de Keynes a la salida de depresión de 1929 en Estados Unidos, dotar de dinero a las masas para hacer que la economía funcione), una receta de la academia que fue exportada por Astori y su equipo, y de la cual incluso el Frente Amplio se jacta con orgullo, después de haber criticado hasta el cansancio el consumismo que estaba deteriorando los valores de la sociedad. Ese tipo de ambigüedades con las que hemos estado conviviendo durante los últimos años nos han enseñado muchas cosas, como por ejemplo darnos cuenta de los dobles discursos y de que sí, son igualitos, o al menos querían serlo, a los que tanto criticaban.

Todo esto está relacionado con el aumento de los precios en los supermercados para los productos al consumo, porque es parte de lo mismo, de la política económica que ha dejado que los comerciantes y proveedores hicieran lo que quisieran durante mucho tiempo. Entonces no importa que ahora se adopten medidas tendientes a congelar precios, porque no son medidas de fondo, son un parche a algo que el gobierno ya se le fue de las manos, y como saben que se les fue hace rato, tratan de calmar un poco y prometen el oro y el moro, porque es año electoral, porque no se puede dar la señal equivocada y porque la gente está desconfiando cada vez más de las recetas que se basan en el autosustento de la población, a través de la carga impositiva que implica un mazazo para la clase media.

Por eso creo que, las medidas que implementarán los supermercados desde mañana, son un cuento chino. Ya hicieron lo que quisieron con los precios durante todo este tiempo y se aseguraron de que si aparecía el gobierno, queriendo ponerles coto a su fiesta, ellos ya habían tomado las precauciones. Ahora congelarán algunos precios, pero donde no aguanten la presión inflacionaria, por la volatilidad del dólar que es un tema que el gobierno no controla, chau acuerdo y que el gobierno se las arregle. Y los consumidores que tenemos que comer igual, bien, gracias.







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