¡El histórico patrón de la causa!

“A través del fútbol, el barrio debe volverse feliz. Al barrio lo veo apagado y si nosotros podemos ser un equipo protagonista, con la gente sumándose, habremos alcanzado el gran fin”. (HÉCTOR RUBEN RODRÍGUEZ a EL PUEBLO. Enero de 1993)
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“A Ceibal tiene que hacerlo grande su gente. Nosotros más que nunca vamos a recurrir a ella, porque en ella creemos. Si nos acusan de soñadores, que nos acusen de soñadores. No vamos a decir nada en contrario, porque lo somos”. (HÉCTOR RUBEN RODRÍGUEZ a EL PUEBLO. Marzo, de 1993).
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“Nosotros tenemos lo que a muchos le falta: hinchada. Pero además, tenemos vecinos que se la están jugando por el 12 1 16 059club. Vecinos que antes no eran socios y ahora lo son. Llegar a esta final, parece cosa de locos. Apostar a Ceibal, es en sí mismo, un hermoso acto de locura”. (HÉCTOR RUBEN RODRÍGUEZ a EL PUEBLO. Antes de la final ante Universitario, en que finalmente el equipo resignó el título en la hora de los penales).
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EL ARTE DE SOÑAR
En 1992, los amigos se juntaron más que nunca. Celebraron la unidad como punto de partida. Ahí estaban: el “Pipo”, Gustavo y Elio Rodríguez, Fernando Alvez, el “Chiquito” José María Araújo, el “Chorizo” Guimaraens, Wilson Macchiavello, el “Tony” De Freitas….y tantos que desde aquella modestia de recursos, comenzó a construir al nuevo relevante a Ceibal.
Ese año, el ascenso a la “A”. El convocante Ceibal. Ganador. Resolutivo. El Ceibal de la gente, que supo del sustento popular y de aquella romántica plantilla de dirigentes que pasó de la teoría a la práctica. El mágico sueño de la digna evolución. Más después, la triple corona: 1994-1995-1996. Los avances a Copas del Interior. El memorable 5 a 5 frente a Huracán Buceo en Montevideo. La construcción del Parque Rufino Araújo. El incremento en la plantilla de socios. Un barrio sublevado, rebelde, imaginativo, ganador.
¿Y cuánto efecto del “Pipo” Rodríguez en aquel tiempo? Porque fue sobre todo como directivo (además de jugador), un hombre de acción. De ejecutar la idea. No recostarse en el facilismo del no se puede. Tiempos de fiebre ceibaleña. Y no le faltó ese histórico patrón de la causa.
El “Pipo” lo fue. Desde su combatividad, pero sobre todo, desde su talento creador.
Es seguro que en Ceibal admiten ese rol del “Pipo” en aquellos años. El esencial rol de quien nunca dejó de ofrendar las dos cuestiones tan fermentales como básicas: su ideario…y su corazón. El “Pipo”. El de la causa. El patrón de la causa.

Un pueblo detrás

Amigos. Vecinos. Hinchas. Jugadores. Directores Técnicos. Muchos futbolistas del tiempo en que el “Pipo” era uno más en la cancha, pero también a quienes dirigió, entre otros, Ceibal, Nacional, Salto Uruguay, el fútbol femenino. Primero en el sepelio y en el entierro después, todo un pueblo detrás para producir ese chau definitivo a Héctor Ruben Rodríguez.
Escenas conmovedoras, a emoción declarada, lágrimas de dolor, reencuentros también. La prolongada caravana de autos para arribar al Cementerio Central sobre las 16 horas del pasado martes. La bandera de Ceibal sobre el féretro.
Esa vez del pletórico tiempo de evocaciones individuales y colectivas, hacia el “Pipo” Rodríguez.
En la noche, Daniel “Pato” Schiavi (Salto Uruguay), en comunicación con EL PUEBLO, apeló a una síntesis que no admite reparos: “El “Pipo” tuvo la enorme virtud de movilizar a un barrio, cuando creyó en Ceibal a partir de una expresión distinta. No sé si se ha calibrado la dimensión de la figura del “Pipo” Rodríguez: se nos fue un grande del fútbol salteño. Un grande de verdad”.