El mejor homenaje es leerlos…

En estos días, varios medios de distintas partes del continente han dedicado amplios espacios a hablar de Juan Gelman, el poeta argentino fallecido el 14 del mes en curso, y de José Emilio Pacheco, el escritor mexicano fallecido doce días después. Abundan las biografías, listas de títulos publicados, notas críticas sobre ellos.
Creemos, sin embargo, que la mejor forma de homenajear a un artista es dedicándole un tiempo a escuchar su música, observar sus cuadros, leer sus textos…. Es también, en definitiva, lo que él seguro hubiera elegido. Por eso, no hay mejor forma de rendirle tributo, al  poeta que fallece, que acudir a leer algunos versos suyos y penetrar lo más posible en ellos. Nada nos acerca y comunica más: ni leer la biografía ni una opinión sobre su obra, ni mirar una fotografía.

En estos días, varios medios de distintas partes del continente han dedicado amplios espacios a hablar de Juan Gelman, el poeta argentino fallecido el 14 del mes en curso, y de José Emilio Pacheco, el escritor mexicano fallecido doce días después. Abundan las biografías, listas de títulos publicados, notas críticas sobre ellos.

Creemos, sin embargo, que la mejor forma de homenajear a un artista es dedicándole un tiempo a escuchar su música, observar sus cuadros, leer sus textos…. Es también, en definitiva, lo que él seguro hubiera elegido. Por eso, no hay mejor forma de rendirle tributo, al  poeta que fallece, que acudir a leer algunos versos suyos y penetrar lo más posible en ellos. Nada nos acerca y comunica más: ni leer la biografía ni una opinión sobre su obra, ni mirar una fotografía.

DE JOSÉ EMILIO PACHECO:

Noche y nieve

Me asomé a la ventana y en lugar de jardín hallé la noche

enteramente constelada de nieve.

La nieve hace tangible el silencio y es el desplome de la

luz y se apaga.

La nieve no quiere decir nada: Es solo una pregunta que

deja caer millones de signos de interrogación sobre el

mundo.

Inmemorial

El misterioso día

se acaba con las cosas que no devuelve

Nunca nadie podrá reconstruir

lo que pasó ni siquiera en este

más cotidiano de los mansos días

Minuto enigma irrepetible

Quedará tal vez

una sombra una mancha en la pared

vagos vestigios de ceniza en el aire

Pues de otro modo qué condenación

nos ataría a la memoria por siempre

Vueltas y vueltas en derredor de instantes vacíos.

Despójate del día de hoy para seguir ignorando y viviendo.

Los elementos de la noche

Bajo el mínimo imperio que el ver no ha roído

se derrumban los días, la fe, las previsiones.

En el último valle la destrucción se sacia

en ciudades vencidas que la ceniza afrenta.

La lluvia extingue

el bosque iluminado por el relámpago.

La noche deja su veneno.

Las palabras se rompen contra el aire.

Nada se restituye, nada otorga

el verdor a los campos calcinados.

Ni el agua en su destierro

sucederá a la fuente

ni los huesos del águila

volverán por sus alas.

DE JUAN GELMAN:

Una mujer y un hombre

Una mujer y un hombre llevados por la vida,

una mujer y un hombre cara a cara

habitan en la noche, desbordan por sus manos,

se oyen subir libres en la sombra,

sus cabezas descansan en una bella infancia

que ellos crearon juntos, plena de sol, de luz,

una mujer y un hombre atados por sus labios

llenan la noche lenta con toda su memoria,

una mujer y un hombre más bellos en el otro

ocupan su lugar en la tierra.

Fábricas del amor (II)

Alza tus brazos, ellos encierran a la noche, desátala

sobre mi sed,

tambor, tambor, mi fuego.

Que la noche nos cubra con una campana

que suene suavemente a cada golpe del amor.

Entiérrame la sombra, lávame con ceniza, cávame del dolor,

límpiame el aire:

yo quiero amarte libre.

Tú destruyes el mundo para que esto suceda

tú comienzas el mundo para que esto suceda.

Ausencia de amor

Cómo será pregunto.

Cómo será tocarte a mi costado.

Ando de loco por el aire

que ando que no ando.

Cómo será acostarme

en tu país de pechos tan lejano.

Ando de pobrecristo a tu recuerdo

clavado, reclavado.

Será ya como sea.

Tal vez me estalle el cuerpo todo

lo que he esperado

Me comerás entonces dulcemente

pedazo por pedazo.

Seré lo que debiera.

Tu pie. Tu mano.







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