EL AVIÓN PRESIDENCIAL

Por Dr. Adrián Báez
Estimados lectores. El gobierno abrió una licitación internacional, con el propósito de adquirir un avión de tamaño mediano para el traslado del Presidente de la República. La fecha límite para que la documentación requerida sea

Adrián Baez.

Adrián Baez.

presentada, es el próximo 30 de Marzo, teniendo los interesados hasta el 29 de dicho mes para efectuar el depósito de la garantía de mantenimiento de oferta, que son unos U$S13.000 o su equivalente en moneda nacional.
Para adquirir el aparato, se han establecido una serie de requisitos con los que debe contar, los que encierran aspectos no sólo de comodidad, sino también de tecnología, que permitirían una mayor seguridad y la posibilidad de su utilización en casos de emergencias que lo ameriten.
Las comodidades solicitados son: capacidad para 8 pasajeros, cocina, escalera propia, baño, un radar meteorológico con modo mapeo opcional, y un teléfono satelital. En casos de emergencias, debe tener capacidad para la instalación de una o dos camillas, dispositivos de soporte vital como oxígeno, aire a presión, aspirador, acceso para fuentes de diferentes tipos de corriente eléctrica y dispositivos de diferentes fluidos en apoyo al soporte vital del paciente. También, un punto importante, es que la fecha de fabricación sea posterior a 1975 y que cuente con el certificado de aeronavegabilidad vigente.
Muchos se preguntarán para qué hacer un gasto tan grande, cifra que aún se desconoce, siendo que podría utilizarse para otras cosas; o por qué no viaja el Sr. Presidente en una línea comercial como bien lo supo hacer el Presidente Mujica, etc., etc.
Sucede que, en materia de seguridad y de prestigio de la investidura que representa ser el Primer Mandatario de un país, no se debería de escatimar las inversiones y tendría que ser un asunto de Estado, tanto las medidas adoptadas para su protección, como la jerarquía de los medios a utilizar y a brindar, en un mundo tan difícil y hostil como en el que estamos viviendo.
No consideramos ni superfluo ni mal gastado el dinero que se pague por el transporte del Presidente; es más, estamos convencidos que la costumbre instaurada en los últimos tiempos por el propio Dr. Vázquez de vivir en su residencia particular y el no hacerlo en la Presidencial de Suárez y Reyes, constituye una tremenda falta de sentido común, una total incoherencia y un irresponsable accionar temerario, que le quita trascendencia a un tema tan importante como lo es la salvaguarda de la integridad física y la vida misma del gobernante.
No puede quedar a su criterio, si acepta o no las normativas de vigilancia ni los perímetros en los que puede moverse con absoluta soltura de cuerpo; entendemos que la misma idiosincrasia de nuestra sociedad nos lleva a sostener que aquí todos nos conocemos y que somos de raíces sencillas, y lo aceptamos y compartimos.
Pero, cuando un compatriota alcanza el más digno de los reconocimientos que es el ser elevado por sus iguales al liderazgo de nuestra Nación; ya su vida deja de pertenecerle solamente a él o a su familia, para constituirse en una cuestión de interés nacional; deja de ser un simple ciudadano, para transformarse en el de mayor relevancia y por ende en el que mayores faenas deben aplicarse para su preservación.
Puede que interese poco, o puede que no interese en lo más mínimo; Uruguay siempre ha sido un terruño del no pasa nada, hasta el día que nos alarma, que suceda lo que creíamos y estábamos convencidos de que no ocurriría.
Si actuáramos con seriedad, el Parlamento tendría que aprobar una Ley donde se indicara la residencia y demás requerimientos a los que se sometería el gobernante, como lo tienen otros países.
Bienvenida sea entonces, la adquisición de la aeronave, a la que sería interesante, se le colocara un nombre representativo del ser oriental, elegido, porque no, por la gente. En el país de los concursos variopintos, éste no desencajaría.
La Presidencia de la República es una Institución; ser Presidente de la República es una enorme responsabilidad que debe respetarse y protegerse per se, no importando por cuál cuadro fue electo; sino importando tan solo, que representa a la democracia. Nada es caro para su exaltación y relevancia; mucho menos un avión presidencial.