El fuego vivo de un diablo ejecutor

En el llano de la duda o la evolución de lo posible. Lo cierto es que Salto no dejó de oscilar frente a San José. A la selección le costó estabilizar el nivel de producción en un mismo partido. Pero cabe la pregunta: ¿es misión tan accesible esa de poner a resguardo la credibilidad?
Sobre todo, cuando San José produjo el primer gol y se puso a tiro. Cuando ya Salto se manejaba con 10 hombres por la expulsión de Juan de los Santos y el desamparo táctico fue brotando. A tal punto que Salto resignó la posesión de la pelota y los grises se volvieron maléfica constante. Perder pie en el medio, es concederle chance de imperio al rival. Y como rival, este San José no dejó de obrar en función de la persistencia y el sanducero Juan Manuel Gómez (ausente en el primer partido), le produjo otra estatura a la dotación ofensiva.
Es cierto: Salto supo de mareos conceptuales, en ese no saber cómo. Pero en el misilazo de Franco da Silva y el 3 a 1, un aporte a la consigna de vencer y un puntapié en el mismísimo corazón de la duda naciente.
LA VERDAD VERDADERA
Ese Juan Manuel Gómez, fue una y otra vez. Complicó la historia. Consumó el segundo gol. Hasta que Fabio Rondán se hizo habilitación quirúrgica y Jonathan dos Santos definió como un maestro. Pique, velocidad, potencia y gol. Un todo vital y el sello del 4 a 2.
Es que más allá de Salto, con las argumentaciones a cuenta del análisis-evaluación, el factor-Jonathan es indisimulable. No jugó tres partidos y Salto no ganó en los 90′ (decidió por penales frente a Tacuarembó en octavos de finales). Volvió Jonathan, Salto venció y de los cuatro goles convirtió dos. No resiste el exceso de apuntes en una dirección general, porque los conceptos se vuelven rasantes para la cuestión básica: en esta selección “naranjera”, la descarga ejecutiva del “10” limita todo el espacio posible si de explicaciones se trata. El delantero lo explica todo. Lo sintetiza todo. Su fuego vivo. La diablura de su calidad a la hora de resolver. Resolviendo.
UNA MISIÓN ENCARPETADA
Desde los vuelos de Regueira, pasando por José González y Fabio Rondán, mientras Jonathan fue tanto eso. Lo saludable de Salto es que no perdió la condición orgánica en los momentos claves, aunque sufrió con la constancia ofensiva de los puntas rivales, sobre todo por ese Gómez de los dos goles y de la búsqueda apasionada. Pero Salto dio con la techa reclamada.
La de retornar definiendo, a partir de Dos Santos. La misión encarpetada más que nunca.
El segundo año consecutivo en la final de la Copa Nacional. En la tarde-noche de ese ejecutor que no se llama a vacilación y que nunca admitirá la espera. Sucede que Jonathan irá siempre.
Va siempre. Quiere ser siempre. No hay caso: rendimiento y consecuencia de Salto, asociada sin más trámite con un jugador como él. Es tanto lo que trasciende, que la explosión sobreviene por cualquier factor o razón, mientras una pasarela de luces imaginaria es posible crear: por ahí llegará Dos Santos.  Con su fuego vivo, de diablo ejecutor.
-ELEAZAR JOSÉ SILVA-

En el llano de la duda o la evolución de lo posible. Lo cierto es que Salto no dejó de oscilar frente a San José. A la selección le costó estabilizar el nivel de producción en un mismo partido. Pero cabe la pregunta: ¿es misión tan accesible esa de poner a resguardo la credibilidad?

Sobre todo, cuando San José produjo el primer gol y se puso a tiro. Cuando ya Salto se manejaba con 10 hombres por la expulsión de12 4 15 076 Juan de los Santos y el desamparo táctico fue brotando. A tal punto que Salto resignó la posesión de la pelota y los grises se volvieron maléfica constante. Perder pie en el medio, es concederle chance de imperio al rival. Y como rival, este San José no dejó de obrar en función de la persistencia y el sanducero Juan Manuel Gómez (ausente en el primer partido), le produjo otra estatura a la dotación ofensiva.

Es cierto: Salto supo de mareos conceptuales, en ese no saber cómo. Pero en el misilazo de Franco da Silva y el 3 a 1, un aporte a la consigna de vencer y un puntapié en el mismísimo corazón de la duda naciente.

LA VERDAD VERDADERA

Ese Juan Manuel Gómez, fue una y otra vez. Complicó la historia. Consumó el segundo gol. Hasta que Fabio Rondán se hizo habilitación quirúrgica y Jonathan dos Santos definió como un maestro. Pique, velocidad, potencia y gol. Un todo vital y el sello del 4 a 2.

Es que más allá de Salto, con las argumentaciones a cuenta del análisis-evaluación, el factor-Jonathan es indisimulable. No jugó tres partidos y Salto no ganó en los 90′ (decidió por penales frente a Tacuarembó en octavos de finales). Volvió Jonathan, Salto venció y de los cuatro goles convirtió dos. No resiste el exceso de apuntes en una dirección general, porque los conceptos se vuelven rasantes para la cuestión básica: en esta selección “naranjera”, la descarga ejecutiva del “10” limita todo el espacio posible si de explicaciones se trata. El delantero lo explica todo. Lo sintetiza todo. Su fuego vivo. La diablura de su calidad a la hora de resolver. Resolviendo.

UNA MISIÓN ENCARPETADA

Desde los vuelos de Regueira, pasando por José González y Fabio Rondán, mientras Jonathan fue tanto eso. Lo saludable de Salto es que no perdió la condición orgánica en los momentos claves, aunque sufrió con la constancia ofensiva de los puntas rivales, sobre todo por ese Gómez de los dos goles y de la búsqueda apasionada. Pero Salto dio con la techa reclamada.

La de retornar definiendo, a partir de Dos Santos. La misión encarpetada más que nunca.

El segundo año consecutivo en la final de la Copa Nacional. En la tarde-noche de ese ejecutor que no se llama a vacilación y que nunca admitirá la espera. Sucede que Jonathan irá siempre.

Va siempre. Quiere ser siempre. No hay caso: rendimiento y consecuencia de Salto, asociada sin más trámite con un jugador como él. Es tanto lo que trasciende, que la explosión sobreviene por cualquier factor o razón, mientras una pasarela de luces imaginaria es posible crear: por ahí llegará Dos Santos.  Con su fuego vivo, de diablo ejecutor.

-ELEAZAR JOSÉ SILVA-