El Derecho del Trabajo debería asegurar no solamente los derechos de los trabajadores sino avanzar en su participación

Dr. Carlos Casalás, especialista en Derecho Laboral

4Ciertas inquietudes o intereses personales por los temas sociales o políticos llevaron a Carlos Casalás a decidirse por el ejercicio de la abogacía laboralista, hace veintiún años que dicta clases de Derecho del Trabajo en la Regional Norte y cuenta a EL PUEBLO su experiencia de cómo los trabajadores reabrieron la fábrica de FUNSA y opina cuál debería ser la función del Derecho Laboral en este nuevo siglo.

- ¿De dónde surge su vocación por la abogacía?

– Cuando estábamos en el liceo, en el Colegio San Javier en Tacuarembó, invitaron al abogado Yamandú Rodríguez a que diese una especie de orientación vocacional, justo ese día no fui pero fue una conversación que tuve con mis compañeros que me contaron el asunto. El doctor Rodríguez preguntó qué había en la plaza, ¿quién está en la plaza 19 de Abril frente a la intendencia en Tacuarembó? Y algunos contestaron que habían visto y otros no se habían dado cuenta de lo que había, yo sabía. Me acuerdo que ese hecho lo tomé en cuenta a la hora de definirme porque lo que había era que estaban los obreros del Frigorífico Tacuarembó con un campamento en la misma plaza con una olla popular, con parlantes y cosas así, estaban reclamando algo, algún conflicto que había en ese momento en el frigorífico. Yo pasé, me interesé, me acerqué, me dieron papeles, y bueno, un muchacho que estaba en 4º de liceo nada más que curioseando.

Entonces Rodríguez explicó, quien se interese por la Justicia, quien se interese por la situación de los que pasan mal era una cuestión a tener en cuenta a los efectos de definir el estudio del Derecho, el estudio de la abogacía, así habló el hombre. No quiero decir que yo me haya definido solamente por eso, pero eso fue un elemento que tuve en cuenta. Casualmente después de recibido de abogado, mi especialización fue precisamente Derecho del Trabajo, es decir, todavía recuerdo esa pequeña anécdota de los obreros del frigorífico y mi situación actual que sigo siendo abogado trabajando en temas de asesoramiento de organizaciones sindicales. 

- Salido del liceo de su Tacuarembó debió trasladarse hasta Montevideo para estudiar en la universidad, ¿cómo fue ese cambio de vida que tuvo que enfrentar?

– Fui a vivir a una pensión que quedaba frente a la Facultad. Se siente el impacto, había ido solo una vez antes, a inscribirme, pero el día que empezaron las clases se siente el gentío, los estudiantes, una gran confusión. Además en ese momento, 1972, había una gran actividad de las agrupaciones estudiantiles, estaba todo muy polarizado el tema del movimiento estudiantil enfrentado al gobierno de ese momento, era una situación de parlantes, carteles. Fue todo un choque que además de todo lo cotidiano, tuve que hacerme las cosas personales como todos los estudiantes en una pensión. Era importante encontrarse con gente, por eso se iba a las pensiones donde había algunos otros paisanos, aunque estudiasen otras carreras, no importaba siendo que al menos fuesen de Tacuarembó o algún otro del interior. Habían otras pensiones a la vuelta, nos juntábamos a jugar al fútbol, en el Tacuarembó Universitario, era un enorme contacto social que nos permitía sobrellevar esos primeros tiempos.

Se siente el impacto, clases de trescientos, cuatrocientos estudiantes en primer año, uno está muy lejano al profesor, lejano de todo, no sabe usar la biblioteca, tiene problemas. En ese caso me ayudó mucho la militancia en el Centro de Estudiantes, eso me llevó a tener muchos contactos, amigos, compañeros, fui militante hasta que vino el golpe de Estado y la intervención de la universidad. 

- Al año que ingresa a la Facultad se produjo el golpe de Estado, ¿cómo se vivió esa nueva etapa de la intervención?

– Muy diferente, la Facultad fue muy distinta donde uno no podía decir todo lo que pensaba, ni siquiera se podían hacer comentarios sobre lo que uno leía. Por ejemplo, recuerdo perfectamente cuando di el examen de Derecho Laboral varios me dijeron, “ojo con lo que ponés en las respuestas del examen, no se te ocurra poner que no existe el derecho de huelga en Uruguay y ese tipo de cosas, porque vas a perder”. Entonces las preguntas sobre ese tema había que contestarlas como si estuviésemos viviendo en un país con respeto a las libertades públicas. 

- Luego de egresado como abogado se decidió por desarrollar una carrera docente, ¿por qué la docencia?

– Yo diría que por una absoluta casualidad. Es muy corriente que los abogados recién egresados que tuviesen interés en alguna materia, la única forma de seguir estudiando era integrarse como aspirante en la cátedra que le pareciese más afín con lo que pensaba trabajar, no por la docencia en sí sino por la formación en la materia, ese fue mi camino. Me interesaba el Derecho del Trabajo, justo me había surgido una oportunidad de trabajo en Derecho Laboral y entonces me acerqué a la cátedra y empecé la aspirantía. Luego la docencia vino sola, cuando unos años después, 1988 o 1989, me ofreció el profesor Santiago Pérez del Castillo si no lo acompañaba en algunas clases que él necesitaba cubrir en Salto, yo acepté encantadísimo, eso me permitió asumir responsabilidades en el dictado más o menos sistemático de la materia, lo que me fue involucrando cada vez más. 

- ¿Por qué terminó dando clases en Salto y no en Montevideo?

– En parte me sentía muy bien en la Regional, sinceramente, en ese momento estaba de director el escribano (Eugenio) Cafaro, que ya lo había conocido en la Facultad y con quien tenía una relación muy amistosa. En fin, era un ambiente diferente a Montevideo y me sentía muy cómodo. Recuerdo que me llamó el profesor (Américo) Pla (Rodríguez) y me dice, “mire, el profesor Pérez del Castillo no puede continuar porque asume otras responsabilidades y él ha sugerido, y yo como director del Instituto le quiero proponer si usted puede hacerse cargo de los cursos”, eso fue en 1990, le dije que aceptaba y el Consejo me designa encargado del grupo. Eso me permitió asumir responsabilidades, inclusive en forma más rápida que en Montevideo en relación a otros colegas, y ya no solo me encargué de la docencia sino que también me dediqué a estudiar el Derecho del Trabajo en forma sistemática. Yo diría que ahí se reunieron dos o tres elementos que una vez encargado del grupo, me dije, bueno, ahora me quedo en Salto.

Luego el nuevo director del Instituto, el profesor Barbagelata me sugirió que tratara de acercar gente a la docencia de Salto, sobre todo a los egresados, me dio algunos lineamientos en eso, lo hice así y rápidamente ingresaron colegas de la Regional al equipo, y eso lo hizo mucho más interesante todavía, porque tenía amigos y compañeros con los cuales estudiamos el Derecho del Trabajo y empezaron a funcionar los cursos cada vez mejor. Así estoy desde hace veintiún años. 

- Los abogados laboralistas pueden optar en trabajar con trabajadores o con los patrones, ¿por quién optó?

– Influyen cuestiones personales, son muy respetables las opciones que toman algunos, yo tenía ciertos compromisos del sentido de la vida relacionado precisamente con aquel comentario del doctor Yamandú Rodríguez en Tacuarembó, entonces claramente tomé la decisión de trabajar asesorando a trabajadores u organizaciones sindicales, sin perjuicio que alguna vez he asesorado a empresas cooperativas. Pero la enorme mayoría de mis asuntos han pasado por enfocarlo casi siempre del lado de los trabajadores. Pero el tema de la ética de la forma del Trabajo asesorando a empresas es absolutamente respetable. 

- Usted estuvo relacionado con la reapertura de FUNSA en manos de los trabajadores, ¿cómo fue esa experiencia?

– Yo era el abogado del sindicato de la compañía de FUNSA desde hacía muchos años, entre diez y quince años. La empresa entró en un proceso de crisis muy fuerte que la llevó a la presentación de la quiebra en determinado momento, y casi en forma unánime la gente que en ese momento integraba el sindicato decide asumir la posibilidad que los trabajadores podrían hacer la propuesta de su gestión directa. Según mi opinión, creo que influyó mucho para que en FUNSA se diera esa posibilidad la fuerte influencia que hubo en la historia del sindicato de FUNSA de las corrientes ideológicas anarquistas. El anarquismo tiene una confianza fuerte en la autogestión, que los trabajadores deben ser los que deben gestionar la empresa, ahí hubo gente que mantenía una de esas concepciones, no se trataba del viejo anarquismo que estaba en los sindicatos, pero que evidentemente había un ambiente propicio para pensar que eran capaces de autogestionar la empresa. Y se siguió todo ese proceso en medio de la crisis del país del 2002, allí lanzaron el proyecto, presentaron el plan de negocios y lograron conseguir un socio capitalista, un proyecto con un enorme apoyo social. Yo fui el abogado que les gestioné casi todo el asunto a la nueva cooperativa.

Se encontró en ese momento con un enorme apoyo del ministro de la época, (José) Villar, que apoyó fuertemente el proyecto, la intendencia de Montevideo colaboró junto a algunos entes autónomos como la UTE, que fue fundamental, y después la buena colaboración del síndico de ese momento, ya fallecido, el contador (Miguel) Navajas, y el propio Juzgado, que siempre se mostraron dispuestos los funcionarios a colaborar para que aquel expediente volara dentro del Juzgado. Los anteriores dueños además habían abandonado la empresa, la habían saqueado y lo que siguió fue el proceso de quiebra.

Hubo una resolución del Juzgado de Concurso muy importante, que la adoptó un juez suplente, el doctor Recarey, donde nosotros pedimos –no había ningún antecedente- que se entregara en forma precaria los bienes de la compañía a los efectos de empezar tareas de mantenimiento y de vigilancia. El juez Recarey en un decreto que la doctrina lo ha tomado, fundamentado en el Derecho del Trabajo, hizo lugar a nuestro pedido y los trabajadores entonces asumieron directamente toda la gestión del mantenimiento de la compañía. Todos los antecedentes de ese decreto judicial fueron retomados en la nueva Ley de Cooperativas e inclusive en la Ley de Concursos de empresas también se adopta ese mismo antecedente de FUNSA. La verdad que esa experiencia, que se mantiene viva, que tiene algunas dificultades pero que da trabajo a mucha gente, es una enorme experiencia donde se demuestra que los trabajadores son capaces de gestionar, a pesar de estar en el peor momento, con una empresa fundida pero que supieron organizar aquello.

- ¿Cómo imagina el Derecho Laboral del siglo veintiuno?

– Ese asunto está en plena discusión, ¿hacia dónde vamos? En estas circunstancias, además en el contexto latinoamericano, parece seguir una misma tendencia de cambio, de avances en la legislación. Probablemente el Derecho del Trabajo debería ir a asegurar no solamente los derechos de los trabajadores sino tal vez avanzar más en lo que puede ser las formas de participación de los trabajadores. Porque la participación no es solamente un tema contractual o de la situación concreta de los trabajadores en su lugar de trabajo sino que todo el tema del Derecho del Trabajo es también parte del funcionamiento de una sociedad democrática que asegure la participación de la mayor cantidad de gente en los asuntos públicos, en los asuntos generales de la sociedad. El Derecho del Trabajo en ese caso, todo el tema del movimiento obrero, del movimiento sindical, tiene que tener un rol, inclusive el sector empresarial también, un rol importante, de tal modo que probablemente el Derecho del Trabajo lo visualizaría incrementando las formas de participación. El caso de los trabajadores de FUNSA es un ejemplo con escasas normativas, Uruguay debería tal vez avanzar en responsabilizarlos en la participación de los trabajadores en la gestión, cuestión que no es muy aceptada como en otros países pero probablemente ese sea uno de los caminos.

Otra es que el sistema funcione en forma equilibrada. En una sociedad democrática se exige el equilibrio, muchas de las instituciones estatales deben ser imparciales, como los jueces del Trabajo, no neutrales sino imparciales en la resolución de los conflictos. Es decir, de un funcionamiento equilibrado, asegurar las libertades públicas a todos los ciudadanos, y los que son trabajadores y se organizan en sindicatos puedan ejercer libremente sus derechos pero que otros actores del sistema también puedan hacerlo, me parece que esa es la clave del asunto.

Entrevista de Leonardo Silva

PERFIL DE CARLOS CASALÁS

Casado, tiene cuatro hijos. Es del signo de Capricornio (27 de diciembre). De chiquito quería ser arquitecto. Hincha de Tacuarembó y de Nacional. Como asignatura pendiente queda “visitar y estudiar algunas ciudades europeas”.

“La carne asada en sus distintas variantes” es su comida preferida. La razonabilidad, vinculado a la tolerancia y a la libertad es lo que más le gusta de las personas.