Día de los Inocentes

El 28 de diciembre se recuerda tradicionalmente como el Día de los Inocentes, o de los Santos Inocentes. Es habitual que dándole un carácter jocoso a la fecha, ese día las personas se hagan bromas, como diversión se mientan o engañen unas a otras, para luego, generalmente mediante un “que la inocencia te valga”, burlarse de la ingenuidad (de la “inocencia”) de aquel que “caiga” en el engaño. Pero el origen de la fecha está muy lejos de lo risueño. Se trata de un hecho trágico: la matanza de muchísimos niños. Cuenta la historia que ante la noticia de que había nacido un niño que el tiempo consagraría como un “grande” (Jesús), Herodes “El Grande”, Rey de Judea, ante el temor de ver opacada su grandeza y no sabiendo con precisión cuál era el niño en cuestión, ordenó la matanza de todos aquellos niños que hubiesen nacido en los últimos tres años. Pero Jesús se salvó, sus padres lograron salvarlo. El resto de los niños, asesinados por orden de Herodes un 28 de diciembre, son a quienes se recuerda como los Santos inocentes.

La reconstrucción novelística de José Saramago

El novelista portugués José Saramago, Premio Nobel de Literatura en 1998 y fallecido a mediados de este 2010, publicó en el año 1991 una de sus más polémicas novelas: “El evangelio según Jesucristo”. Allí recrea, con una buena carga de ficción (evidentemente se trata de una obra literaria y no de un libro de Historia) gran parte de la vida de Jesús, apuntando básicamente a presentarlo en su parte más humana (fruto de una relación sexual entre María y José, protagonista de una relación amorosa y sexual con María Magdalena, etc.), aunque existen en la novela elementos sobrenaturales.

Respecto a “la matanza de los inocentes”, la novela de Saramago deja entrever la culpa de José, y también del propio Jesús, por la tragedia. De alguna manera se deja ver cierta acusación a José y María por el hecho de que, ante la desesperación por salvar a su hijo, no comunicaron a los demás padres de niños pequeños sobre la inminente matanza, de la que tuvieron conocimiento previo.

A continuación transcribimos un breve fragmento de “El evangelio según Jesucristo”, en el que Jesús dialoga con su madre y se hace evidente la acusación (es propio del estilo de Saramago que en los diálogos no aparezcan los tradicionales guiones, sino que cada intervención comienza con mayúscula y se separa de otra simplemente por una coma):

“Herodes mandó matar a los niños de Belén que tuvieran menos de tres años, Por qué, No lo sé, Mi padre lo sabía, No, Pero a mí no me mataron, Vivíamos en una cueva fuera de la aldea, Quieres decir que los soldados no me mataron porque no llegaron a verme, Sí, Mi padre era soldado, Nunca fue soldado, Qué hacía entonces, Trabajaba en las obras del Templo” (…) “Las manos de Jesús se alzaron de repente hasta el rostro como si quisieran desgarrarlo, su voz se soltó en un grito irremediable, Mi padre mató a los niños de Belén, Qué locura estás diciendo, los mataron los soldados de Herodes, No, los mató mi padre, los mató José, hijo de Heli, que sabiendo que los niños iban a ser muertos no avisó a los padres, y cuando estas palabras fueron dichas, quedó también perdida toda esperanza de consuelo. Jesús se tiró al suelo, llorando, Los inocentes, los inocentes, decía…”

Vale señalar que “El evangelio según Jesucristo” fue censurada en no pocos países por considerarse “hiriente” de la sensibilidad católica.

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José Saramago, el poeta y escritor fallecido este año.







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