El más uruguayo de los ritos cotidianos

(Colaboración de Alejandro Michelena – Primera Parte)
Junto a la advertencia de que quizás el tema no entrase en los parámetros más clásicos sobre “lo cultural” sino en “otra dimensión” de este ámbito, el periodista y escritor capitalino Alejandro Michelena nos ha enviado especialmente para esta página de EL PUEBLO, una interesante nota sobre “el mate”, al que considera “el más uruguayo de los ritos cotidianos”. Compartimos a continuación una primera entrega de dicha nota:
“En 1800 el gaucho -sobre todo al norte del río Negro- se alimentaba sólo de carne de vaca, y no consumía verduras ni cereales. Pero aquellos centauros que deambulaban por un territorio de monótonas ondulaciones y poca población, lograban equilibrar bien su alimentación bebiendo la verdosa infusión de la yerba mate.
El mate forma parte de las bebidas autóctonas de la amplia región que abarca Río Grande del Sur, Uruguay, Argentina y Paraguay. Una costumbre que siempre fue democrática y democratizadora: compartida en tiempos coloniales por la matrona de clase alta, que cebaba en sus tertulias en mates de plata trabajados o de loza adornados, y las esclavas negras en un rincón de la cocina bebiéndolo en el típico calabacito. Lo gustaron igualmente presidentes de la República, obreros portuarios, intelectuales, ricos y pobres.
Orígenes del
popular «amargo»
La planta de yerba mate crecía en forma silvestre en todo el amplio territorio que abarca el norte uruguayo, el sur del Brasil, el Paraguay, y las provincias argentinas litoraleñas del Paraná. Su hábitat más propicio era y es el área subtropical central de América del Sur, entonces selvática. El nombre proviene de la voz quechua «mati», que hace referencia al cuenco o recipiente confeccionado con una calabacera común, en la que se consumía la infusión en sus orígenes y hasta el día de hoy.
Fueron los guaraníes los primeros en tomar mate. Estos, que eran mayoría incluso en la Banda Oriental, pasaron esa costumbre a las otras etnias de nuestro territorio, y más adelante la bebida se generalizó en el área a través de ese producto del mestizaje que fue el gaucho.
Los primeros mateadores guaraníes no usaban bombilla; filtraban la yerba haciendo pasar el líquido entre sus dientes. Los jesuitas de las Misiones fomentaron la costumbre de beber mate como antídoto contrapuesto al vicio del alcohol que hacía estragos a través de la chicha, la caña y el aguardiente. Las primeras bombillas fueron confeccionadas con caña vegetal, utilizándose luego el canuto de caña, las fibras duras y hasta las cerdas de caballo. Más adelante llegó el clásico cañito de metal cerrado en su extremo inferior para mejor filtrar la yerba”.

(Colaboración de Alejandro Michelena – Primera Parte)

Junto a la advertencia de que quizás el tema no entrase en los parámetros más clásicos sobre “lo cultural” sino en “otra dimensión” de este ámbito, el periodista y escritor capitalino Alejandro Michelena nos ha enviado especialmente para esta página de EL PUEBLO, una interesante nota sobre “el mate”, al que considera “el más uruguayo de los ritos cotidianos”. Compartimos a continuación una primera entrega de dicha nota:

“En 1800 el gaucho -sobre todo al norte del río Negro- se alimentaba sólo de carne de vaca, y no consumía verduras ni cereales. Pero aquellos centauros que deambulaban por un territorio de monótonas ondulaciones y poca población, lograban equilibrar bien su alimentación bebiendo la verdosa infusión de la yerba mate.

El mate forma parte de las bebidas autóctonas de la amplia región que abarca Río Grande del Sur, Uruguay, Argentina yMateParaguay. Una costumbre que siempre fue democrática y democratizadora: compartida en tiempos coloniales por la matrona de clase alta, que cebaba en sus tertulias en mates de plata trabajados o de loza adornados, y las esclavas negras en un rincón de la cocina bebiéndolo en el típico calabacito. Lo gustaron igualmente presidentes de la República, obreros portuarios, intelectuales, ricos y pobres.

Orígenes del

popular «amargo»

La planta de yerba mate crecía en forma silvestre en todo el amplio territorio que abarca el norte uruguayo, el sur del Brasil, el Paraguay, y las provincias argentinas litoraleñas del Paraná. Su hábitat más propicio era y es el área subtropical central de América del Sur, entonces selvática. El nombre proviene de la voz quechua «mati», que hace referencia al cuenco o recipiente confeccionado con una calabacera común, en la que se consumía la infusión en sus orígenes y hasta el día de hoy.

Fueron los guaraníes los primeros en tomar mate. Estos, que eran mayoría incluso en la Banda Oriental, pasaron esa costumbre a las otras etnias de nuestro territorio, y más adelante la bebida se generalizó en el área a través de ese producto del mestizaje que fue el gaucho.

Los primeros mateadores guaraníes no usaban bombilla; filtraban la yerba haciendo pasar el líquido entre sus dientes. Los jesuitas de las Misiones fomentaron la costumbre de beber mate como antídoto contrapuesto al vicio del alcohol que hacía estragos a través de la chicha, la caña y el aguardiente. Las primeras bombillas fueron confeccionadas con caña vegetal, utilizándose luego el canuto de caña, las fibras duras y hasta las cerdas de caballo. Más adelante llegó el clásico cañito de metal cerrado en su extremo inferior para mejor filtrar la yerba”.