El miedo nos mata

«Si fijan esos partidos, al estadio no voy»

«El miedo o temor es una emoción caracterizada por un intenso sentimiento habitualmente desagradable, provocado por la percepción de un peligro, real o supuesto, presente, futuro o incluso pasado. Es una emoción primaria que se deriva de la aversión natural al riesgo o la amenaza, y se manifiesta tanto en los animales como en el ser humano. La máxima expresión del miedo es el terror».
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El jueves que pasó, a la hora 19.30′ en la Liga Salteña de Fútbol. Comenzó a «rodarse la nueva película», con un guión inevitable que concluiría en una resolución también inevitable. La presencia del encargado de la seguridad en el Dickinson, Comisario Miguel Ángel Moreira, como señal-razón, de ese tiempo que vendría: el de no jugar al fútbol el fin de semana en el marco de la tercera fecha de la segunda rueda, por no disponerse de guardia policial. Desde el Ministerio del Interior, la convocatoria. Un contingente salteño con rumbo a Montevideo, para sumarse al operativo en torno al clásico de Nacional y Peñarol. Por aquellos lares del sur, la violencia arde, muerde y se pasea oronda. Por lo tanto, el objetivo de redoblar la presencia policial. Como consecuencia de ello, aquí nos quedamos sin fútbol. Casi que haciendo el papel del pavo, sin otro margen que la suspensión, «porque sin policía es imposible jugar». De ese convencimiento, nadie se aparta.
Hacerlo, se convertiría en maloliente atropello al básico sentido común.
«SIN FIJAN ESOS
PARTIDOS
AL ESTADIO NO VOY»
La reflexión en voz alta del presidente de la Liga Salteña de Fútbol, Walter Hugo Martínez, es una síntesis a carta cabal. «Si fijan esos partidos al estadio no voy», trasluce un enfoque común a la mayoría o a todos: el miedo a que algo pase o que nos pase. Los delegados de los clubes protagonistas de la tercera rueda, aliaron sus argumentos: «no jugar, sin guardias de seguridad».
Desde el propio Walter, ampliando la especulación:«se arma una pelea, y quién aparta?».
La coincidencia además en que los funcionarios de la empresa de seguridad no están facultados para el desarrollo de una estrategia, donde en algunos casos, se previene primero y se repele después. O sea: frente a determinadas situaciones, solo una fuerza de choque puede actuar y prevalecer. No es con teorías que se resuelve una reyerta: se actúa. A buen entendedor, pocas palabras bastan.
POR SOBRE TODO, ESO
La instancia del jueves a la noche en la Liga, por sobre todo, desemboca en una conclusión de hecho. Y acaso definitivamente nueva para el fútbol salteño en circunstancias como estas: sin guardia policial, por lo menos en la «A» y en tiempos de definiciones, no es posible jugar al fútbol. El fútbol está condicionado a la policía.
Lo que parecía una situación afín a Montevideo y sus satélites en el Torneo Uruguayo, ahora Salto igualmente como parte de ella. De lo que no hay dudas: algo o muchos nos ha estado pasando. Y nos pasa. La iracunda violencia de los menos, simplemente fue pudiendo y puede más que la abrumadora mayoría que solo apuesta al fútbol desde esa condición de deporte y nada más,
El miedo a «que pase algo», es la plataforma de la decisión.
El miedo a que la intolerancia nos mate.
El miedo a que esa misma violencia nos ultraje.
El miedo a que se transforme, en la expresión predilecta de los que sufren el flagelo de la inadaptación crónica.
Esa es en todo caso, la amarga conclusión. La esencia del fútbol, va perdiendo terreno. El fanatismo de la violencia, es un monstruo de siete cabezas. Y se queda con todo.
Es la batalla que va ganando. Y la va ganando nomás. Sin que le importe nada.
Después de todo, no le importa nada. Nada.
-ELEAZAR JOSÉ SILVA-







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