El mito como metáfora

Pedro Peralta es un virtuoso. Goza con la pintura, dialoga con cuotas de verdades, fragmentos de obras de arte. Goza al grabar la madera y el metal. Su ambición es difundir, con la pretensión de que el grabado vuelva a renacer. El trazo, por leve, rápido o incierto que sea, remite siempre a una fuerza, a una dirección, una acción visible. El corte, la huella del gesto, una individualidad.
El corte definitivo en la xilografía, la dificultad de enmendar un error y su carencia de grises lo atrapa. Fue la técnica usada para la popularización de los libros y los juegos de naipes.
La posibilidad de exponer los tacos permite analizar la técnica y ver el proceso creativo: el trabajo del impresor. Un mismo taco permite sacar múltiples impresiones, cada una con su carácter de original.
En esta exposición, luego de 20 años de docencia y 30 años de carrera artística, el artista propone la difusión del grabado, generando el surgimiento de nuevos modos de creación. Al exponer junto a artistas formados en su taller, surge una oportunidad: todos demuestran en sus obras la versatilidad de la técnica y la capacidad del docente. También queda claro el incentivo a experimentar y a lograr el propio lenguaje plástico.
“Lo más importante para mí es la obra en blanco, cuyo destino es ser atacada una y otra vez, con la misma actitud de juego de los niños”. “Por así decirlo escribo mis ideas”, dice Peralta y retorna al silencio, como estado antecesor de la creación. El lienzo en blanco también es silencio, el blanco o el espacio vacío, para lograr un estado espiritual, que le permite conectarse con las cosas y el cosmos.
Peralta usa el mito como metáfora que busca nombrar y recordar el origen para afirmar el ciclo de la vida. Así nos impulsa a imaginar, la alusión lo es todo. La sugerencia nos lleva a lo inefable, mantiene el misterio. Las caras trabajadas por el tiempo. Estas metáforas están construidas en la lucha dialéctica de las bipolaridades. El mundo de la fábula, la realidad mágica, las religiones sincréticas que aúnan catolicismo y paganismo.
Lo real maravilloso, lo uruguayo, lo cotidiano.
Peralta ha impulsado las diferentes técnicas de grabado en madera y metal más que nadie en Uruguay. Desde su propia obra, con gran maestría, y desde la labor docente, generando nuevos espacios de encuentro, ofreciendo su taller siempre abierto, sacando el taller a recorrer el interior del país, desafiando a todos a experimentar con la gubia y la tinta.
En la obra de sus alumnos no se reconoce al maestro por los temas elegidos o la técnica usada. Más bien se intuye en el cuidado de la composición, la entonación de la veladura, la exigencia en el trazo, en el clima, en el rigor que aplica quien se compromete con lo que hace. Eso logra Peralta, involucrar a sus alumnos con sus obras de la misma manera que él se involucra con la suya propia, desde lo más hondo. Y cuando logra eso deja de sentirlos alumnos: los convierte en colegas a los que apoya a seguir investigando en su propio camino.
Elsa Trolio

Pedro Peralta es un virtuoso. Goza con la pintura, dialoga con cuotas de verdades, fragmentos de obras de arte. Goza al grabar la madera y el metal. Su ambición es difundir, con la pretensión de que el grabado vuelva a renacer. El trazo, por leve, rápido o incierto que sea, remite siempre a una fuerza, a una dirección, una acción visible. El corte, la huella del gesto, una individualidad.

El corte definitivo en la xilografía, la dificultad de enmendar un error y su carencia de grises lo atrapa. Fue la técnica usada16 5 12 042 para la popularización de los libros y los juegos de naipes.

La posibilidad de exponer los tacos permite analizar la técnica y ver el proceso creativo: el trabajo del impresor. Un mismo taco permite sacar múltiples impresiones, cada una con su carácter de original.

En esta exposición, luego de 20 años de docencia y 30 años de carrera artística, el artista propone la difusión del grabado, generando el surgimiento de nuevos modos de creación. Al exponer junto a artistas formados en su taller, surge una oportunidad: todos demuestran en sus obras la versatilidad de la técnica y la capacidad del docente. También queda claro el incentivo a experimentar y a lograr el propio lenguaje plástico.

“Lo más importante para mí es la obra en blanco, cuyo destino es ser atacada una y otra vez, con la misma actitud de juego de los niños”. “Por así decirlo escribo mis ideas”, dice Peralta y retorna al silencio, como estado antecesor de la creación. El lienzo en blanco también es silencio, el blanco o el espacio vacío, para lograr un estado espiritual, que le permite conectarse con las cosas y el cosmos.

Peralta usa el mito como metáfora que busca nombrar y recordar el origen para afirmar el ciclo de la vida. Así nos impulsa a imaginar, la alusión lo es todo. La sugerencia nos lleva a lo inefable, mantiene el misterio. Las caras trabajadas por el tiempo. Estas metáforas están construidas en la lucha dialéctica de las bipolaridades. El mundo de la fábula, la realidad mágica, las religiones sincréticas que aúnan catolicismo y paganismo.

Lo real maravilloso, lo uruguayo, lo cotidiano.

Peralta ha impulsado las diferentes técnicas de grabado en madera y metal más que nadie en Uruguay. Desde su propia obra, con gran maestría, y desde la labor docente, generando nuevos espacios de encuentro, ofreciendo su taller siempre abierto, sacando el taller a recorrer el interior del país, desafiando a todos a experimentar con la gubia y la tinta.

En la obra de sus alumnos no se reconoce al maestro por los temas elegidos o la técnica usada. Más bien se intuye en el cuidado de la composición, la entonación de la veladura, la exigencia en el trazo, en el clima, en el rigor que aplica quien se compromete con lo que hace. Eso logra Peralta, involucrar a sus alumnos con sus obras de la misma manera que él se involucra con la suya propia, desde lo más hondo. Y cuando logra eso deja de sentirlos alumnos: los convierte en colegas a los que apoya a seguir investigando en su propio camino.

Elsa Trolio