El ataque a un santuario judío amenaza con desbocar el conflicto

Un palestino disfrazado de periodista acuchilla a un soldado antes de ser abatido a tiros.
La tensión entre israelíes y palestinos alcanzó ayer altas cotas de riesgo con un atentado incendiario contra la tumba de José, un santuario judío situado en Nablús (norte de Cisjordania) bajo control de la Autoridad Palestina. En plena escalada de la violencia, un centenar de jóvenes atacó con cócteles molotov el recinto donde según la tradición hebrea reposan los restos del patriarca bíblico. El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, condenó el ataque en una sesión urgente del Consejo de Seguridad sobre el conflicto en Oriente Próximo.
Las fuerzas de seguridad palestinas tuvieron que disparar al aire para expulsar de la tumba de José a los atacantes, antes de que los bomberos de Nablús apagaran las llamas, que afectaron sobre todo a la zona reservada para la oración de las mujeres. El presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, condenó el ataque contra el santuario judío. “Ofende a nuestra cultura, nuestra moral y nuestra religión”, dijo Abbas, quien ordenó la apertura de una investigación y la reparación de los daños.
El atentado incendiario se produjo al inicio de un nuevo Día de la Ira en plena ola de violencia, que ha causado ya 37 muertos palestinos, entre los que se incluyen más de una docena de atacantes, y siete israelíes durante el mes de octubre. Los heridos se cuentan por centenares y por decenas, respectivamente. Un portavoz de las Fuerzas Armadas israelíes consideró “muy grave” el ataque de Nablús por “profanar un lugar sagrado y de peregrinación”. El ministro de Agricultura, Uri Ariel, miembro del partido ultranacionalista Hogar Judío, responsabilizó a los dirigentes de Ramala de haber instigado el ataque. “Los palestinos mienten sobre la situación en el Monte del Templo [nombre dado por los judíos a la Explanada de las Mezquitas] mientras queman lugares santos de Israel. No lo olvidaremos”, advirtió Ariel, cuyo partido representa a los colonos en Jerusalén Este y Cisjordania.
La tumba de José, situada en el monte Gerizim de Nablús, dejó de ser un enclave judío en Cisjordania desde la segunda Intifada (2000-2005), cuando Israel retiró sus fuerzas del santuario ante la dificultad de defenderlo. Desde entonces se han producido varios incidentes graves, como la muerte de cuatro israelíes tiroteados por la Policía palestina cuando acudieron a rezar al recinto en 2011 fuera de las fechas pactadas por el Ejército israelí.
El atentado contra el santuario del patriarca bíblico echa más leña al fuego en la peor escalada de ataques conocida en una década en Tierra Santa, donde los símbolos sagrados son reverenciados por las tres religiones del libro. Las violaciones del statu quo de los lugares de culto a menudo han sido la chispa que ha prendido la hoguera en la espiral de violencia, como ocurrió con la visita del líder israelí Ariel Sharon a la Explanada de las Mezquitas, que hace ahora 15 años desencadenó la segunda Intifada. Al igual que en otros disputados santuarios de Cisjordania, la tumba de José ha sido un foco de tensión entre los peregrinos judíos y los habitantes musulmanes de la zona.
En Kiryat Arba, un asentamiento judío situado cerca de Hebrón, un palestino disfrazado de periodista hirió ayer con un cuchillo a un soldado antes de ser abatido por otros militares. La Asociación de la Prensa Extranjera en Israel y Palestina deploró el ataque y pidió a todos los medios palestinos que verifiquen las credenciales de sus periodistas. En graves enfrentamientos en la frontera de Gaza, al menos dos palestinos murieron y otros 14 resultaron heridos por disparos de las tropas israelíes, según fuentes sanitarias, cuando intentaban atravesar la barrera de separación.
La llamada “jornada de la revolución” declarada ayer por organizaciones palestinas como Hamás y la Yihad Islámica se cobró la vida de otro manifestante cerca de Nablús, y mientras decenas de jóvenes resultaron heridos en enfrentamientos en Belén y Hebrón. El Consejo de Seguridad de la ONU se reunió ayer para analizar la actual ola de violencia en Israel y Palestina. El embajador de Israel ante la ONU, Danny Danon, rechazó la presencia de observadores internacionales en la Explanada de las Mezquitas solicitada por los representantes palestinos como medida de protección para los musulmanes ante la “explosiva situación” en la Ciudad Santa.
El presidente de EE UU, Barack Obama, instó hoy a los líderes de Israel y Palestina a “rebajar la retórica” para calmar las tensiones en la región, y condenó la violencia “contra personas inocentes”, informa Efe. El secretario de Estado de EE UU, John Kerry, se entrevistará la semana próxima con el primer ministro Benjamín Netanyahu en Berlín.