Dos buenas del fin de semana

Una de las cosas más importantes que me dejó el fin de semana fue reafirmar mi convicción de que las cosas no son tan así como las dicen. Y me llevo dos ejemplos claros y bien distintos. Uno de ellos fue el desarrollo en nuestro país de la Teletón, evento que procura recaudar fondos para el funcionamiento de dos centros de atención a niños y jóvenes que por distintos motivos presentan capacidades diferentes.nicolas
Cuando hace muchos años vi por primera vez aquella parafernalia televisiva que pretendía recaudar dinero para este lugar, lo miré con suspicacia. Confieso que soy de los que sospecha mucho cuando ve algo que aparenta ser muy lindo, cuando ve gente demasiado buena y desinteresada, que solamente tiene la intención de hacer las cosas correctamente por el bien común. Pero con el paso del tiempo, muchos testimonios de gente que empezó como yo, mirando la televisión a ver de qué se trataba, por cosas de la vida tuvo que terminar siendo protagonista de alguna historia y dan fe, que la ayuda que reciben, es real.
Ese tipo de cosas han sido suficientes, por personas que conozco de primera mano, para aceptar que la ayuda que ofrecen los centros Teletón son reales y que cuando aceptan a una persona, la misma recibe un tratamiento integral, que los ayuda no solamente a recuperarse físicamente, sino que además les genera un reconocimiento con su propia familia, les brinda una contención importante que consolida un proceso de inclusión humana, más allá de las dificultades que tengan en la vida real para poder ser parte del resto, por sus propias diferencias.
Incluso, estos centros, que deberán tener su punto débil como todas las cosas, brindan un servicio que el Estado no le puede dar a sus ciudadanos con capacidades diferentes. Les ofrece tratamientos con equipamiento de alta tecnología, cosa que no ocurre con ningún servicio que sea parte del Estado, donde los uruguayos de a pie si bien pagan muchos impuestos no tienen un servicio de esta magnitud.
Entonces las expresiones del presidente de la Cámara de Diputados, Alejandro Sánchez, quien por ser una figura pública, una persona que tiene ascendencia política sobre miles de personas de su sector, que inviste una representación parlamentaria destacada hasta el próximo 15 de febrero, al decir que no donaba dinero para estos centros porque desconocía la transparencia en el uso de los mismos, fue algo que no me cayó bien.
Pero no por el simplismo de tragarme lo que me da la televisión y por estar consustanciado con lo que allí vi, fue que me molestó lo que expresó este diputado. Sino que me molestó la manera que tuvo para decirlo. Porque un representante nacional mal puede referirse de esa manera a un evento de estas características, cuando en el mismo momento que él pensó en ningunear a esa institución, había miles de personas que estaban en las calles trabajando para poder consolidar el proceso de desarrollo de este centro de rehabilitación de personas con capacidades diferentes.
Gente que son familiares de cada uno de los chicos que allí asisten y que son testimonios vivos de que ese lugar realmente les presta un servicio, que puede tener sus falencias porque nada es perfecto, pero que les da algo muy importante, en definitiva, algo que el Estado al que él representa no les da y eso es bastante motivo como para en vez de decir esa pavada, tendría que haberse callado la boca.
Porque además, en los tiempos que corren, un diputado del partido que sea y del sector político que sea, no puede pecar de esa manera diciendo que desconoce los procesos de desarrollo de una institución que vive de lo que el pueblo le dona. Porque a esta altura del partido, cualquier ciudadano, y mucho más un legislador nacional de su envergadura, puede hacer los pedidos de informe correspondiente a esa institución que si bien no es pública, no le podría negar información si lo que quiere alguien es saber si los dineros que reciben son volcados efectivamente en lo que ellos quieren que así sea.
Por eso, me quedó con mal sabor de boca que el diputado Sánchez, que forma opinión con sus dichos, haya instado a sus seguidores a no colaborar con una buena obra porque él ha omitido su deber de informarse adecuadamente sobre las políticas de esta institución.
El otro caso que me dejó buena impresión fue lo ocurrido en Venezuela. Con esto no quiero decir que he cambiado mi parecer sobre el presidente de ese país, Nicolás Maduro. Sino que ciertamente, quizás haya sido la presión internacional o que le quedaba muy grande pisotear el legado de Hugo Chávez, que Maduro respetó el adverso resultado electoral que le tocó vivir a su gobierno, por primera vez en 17 años.
Lo que ha pasado ayer en ese país, que está bajo la lupa en nuestro continente por las prácticas ilegales que ha ejercido sobre políticos opositores y medios de comunicación, dieron una muestra de civismo y de plena convicción democrática, que alienta esperanzas sobre un porvenir mejor para ese país caribeño que es referente de la izquierda uruguaya.
Me congratulo de que las democracias latinoamericanas siguen siendo respetuosas de los procesos democráticos, tolerantes y responsables con el legado que nos dieron los padres de la patria y por el que tanto han luchado los pueblos de nuestros países. No había tal golpe de Estado, ni tampoco un estallido social en ciernes, como alentó la oposición política uruguaya en su momento.
Ver a la gente votando en las calles y luego esta madrugada, a las autoridades del colegio electoral anunciando que perdieron las elecciones con total normalidad y felicitando a los ganadores, fue algo que nos enorgulleció y nos hace renovar el compromiso de lucha y apoyo por la profundización de la democracia en nuestros pueblos.
Que la Venezuela de Simón Bolívar sea la que gobierne, apelando a la democracia y parando los avasallamientos que hasta ahora había sufrido esa sociedad. Desde Uruguay sin dudas que queremos que esa sea la senda y en ese marco nos comprometemos a luchar para defender la institucionalidad de nuestros pueblos.

HUGO LEMOS