El imperio del mal

Florida, Salto: violencia maldita

La filmación de los incidentes en el final del partido entre Florida y Salto en semifinal Sub 18, se viralizó sin más trámite. El fenómeno de las redes sociales lo amplifica. Los medios periodísticos recogen, analizan, atestiguan, evalúan, todo se potencia para que el conocimiento del hecho no se oculte. No es posible en estos tiempos que transcurren, que algo permanezca al margen de la revelación pública.
Menos un hecho deportivo que concluye a trompadas, patadas, agresiones, escupitajos.
Al fin de cuentas, el imperio del mal.
Y tras haber observado una y otra vez el video, no se trata de establecer a la manera de juzgadores de ocasión del hecho, quien pegó primero y quien dejó de pegar. Quién reaccionó y quien no. Tampoco se trata de repartir responsabilidades, estableciendo una línea divisoria entre culpables e inocentes. Incluso, la cuestión deportiva se transforma en un plano secundario, frente a ese imperio del mal, con la violencia ejecutada a cabalidad.
Cabría preguntarse porqué. ¿La violencia también en el fútbol, con jugadores cuyas edades oscilan entre los 16 y los 18? ¿También ellos, como parte misma de la intolerancia que tiende a generalizarse? ¿Cada vez menos margen para el fútbol desde el fútbol mismo?
No trasciende definitivamente quién pegó primero y quién pegó después.
A esta altura, ¿tanto trasciende el pronunciamiento del Tribunal Arbitral, respecto a quién avanza a la final?
Después de lo acontecido en Florida, ¿un fallo borra de un plumazo el disloque padecido? A no ser que la violencia sea admitida como un ingrediente más del fútbol.
En la misma medida dará lo mismo: tocar una pelota que agredir al rival, mandar un frentazo de gol que reventar una costilla al que se pare enfrente. Al fin de cuentas, ¿tan lejos está el fútbol de la mismísima bestialización?
-E.J-S-







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