El escritor Juan Introini disertó en liceo Salesiano

El profesor de Literatura y Latín Juan Introini, nacido en Montevideo en 1948, llegó este viernes a Salto para participar del Ciclo Literario organizado por estudiantes de cuarto año del Liceo Salesiano. Ante una sala repleta de público, no sólo estudiantes liceales sino también de magisterio y profesorado, y personas simplemente atraídas por su presencia, Introini habló durante más de una hora sobre diversos aspectos de su propia obra y de la creación literaria en general. Fue una disertación amena y espontánea, cargada de anécdotas muy bien transmitidas, y con participación del público mediante preguntas.

“Mi obra es breve y poco conocida. Básicamente soy un profesor de Latín y de Literatura. Se darán cuenta que el Latín no está en los mayores índices del marketing y la Literatura está un poco cascoteada. Luego, tardíamente empecé a escribir, en realidad lo que me costó mucho fue decidirme a publicar, no es fácil dar ese paso. Pero llegó un momento en que amigos en los que yo confiaba me impulsaron a publicar”, comenzaba presentándose. Se refirió a la vanidad como “un demonio” que azota a muchos artistas, entonces reflexionó: “Cuando había escrito algo y me sentía orgulloso de haberlo escrito, abría una página de Borges, ahí me daba cuenta que era como comparar el Cerro de Montevideo con el Himalaya. Eso lo ubica de inmediato a uno en la estatura que tiene, cosa muy difícil en un campo como este (de la creación literaria) en el que todos nos creemos genios”.

Los libros publicados

“Saqué mi primer libro en 1989, “El Intruso”, y tuvo bastante buena recepción en la medida que recibí comentarios estimulantes de la gente, de amigos, de colegas. Y ese libro parece mentira pero se agotó, no porque sea una maravilla ni un best seller, sino porque hice una edición de trescientos ejemplares, entonces como uno siempre quiere ser leído los fui dando. Pero dice Calvino que el segundo libro es el más difícil, es el gran desafío, porque si el primero fue medianamente interesante todos están esperando el segundo, en algunos casos para confirmar la idea de que se mantiene un nivel aceptable, otros con no tan buenas intenciones esperando un mamarracho. Mi segundo libro fue “La llave de plata”, que pareció en 1995. Y luego, ya entrada la década del 2000, salió “La tumba” (2002) que desde el título nomás, como me han dicho muchos, es un poco lúgubre, no anuncia nada demasiado edificante o divertido al menos. Finalmente, en 2007, saqué “Enmascarado”, que reúne cuatro relatos, aquí está integrado el cuento “Descartes” que ya había sido publicado en una antología”.

Sobre los lectores, la inspiración y la lucha con la forma.

“Nadie puede prescindir de la vida misma, si no el texto ya nace muerto…”

“Para los que escriben cuentos es muy interesante hablar con los lectores porque cada lector elige su cuento o sus cuentos. Es muy raro que haya unanimidad porque de algún modo cada lector se ve interpelado por algún cuento, por uno o por dos o más…o por ninguno,  y está bien que así sea. A todos nos ha pasado que hay escritores muy buenos pero que no nos mueven un pelo porque no encontramos correspondencia con ellos. Con respecto a cuál es mi concepción de la escritura, pienso que el escritor, sea de poesía, de cuentos o de novelas, como todo artista, antes que nada se enfrenta a una lucha con la forma, en el sentido que tiene que trabajar con una materia, con un vehículo expresivo que, en el caso de los escritores, es la lengua. Yo puedo tener muchísimas ideas que me dan vuelta en la cabeza pero si no logro que tomen una forma, no logro nada. Ahora, ¿de dónde sale lo que uno quiere decir?, yo nunca lo tuve claro. No creo en llamar al artista un creador, aunque es una opinión muy personal, porque para mí, por cuestión de fe, creador hay uno solo; lo que todos hacemos es reelaborar textos, ideas, que nos vienen de lecturas y que también nacen de la vida, nadie puede prescindir de la vida misma si no el texto ya nace muerto. Se habla siempre de la importancia de eso que tradicionalmente se ha llamado “inspiración”, ¿y qué es la inspiración?, para mí es algo que a uno le viene y tiene que decirlo, a veces viene como ideas confusas. Hay escritores como Vargas Llosa que dicen tener un régimen de ocho horas para escribir, como un trabajo, yo no podría hacer eso. Yo creo en ideas que uno tiene y que va reelaborando mentalmente en las circunstancias más inopinadas. Después viene la lucha con la forma de expresarlo. Puedo tener muchas ideas sobre un cuadro pero si me dan un pincel hago un mamarracho porque no domino técnica ninguna”.

Nuestra presentación

A modo de presentación del visitante, dijimos en el acto algunas palabras de las que a continuación transcribimos unos pocos pasajes:

Entre muchas otras cosas, en la obra de Introini debe destacarse el trabajo con el lenguaje y con la construcción de personajes. Lenguaje conciso, que logra ser siempre acertado y  justo, que incluso a veces roza lo poético pero en ese caso porque la situación lo impone, nunca como ornamento vacío o simple juego. Personajes conformados con verdadera maestría, que en pocas escenas y sin demasiada prescindencia de la descripción (aunque la descripción de personajes también es un rasgo frecuente en estos cuentos) llegan a mostrar al lector todo el mundo en el que se mueven.

Son textos que tienen el mérito, no menor, de seguir creciendo en el lector después de acabada la lectura. Y esto se debe en gran medida, creo, a que los personajes, los lugares, los elementos todos que habitan la narrativa de Juan Introini son muy simbólicos. Simbólicos, totalmente sugerentes son, sin ir más lejos, los propios nombres de muchísimos de sus personajes: Descartes, El Monje, La Ciega, La Tumba, basten como ejemplos. Encuentro algunas felices similitudes con personajes de Felisberto Hernández y de Juan Carlos Onetti. No sólo por el ambiente ciudadano. También, en el caso de Felisberto, por una atmósfera de misterio, extrañeza, de situaciones verdaderamente raras (ya sea explícitas o agazapadas). Con Onetti, tal vez las principales vinculaciones se den por el afán de la mayoría de los personajes en encontrar su esencia propia y por la lucha contra su agobiante y, a menudo, solitaria existencia. Se trata de una esencia que los personajes creados por Juan Introini buscarán casi siempre en actividades inusuales y, sobre todo, obsesivas: sirva como ejemplo un personaje femenino del cuento Un disfraz para Batman (del libro La Tumba), que agota sus horas en descifrar crucigramas y juegos similares. O el personaje Descartes (del cuento homónimo, publicado en el libro Enmascarado) que se propuso conocer todas las acepciones de las palabras del idioma, porque sólo así, según él, podría realmente leer; y para eso lee y relee dos enormes diccionarios y saca apuntes y estudia fervorosamente. O Toby, que se ha empecinado en buscar la ciudad ideal y sueña con ella observando un plano de Nueva York y viaja hasta muchas veces sin saber adónde (cuento Nueva York, de La Tumba). Insisto en que la construcción de los personajes me parece uno de los logros mayores de este excelente narrador. Raros, impredecibles, ellos mismos se asumen como extraños.

Qué mayor elogio para un narrador que decir que logra, como Juan Introini, la creación de una atmósfera bien reconocible como propia y claramente personal en todo sentido. Los cuentos tienen como escenario la ciudad (cafés, jardines,…), y aunque en algunos casos aparezcan sitios o calles “reales” de Montevideo, el lector es conducido siempre a ambientes extraños, casi mágicos o sobrenaturales, con misteriosos muros, aljibes, sótanos, criptas tenebrosas, muchas veces formando parte de algún que otro sueño de los personajes. Por momentos, sueño y realidad se ensamblan. Y llevando a los lectores por este, su mundo creado, Introini puede parecerse a Virgilio conduciendo a Dante por lugares deslumbrantes.

Introini no necesita de hechos llamémosle “tremendos” para captar la atención porque, aunque éstos ocurran (la muerte de un niño, por ejemplo) llegan incluso a quedar no pocas veces eclipsados por el protagonismo que adquiere el clima, el lugar, las mismas extrañas vidas de esos seres.