El anhelado IMAE que nunca llega

«Aquí hay tres grupos médicos, hasta que los mismos no se pongan de acuerdo, no va a haber un IMAE en Salto”, esas fueron las palabras del entonces ministro de Salud, Jorge Venegas, a quien esto escribe, hace varios meses, cuando después de brindar una conferencia en la sede de la Dirección Departamental de Salud, en calle Uruguay al 300, fuimos caminando con él hasta los fondos de ese lugar, para registrar la entrega de una camioneta Land Rover al Dr. Ramón Soto para las tareas de salud en el área rural.
Al día siguiente, Venegas todavía estaba en Salto y cuando fue a la Regional Norte a una actividad académica, un colega le preguntó por lo que había sido publicado ese día en EL PUEBLO que no era otra cosa que la revelación que le había hecho a este periodista, pero el entonces secretario de Estado negó tajantemente haber dicho eso y trató de evitar un problema mayor, que es herir la sensibilidad del cuerpo médico, que ya de por sí es sensible y vulnerable a todo lo que se diga de ellos.
Pero pasó el tiempo y se confirmó lo que el exjerarca había afirmado extraoficialmente, porque esta vez fue el turno de su sucesora, Susana Muñiz, quien dijo a este mismo periodista, saber de la existencia de varios grupos corporativos que imponían un escollo importante para que el anhelado IMAE que muchos salteños vienen exigiendo tener para evitar más muertes por problemas cardiovasculares, se concrete.
Ahora estamos en plena campaña electoral y todos los candidatos, más acá o más allá, dicen que resolverán el tema, porque saben cómo hacer para que el mismo salga. Uno de ellos fue más lejos, el candidato a vicepresidente del Partido Colorado, Germán Coutinho, dijo que si ganaba las elecciones, el 1º de marzo firmaban la construcción del centro de medicina de alta especialización para que Salto pueda ofrecerle el servicio a los suyos y a toda la región.
Entre tanto, el FA acusa recién ahora formalmente al corporativismo médico por el asunto y los blancos sostienen que el problema puede resolverse.
Aunque mientras esto ocurre, mientras siguen echándose la culpa unos a otros, mientras continúan las promesas, mientras todos hablan pero nadie concreta nada, la gente sigue teniendo infartos y lamentablemente muchos se siguen muriendo por falta de una asistencia adecuada. Sigue habiendo gente con un montón de problemas de salud cuyo mayor inconveniente es vivir a 500 kilómetros de un centro de atención adecuado, con medicina de alta especialización para poder salvar su vida.
Por lo tanto, poco hemos evolucionado en los últimos tiempos sobre el punto y más allá de que las fuerzas vivas del departamento comenzaron con una movida que ya lleva tantos años, como ministros de Salud en su haber, el hecho es que nada se ha concretado hasta el momento y desde el gobierno se anuncia que hay una comisión a estudio del tema, la que decidirá si los salteños y los uruguayos de esta zona del litoral, tendremos la posibilidad de contar con un IMAE o si cada vez que nos de un infarto debemos viajar a Montevideo para ser atendidos.
Esta situación, que en realidad es el problema de fondo, no es atacado por las autoridades, que en vez de mirar los números que muestran cómo la cantidad de pacientes con infarto de miocardio, sobre todo por problemas de estrés, sobrepeso y sedentarismo, un denominador común que está afectando mucho a nuestra sociedad hoy, sigue incambiada porque los que mandan, los que deciden, los que cortan el bacalao, que no son los candidatos políticos claro está, de lo contrario ya lo habrían solucionado porque saben que cualquiera de ellos puede necesitarlo el día de mañana, no mueven un dedo si no garantizan los réditos económicos suficientes como para jugársela con semejante inversión en un punto lejano del país como es Salto.
Si bien este departamento es importante por sus dimensiones, su trayectoria y todas las cosas que ha logrado para su gente en todos estos años, apenas concentra el 3 por ciento de la población del país y conjuntando esfuerzos con al menos dos o tres departamentos más, llegan al 10 por ciento de la población total, es decir el 10 por ciento de usuarios del total del sistema de salud, es decir, el 10 por ciento de las ganancias que el sistema genera para sus dueños, donde incluso está el Estado, que en cierta medida somos todos, pero también son unos pocos.
Este tipo de cuestiones son de peso ético, moral y de humanidad, porque si el corporativismo médico no baja los decibeles de sus pretensiones dinerarias, por más que venga un gobierno, cualquiera sea, que ordene la construcción de un IMAE en Salto, si el mismo se hace contra la voluntad de los operadores del sistema, no va a funcionar bien, porque los intereses siguen en curso y encima se verán sometidos a la voluntad política.
En ese sentido, debe haber un proceso de diálogo con la finalidad de alcanzar acuerdos que generen situaciones prósperas, tendientes a la posibilidad de concretar al menos una esperanza más tangible sobre este tema. Porque por un lado están las fuerzas vivas de la sociedad que persiguen el fin de lograr de una vez por todas el IMAE para Salto, por otro lado están los actores políticos que prometen en la medida de sus posibilidades generar las condiciones para la concreción de esa obra y  después vienen ellos, el poder económico, que es el que mide réditos y no corazones, que mide dividendos y posibilidades de recuperar la inversión, pero sobre todo, es el que mide la posibilidad de ser quienes manejen el asunto, no sea cosa que después de que hayan cedido poder, encima los dejen afuera.
Sin embargo, esas cosas que reitero, son de peso moral y no político, para los que tienen el sartén por el mango, deben generarse a través del diálogo y del convencimiento de que dejando un poco de lado sus intereses en este caso puntual, estarán haciendo una obra de bien, estarán ayudando a que una comunidad tenga un lugar mejor para atenderse y estarán cuidando a cualquiera de los suyos, por más que esto les importe poco y nada.
Entonces, como estamos en época de elecciones, escribo esto porque considero que es el momento oportuno para que todos nos levantemos enojados con lo que ha pasado hasta ahora, o sea, nada, y reclamemos lo que entendemos es nuestro legítimo derecho, que es contar con un mejor acceso a los servicios de salud.
En ese aspecto, creo, convencido, que esto es una lucha del poder político contra el poder económico, pero que no podemos ser condescendientes desde el Ministerio de Salud con quienes manejan los hilos del corporativismo médico, y antes, mucho antes, de ponernos a hacer comisiones que estudien el asunto, tenemos que ponernos a destrabar la situación y darle una mejor calidad de asistencia a nuestra gente. Ojalá el pueblo tenga memoria y reclame ahora, porque después, tendremos que aguantar que por cinco años más, nos digan lo que quieran, total, ya habrán ganado.

«Aquí hay tres grupos médicos, hasta que los mismos no se pongan de acuerdo, no va a haber un IMAE en Salto”, esas fueron las palabras del entonces ministro de Salud, Jorge Venegas, a quien esto escribe, hace varios meses, cuando después de brindar una conferencia en la sede de la Dirección Departamental de Salud, en calle Uruguay al 300, fuimos caminando con él hasta los fondos de ese lugar, para registrar la entrega de una camioneta Land Rover al Dr. Ramón Soto para las tareas de salud en el área rural.

Al día siguiente, Venegas todavía estaba en Salto y cuando fue a la Regional Norte a una actividad académica, un colega le preguntósalud por lo que había sido publicado ese día en EL PUEBLO que no era otra cosa que la revelación que le había hecho a este periodista, pero el entonces secretario de Estado negó tajantemente haber dicho eso y trató de evitar un problema mayor, que es herir la sensibilidad del cuerpo médico, que ya de por sí es sensible y vulnerable a todo lo que se diga de ellos.

Pero pasó el tiempo y se confirmó lo que el exjerarca había afirmado extraoficialmente, porque esta vez fue el turno de su sucesora, Susana Muñiz, quien dijo a este mismo periodista, saber de la existencia de varios grupos corporativos que imponían un escollo importante para que el anhelado IMAE que muchos salteños vienen exigiendo tener para evitar más muertes por problemas cardiovasculares, se concrete.

Ahora estamos en plena campaña electoral y todos los candidatos, más acá o más allá, dicen que resolverán el tema, porque saben cómo hacer para que el mismo salga. Uno de ellos fue más lejos, el candidato a vicepresidente del Partido Colorado, Germán Coutinho, dijo que si ganaba las elecciones, el 1º de marzo firmaban la construcción del centro de medicina de alta especialización para que Salto pueda ofrecerle el servicio a los suyos y a toda la región.

Entre tanto, el FA acusa recién ahora formalmente al corporativismo médico por el asunto y los blancos sostienen que el problema puede resolverse.

Aunque mientras esto ocurre, mientras siguen echándose la culpa unos a otros, mientras continúan las promesas, mientras todos hablan pero nadie concreta nada, la gente sigue teniendo infartos y lamentablemente muchos se siguen muriendo por falta de una asistencia adecuada. Sigue habiendo gente con un montón de problemas de salud cuyo mayor inconveniente es vivir a 500 kilómetros de un centro de atención adecuado, con medicina de alta especialización para poder salvar su vida.

Por lo tanto, poco hemos evolucionado en los últimos tiempos sobre el punto y más allá de que las fuerzas vivas del departamento comenzaron con una movida que ya lleva tantos años, como ministros de Salud en su haber, el hecho es que nada se ha concretado hasta el momento y desde el gobierno se anuncia que hay una comisión a estudio del tema, la que decidirá si los salteños y los uruguayos de esta zona del litoral, tendremos la posibilidad de contar con un IMAE o si cada vez que nos de un infarto debemos viajar a Montevideo para ser atendidos.

Esta situación, que en realidad es el problema de fondo, no es atacado por las autoridades, que en vez de mirar los números que muestran cómo la cantidad de pacientes con infarto de miocardio, sobre todo por problemas de estrés, sobrepeso y sedentarismo, un denominador común que está afectando mucho a nuestra sociedad hoy, sigue incambiada porque los que mandan, los que deciden, los que cortan el bacalao, que no son los candidatos políticos claro está, de lo contrario ya lo habrían solucionado porque saben que cualquiera de ellos puede necesitarlo el día de mañana, no mueven un dedo si no garantizan los réditos económicos suficientes como para jugársela con semejante inversión en un punto lejano del país como es Salto.

Si bien este departamento es importante por sus dimensiones, su trayectoria y todas las cosas que ha logrado para su gente en todos estos años, apenas concentra el 3 por ciento de la población del país y conjuntando esfuerzos con al menos dos o tres departamentos más, llegan al 10 por ciento de la población total, es decir el 10 por ciento de usuarios del total del sistema de salud, es decir, el 10 por ciento de las ganancias que el sistema genera para sus dueños, donde incluso está el Estado, que en cierta medida somos todos, pero también son unos pocos.

Este tipo de cuestiones son de peso ético, moral y de humanidad, porque si el corporativismo médico no baja los decibeles de sus pretensiones dinerarias, por más que venga un gobierno, cualquiera sea, que ordene la construcción de un IMAE en Salto, si el mismo se hace contra la voluntad de los operadores del sistema, no va a funcionar bien, porque los intereses siguen en curso y encima se verán sometidos a la voluntad política.

En ese sentido, debe haber un proceso de diálogo con la finalidad de alcanzar acuerdos que generen situaciones prósperas, tendientes a la posibilidad de concretar al menos una esperanza más tangible sobre este tema. Porque por un lado están las fuerzas vivas de la sociedad que persiguen el fin de lograr de una vez por todas el IMAE para Salto, por otro lado están los actores políticos que prometen en la medida de sus posibilidades generar las condiciones para la concreción de esa obra y  después vienen ellos, el poder económico, que es el que mide réditos y no corazones, que mide dividendos y posibilidades de recuperar la inversión, pero sobre todo, es el que mide la posibilidad de ser quienes manejen el asunto, no sea cosa que después de que hayan cedido poder, encima los dejen afuera.

Sin embargo, esas cosas que reitero, son de peso moral y no político, para los que tienen el sartén por el mango, deben generarse a través del diálogo y del convencimiento de que dejando un poco de lado sus intereses en este caso puntual, estarán haciendo una obra de bien, estarán ayudando a que una comunidad tenga un lugar mejor para atenderse y estarán cuidando a cualquiera de los suyos, por más que esto les importe poco y nada.

Entonces, como estamos en época de elecciones, escribo esto porque considero que es el momento oportuno para que todos nos levantemos enojados con lo que ha pasado hasta ahora, o sea, nada, y reclamemos lo que entendemos es nuestro legítimo derecho, que es contar con un mejor acceso a los servicios de salud.

En ese aspecto, creo, convencido, que esto es una lucha del poder político contra el poder económico, pero que no podemos ser condescendientes desde el Ministerio de Salud con quienes manejan los hilos del corporativismo médico, y antes, mucho antes, de ponernos a hacer comisiones que estudien el asunto, tenemos que ponernos a destrabar la situación y darle una mejor calidad de asistencia a nuestra gente. Ojalá el pueblo tenga memoria y reclame ahora, porque después, tendremos que aguantar que por cinco años más, nos digan lo que quieran, total, ya habrán ganado.