La entereza de un barrio

La Tablada es un barrio estigmatizado. Hasta su “geografía”, con muchos recovecos y desniveles.
Pero en principio estas no fueron mayores dificultades para la gente, en su mayoría proveniente de la zona sub urbana y rural del departamento que se afincaba en este barrio.
La enorme mayoría de estas familias de muy bajos recursos, pero mucha dignidad comenzaron por trabajar como zafreros de la naranja y tareas similares. Durante muchos años se fueron formando familias, pobres pero dignas.
Pero los tiempos cambian. Ya desde algunas décadas atrás, comenzaron a aparecer algunas personas de mal vivir, el alcohol primero y las drogas después fueron carcomiendo las bases de muchas familias en este barrio, que vivían decentemente, pero de a poco fueron ganadas por las “nuevas formas” de vida.
Los jóvenes primero, adolescentes después y hoy hasta algunos niños se han involucrado en esta vida ruin, sin futuro y sin otro objetivo que sobrevivir así sea en el día a día.
Debe tenerse muy claro que esta vida totalmente deplorable no sería posible en el barrio si contara con la complicidad de gente poderosa, porque si bien la droga es vendida en el barrio por gente conocida, algunas desde hace años residentes en el barrio y otras llegadas poco tiempo atrás, esta droga es traída desde algún lado, por “alguien”, que vive del tráfico.
Y es bueno también decir que el pasado viernes asistimos a una verdadera lección de entereza y de dignidad. Algunas personas, personajes casi nos atreveríamos a decir en este barrio, plantaron bandera, “no tengo vergüenza” de decir que en mi pasado robé y todos me conocen, dijo uno que hace muchos años está afincado en el lugar, agregando “pero cuando alcancé la mayoría de edad ya no robé más…” Ahora eso no quiere decir que no quiera a mi hijo, hoy preso a causa de la droga, que lo hace robar y lo lleva por muy mal camino. Cuando yo creía que estaba saliendo, volvió a caer, porque “alguien” le facilitó la droga…
Sabemos muy bien quienes son los que venden y quienes están atrás de la droga, dijo la persona
aludida, añadiendo “yo quiero a mi hijo y voy a seguir luchando por él…”, pero no sé hasta cuándo voy a aguantar los actos de provocación, como que pasen frente a mi casa y adrede hagan “roncar” sus motos, para molestarme y burlarse, porque saben que yo también se muy bien quienes son los que venden la droga…, manifestó.
Testimonios como este, hubo varios y dan cuenta por una parte, de la entereza de esas familias que desean frenar la droga, su decisión para denunciar la situación y su deseo de hacer todo lo que esté a su alcance para que La Tablada recobre su bien ganado prestigio de ser un barrio de gente pobre, pero digna, honesta y de trabajo.
Nadie en Salto puede ignorar este esfuerzo, porque sólo juntando muchas manos se podrá mover esta piedra que es la putrefacción que deja la droga.
Merece el mayor de nuestros respetos y respaldo, porque es este un problema de todos y no de una familia o de un barrio solamente.
Alberto Rodríguez Díaz