El mundo va camino a su salvación a través del cooperativismo…

“El mundo va camino a su salvación a través del cooperativismo… terminando así con la explotación del hombre por el hombre a través de la solidaridad”
Mario Altamiranda a través de los años se ha destacado como un impulsor del sistema cooperativista a través de FUCVAM pero además ha sido un gran defensor de los trabajadores desde el Sindicato de la Bebida y del PIT CNT. Trabaja desde sus 12 años de edad y desde entonces ha sido un luchador social incansable. Conozcamos un poco más de su vida.
- ¿Qué primeros recuerdos tiene de su niñez?
- Mi niñez fue bastante linda si la comparamos con la niñez que están teniendo ahora esos mismos niños en el mismo lugar donde nacimos hace más de 60 años, que es el Barrio Cien Manzanas. Tenemos los mejores recuerdos –si bien no vivimos ahí-, mi viejo va a cumplir 90 años y mi suegro cumplió 94, tengo también la suerte de tener a mi vieja viva con 86 años. Si miro para atrás en el tiempo para mí todo era lindo porque los amigos que hice en la vida los hice en ese barrio. Recuerdo que fue un barrio muy conflictivo, en su momento se lo llegó a catalogar “Sierra Maestra” por la violencia lamentable de gente grande, por suerte con el correr del tiempo eso cambió y hoy debe ser uno de los barrios más tranquilos de Salto, supongo que es porque se mantiene el mismo vecindario. Si cuenta a mis abuelos y mis padres, toda mi familia sigue viviendo en Cien Manzanas, mis hermanos viven allí, los únicos que nos fuimos de ahí somos nosotros con mi compañera Pelusa por el tema de la cooperativa. Me acuerdo de haber tenido una niñez muy linda, en la escuela hice amigos como con el doctor (Néstor) Campos con quien me veo casi todos los meses, el “Pelón” Martínez…
- ¿Son de la misma generación?
- Somos de la misma generación, sí. Luego tengo gente conocida del Hogar de Niños, del que tengo el mejor de los recuerdos para quienes fueron mis compañeras y compañeros. Es un sector de la sociedad que aún se mantiene, pero también en ese caso los niños que estaban en el Hogar, lo que hoy se ha convertido en el INAU, sabemos que no hay la misma relación con lo que pasa hoy. Teníamos una excelente relación con los niños del Hogar. Entonces, terminamos la escuela e intentamos hacer un poco de liceo en forma nocturna porque desde los 12 años no he parado de trabajar…
- ¿En qué trabajaba?
- Empecé a trabajar en la Farmacia Curie, donde también tengo el mejor de los recuerdos de aquellos primeros patrones que tuve, Da Rosa y la señora Lira. La farmacia estaba enfrente de donde está hoy…
- ¿Qué hacía en la farmacia?
- Entré como mandadero y después tuve la oportunidad, a los 2 o 3 años, de pasar al mostrador, tenía 15 años en ese momento. A los pocos años asume la empresa Francisco Cánepa que hoy se mantiene con su señora y los hijos, de los que también tengo el mejor de los recuerdos. Fue nuestro primer trabajo. Después nos ofrecieron, en el mismo rubro, ir a trabajar a Montevideo, pero fue muy poco tiempo porque por aquellos años se extrañaba más que ahora. Así que retornamos al departamento donde tuvimos un breve pasaje por la Veterinaria Supparo en la parte administrativa e inmediatamente, a partir del año 1966, tuvimos la enorme suerte de algo que nos cambió la vida y si hoy somos lo que somos es porque conocimos una fábrica –luego la misma militancia nos llevó a conocer muchas otras fábricas en el país- como la Crush, que estaba instalada en calle Artigas 1845. Ahí empezamos a trabajar el 17 de setiembre del 66, esta fábrica en el año 91 pasó a ser NOLIR y nosotros desarrollamos tareas hasta el 31 de diciembre de 2006, o sea que completamos 40 años de trabajo, lamentablemente interrumpida durante 8 años por la dictadura, 4 de ellos pasamos en cana y otros 4 esperando ser reintegrados como lo fuimos finalmente el 1º de diciembre  de 1984. Todo pasó por la lucha de esa gloriosa Federación de la Bebida, la que también integramos por 25 años, del 86 al 90 integramos la dirección nacional de la Federación de la Bebida y también el sindicato a nivel local, en el que empezamos de muy joven la militancia sindical cuando nos integramos a la fábrica.
No conocíamos lo que era la militancia gremial, pero lo que nos marcó el camino un poco a fuego fue aquel 14 de agosto del año 68, cuando muere Líber Arce. Nos marcó porque entendíamos que alguien tenía que seguir la lucha de ese compañero a quien conocimos luego por escritos que salían sobre él en los medios de comunicación y por compañeros que lo conocieron. Así que abrazamos esa bandera de luchar por las compañeras y compañeros trabajadores, nos convertimos en ese momento en lo que siempre decimos, en un luchador social. Así que desde ese momento acompasamos el trabajo con la militancia gremial, y a partir del año 71 en forma paralela en el Sindicato de la Bebida y en la Cooperativa de la Vivienda que nosotros también fundamos como dirigentes de la Federación el 19 de abril de 1971, así que ya tenemos más de 40 años de fundadores de la cooperativa COVIFOEB, donde hoy está la Universidad Católica que antes era la Universidad de la República, ahí con 63 compañeros fundamos lo que hoy es la COVIFOEB.
Guardamos el mejor recuerdo de la empresa porque nos acompaña una especie de pergamino fundido en hierro que nos entregó la fábrica en un reconocimiento que nos hace junto a otros compañeros que nos retiramos en ese momento por haber sido leal al trabajo y a la empresa. Independientemente que éramos dirigentes sindicales y que por tanto defendimos y seguiremos defendiendo a los trabajadores, hubo un tremendo respeto entre nosotros y las respectivas patronales de la empresa. Más allá que algún enfrentamiento tuvimos, siempre dijimos que el buen dirigente no está para pelear con nadie, los patrones no son nuestros enemigos, todo lo contrario, nosotros lo que teníamos que hacer era ir a trabajar todos los días y ser ejemplo en nuestro trabajo, eso nos hizo ganar el respeto no solo de nuestros patrones sino de las demás patronales porque también en más de una oportunidad debimos actuar frente al Centro Comercial en defensa de los trabajadores del departamento. Eso nos hizo ganar el cariño de muchos trabajadores y el respeto de las patronales, porque entendemos que el respeto se paga con respeto, algo que nos enseñaron nuestros padres, respetar para ser respetados.
- ¿Cómo vivió esos años de dictadura entre el trabajo y la militancia sindical?
- La Central había resuelto que ante cualquier intento de golpe de Estado íbamos a responder con la Huelga General por tiempo indeterminado, cosa que hicimos con ocupación del lugar de trabajo. En ese momento nosotros ocupábamos la secretaría general de lo que era la Federación de la Alimentación y la Bebida del Uruguay (FAYBU), y con esa responsabilidad cuando se dio el golpe de Estado nos encontró dos días después haciendo una asamblea con los trabajadores en el “Palacio de la Galletita” donde hoy está la Casa de Gobierno y 10 minutos después llega alguien a quien recuerdo con mucho aprecio y respeto que era el comisario Coumas, quien nos dijo que iba con orden del Jefe de Policía, el coronel Rodríguez, de detenernos pero que no nos iba a detener porque nos conocía, simplemente nos retiró la cédula y luego nos invitó a que nos presentáramos en la Seccional Primera que fue lo que hicimos. Ahí quedamos detenidos un par de días, luego nos dejaron en libertad junto a la dirección sindical del plenario departamental y nos llevaron al cuartel de acá de Salto en avenida Viera. Y el día 5 de julio cuando sale la normativa de aquel que no se presentaba a trabajar quedaba sin laburo, se nos soltó de donde estábamos detenidos, nos presentamos con los compañeros a nuestros distintos lugares de trabajo y en esa misma noche comenzamos a trabajar.
De alguna forma, más allá que estaba prohibido, nos dábamos los medios para mantener la militancia y contacto con los trabajadores del departamento, no solo con los de nuestro lugar de trabajo, hasta que llega el año 75 donde se nos invita a una reunión en Montevideo por el Instituto CEDA que era el que asesoraba a nuestra cooperativa junto al COVISUNCA -porque empezábamos a construir en forma conjunta-, resulta que llegamos a Montevideo y nos dicen que la reunión se suspendió, así que nos vamos a la sede del COVISUNCA, estábamos mirando unos planos y enseguida nos vimos rodeados por las Fuerzas Conjuntas. Conclusión de eso, terminamos en la Seccional 14. A los dos días nos trasladaron al Cilindro Municipal. El comisario Tellechea les comunica a nuestras compañeras que cuando se encontraban dos militantes de izquierda hablando estaban subvirtiendo el orden en el país y que quedaran tranquilas que el 7 de diciembre nos largaban, cosa que ocurrió.
Nos quedamos entonces tranquilos que no iba a pasar más nada porque si no nos hubieran dejado detenidos, pero lamentablemente el 2 de febrero del año 76 las Fuerzas Conjuntas recorrieron todo el departamento de Salto y detuvieron a todos los militantes sindicales. Como que fue una especie de ajuste de cuentas con los luchadores sociales que pensábamos distinto a la dictadura. Estuvimos 28 meses en el cuartel y luego un año y algo en el Penal de Libertad. Cuando salí tuve la suerte que un primo mío tenía un comercio en el departamento y al cuarto día que pasó ya estaba trabajando en una casa de hospedaje. Luego en el año 84 cuando se comenzaba a dar la reapertura hacia la democracia, el dirigente de la Bebida Richard Read comienza el acercamiento con la fábrica de refrescos a la que nosotros habíamos pertenecido donde el primer punto de las reivindicaciones estaba el reintegro de todos los compañeros que habíamos estado detenidos y aquellos que habían tenido que irse al exterior. Así que el 1º de diciembre de ese año fuimos reintegrados junto a José “Capincho” Rodríguez y Néstor “el Negro” Arrúa hoy lamentablemente fallecido.
- ¿En qué momento llega FUCVAM a su vida?
- Todo se fue dando, ya en el año 69 ingresamos en la filial Salto del Sindicato de la Bebida, desde ahí promovimos la formación de las cooperativas de vivienda, que en ese momento lo planteaba concretamente la Central de trabajadores como una respuesta, hasta si se quiere de algo insólito, porque en pleno gobierno de Jorge Pacheco Areco que gobernaba con medidas prontas de seguridad, nace la Ley Nacional de Vivienda en diciembre de 1968. Entonces, durante un tiempo la Central estuvo analizando la ley y el planteo terminó siendo que teníamos que empezar a pelear para ocupar espacios y hacer cooperativas en los centros de trabajo. Así que en el año 71 fundamos nuestra cooperativa.
Estoy convencido que el mundo va camino a su salvación a través del cooperativismo. En nuestro país contamos con más de un millón de cooperativistas, un tercio del país, y el mundo tiene millones de cooperativistas. Y el cooperativismo es una forma de terminar con lo de la explotación del hombre por el hombre a través de la solidaridad.

“El mundo va camino a su salvación a través del cooperativismo… terminando así con la explotación del hombre por el hombre a través de la solidaridad”

Mario Altamiranda a través de los años se ha destacado como un impulsor del sistema cooperativista a través deMario (2) FUCVAM pero además ha sido un gran defensor de los trabajadores desde el Sindicato de la Bebida y del PIT CNT. Trabaja desde sus 12 años de edad y desde entonces ha sido un luchador social incansable. Conozcamos un poco más de su vida.

– ¿Qué primeros recuerdos tiene de su niñez?

– Mi niñez fue bastante linda si la comparamos con la niñez que están teniendo ahora esos mismos niños en el mismo lugar donde nacimos hace más de 60 años, que es el Barrio Cien Manzanas. Tenemos los mejores recuerdos –si bien no vivimos ahí-, mi viejo va a cumplir 90 años y mi suegro cumplió 94, tengo también la suerte de tener a mi vieja viva con 86 años. Si miro para atrás en el tiempo para mí todo era lindo porque los amigos que hice en la vida los hice en ese barrio. Recuerdo que fue un barrio muy conflictivo, en su momento se lo llegó a catalogar “Sierra Maestra” por la violencia lamentable de gente grande, por suerte con el correr del tiempo eso cambió y hoy debe ser uno de los barrios más tranquilos de Salto, supongo que es porque se mantiene el mismo vecindario. Si cuenta a mis abuelos y mis padres, toda mi familia sigue viviendo en Cien Manzanas, mis hermanos viven allí, los únicos que nos fuimos de ahí somos nosotros con mi compañera Pelusa por el tema de la cooperativa. Me acuerdo de haber tenido una niñez muy linda, en la escuela hice amigos como con el doctor (Néstor) Campos con quien me veo casi todos los meses, el “Pelón” Martínez…

- ¿Son de la misma generación?

– Somos de la misma generación, sí. Luego tengo gente conocida del Hogar de Niños, del que tengo el mejor de los recuerdos para quienes fueron mis compañeras y compañeros. Es un sector de la sociedad que aún se mantiene, pero también en ese caso los niños que estaban en el Hogar, lo que hoy se ha convertido en el INAU, sabemos que no hay la misma relación con lo que pasa hoy. Teníamos una excelente relación con los niños del Hogar. Entonces, terminamos la escuela e intentamos hacer un poco de liceo en forma nocturna porque desde los 12 años no he parado de trabajar…

- ¿En qué trabajaba?

– Empecé a trabajar en la Farmacia Curie, donde también tengo el mejor de los recuerdos de aquellos primeros patrones que tuve, Da Rosa y la señora Lira. La farmacia estaba enfrente de donde está hoy…

- ¿Qué hacía en la farmacia?

– Entré como mandadero y después tuve la oportunidad, a los 2 o 3 años, de pasar al mostrador, tenía 15 años en ese momento. A los pocos años asume la empresa Francisco Cánepa que hoy se mantiene con su señora y los hijos, de los que también tengo el mejor de los recuerdos. Fue nuestro primer trabajo. Después nos ofrecieron, en el mismo rubro, ir a trabajar a Montevideo, pero fue muy poco tiempo porque por aquellos años se extrañaba más que ahora. Así que retornamos al departamento donde tuvimos un breve pasaje por la Veterinaria Supparo en la parte administrativa e inmediatamente, a partir del año 1966, tuvimos la enorme suerte de algo que nos cambió la vida y si hoy somos lo que somos es porque conocimos una fábrica –luego la misma militancia nos llevó a conocer muchas otras fábricas en el país- como la Crush, que estaba instalada en calle Artigas 1845. Ahí empezamos a trabajar el 17 de setiembre del 66, esta fábrica en el año 91 pasó a ser NOLIR y nosotros desarrollamos tareas hasta el 31 de diciembre de 2006, o sea que completamos 40 años de trabajo, lamentablemente interrumpida durante 8 años por la dictadura, 4 de ellos pasamos en cana y otros 4 esperando ser reintegrados como lo fuimos finalmente el 1º de diciembre  de 1984. Todo pasó por la lucha de esa gloriosa Federación de la Bebida, la que también integramos por 25 años, del 86 al 90 integramos la dirección nacional de la Federación de la Bebida y también el sindicato a nivel local, en el que empezamos de muy joven la militancia sindical cuando nos integramos a la fábrica.

No conocíamos lo que era la militancia gremial, pero lo que nos marcó el camino un poco a fuego fue aquel 14 de agosto del año 68, cuando muere Líber Arce. Nos marcó porque entendíamos que alguien tenía que seguir la lucha de ese compañero a quien conocimos luego por escritos que salían sobre él en los medios de comunicación y por compañeros que lo conocieron. Así que abrazamos esa bandera de luchar por las compañeras y compañeros trabajadores, nos convertimos en ese momento en lo que siempre decimos, en un luchador social. Así que desde ese momento acompasamos el trabajo con la militancia gremial, y a partir del año 71 en forma paralela en el Sindicato de la Bebida y en la Cooperativa de la Vivienda que nosotros también fundamos como dirigentes de la Federación el 19 de abril de 1971, así que ya tenemos más de 40 años de fundadores de la cooperativa COVIFOEB, donde hoy está la Universidad Católica que antes era la Universidad de la República, ahí con 63 compañeros fundamos lo que hoy es la COVIFOEB.

Guardamos el mejor recuerdo de la empresa porque nos acompaña una especie de pergamino fundido en hierro que nos entregó la fábrica en un reconocimiento que nos hace junto a otros compañeros que nos retiramos en ese momento por haber sido leal al trabajo y a la empresa. Independientemente que éramos dirigentes sindicales y que por tanto defendimos y seguiremos defendiendo a los trabajadores, hubo un tremendo respeto entre nosotros y las respectivas patronales de la empresa. Más allá que algún enfrentamiento tuvimos, siempre dijimos que el buen dirigente no está para pelear con nadie, los patrones no son nuestros enemigos, todo lo contrario, nosotros lo que teníamos que hacer era ir a trabajar todos los días y ser ejemplo en nuestro trabajo, eso nos hizo ganar el respeto no solo de nuestros patrones sino de las demás patronales porque también en más de una oportunidad debimos actuar frente al Centro Comercial en defensa de los trabajadores del departamento. Eso nos hizo ganar el cariño de muchos trabajadores y el respeto de las patronales, porque entendemos que el respeto se paga con respeto, algo que nos enseñaron nuestros padres, respetar para ser respetados.

- ¿Cómo vivió esos años de dictadura entre el trabajo y la militancia sindical?

– La Central había resuelto que ante cualquier intento de golpe de Estado íbamos a responder con la Huelga General por tiempo indeterminado, cosa que hicimos con ocupación del lugar de trabajo. En ese momento nosotros ocupábamos la secretaría general de lo que era la Federación de la Alimentación y la Bebida del Uruguay (FAYBU), y con esa responsabilidad cuando se dio el golpe de Estado nos encontró dos días después haciendo una asamblea con los trabajadores en el “Palacio de la Galletita” donde hoy está la Casa de Gobierno y 10 minutos después llega alguien a quien recuerdo con mucho aprecio y respeto que era el comisario Coumas, quien nos dijo que iba con orden del Jefe de Policía, el coronel Rodríguez, de detenernos pero que no nos iba a detener porque nos conocía, simplemente nos retiró la cédula y luego nos invitó a que nos presentáramos en la Seccional Primera que fue lo que hicimos. Ahí quedamos detenidos un par de días, luego nos dejaron en libertad junto a la dirección sindical del plenario departamental y nos llevaron al cuartel de acá de Salto en avenida Viera. Y el día 5 de julio cuando sale la normativa de aquel que no se presentaba a trabajar quedaba sin laburo, se nos soltó de donde estábamos detenidos, nos presentamos con los compañeros a nuestros distintos lugares de trabajo y en esa misma noche comenzamos a trabajar.

De alguna forma, más allá que estaba prohibido, nos dábamos los medios para mantener la militancia y contacto con los trabajadores del departamento, no solo con los de nuestro lugar de trabajo, hasta que llega el año 75 donde se nos invita a una reunión en Montevideo por el Instituto CEDA que era el que asesoraba a nuestra cooperativa junto al COVISUNCA -porque empezábamos a construir en forma conjunta-, resulta que llegamos a Montevideo y nos dicen que la reunión se suspendió, así que nos vamos a la sede del COVISUNCA, estábamos mirando unos planos y enseguida nos vimos rodeados por las Fuerzas Conjuntas. Conclusión de eso, terminamos en la Seccional 14. A los dos días nos trasladaron al Cilindro Municipal. El comisario Tellechea les comunica a nuestras compañeras que cuando se encontraban dos militantes de izquierda hablando estaban subvirtiendo el orden en el país y que quedaran tranquilas que el 7 de diciembre nos largaban, cosa que ocurrió.

Nos quedamos entonces tranquilos que no iba a pasar más nada porque si no nos hubieran dejado detenidos, pero lamentablemente el 2 de febrero del año 76 las Fuerzas Conjuntas recorrieron todo el departamento de Salto y detuvieron a todos los militantes sindicales. Como que fue una especie de ajuste de cuentas con los luchadores sociales que pensábamos distinto a la dictadura. Estuvimos 28 meses en el cuartel y luego un año y algo en el Penal de Libertad. Cuando salí tuve la suerte que un primo mío tenía un comercio en el departamento y al cuarto día que pasó ya estaba trabajando en una casa de hospedaje. Luego en el año 84 cuando se comenzaba a dar la reapertura hacia la democracia, el dirigente de la Bebida Richard Read comienza el acercamiento con la fábrica de refrescos a la que nosotros habíamos pertenecido donde el primer punto de las reivindicaciones estaba el reintegro de todos los compañeros que habíamos estado detenidos y aquellos que habían tenido que irse al exterior. Así que el 1º de diciembre de ese año fuimos reintegrados junto a José “Capincho” Rodríguez y Néstor “el Negro” Arrúa hoy lamentablemente fallecido.

- ¿En qué momento llega FUCVAM a su vida?

– Todo se fue dando, ya en el año 69 ingresamos en la filial Salto del Sindicato de la Bebida, desde ahí promovimos la formación de las cooperativas de vivienda, que en ese momento lo planteaba concretamente la Central de trabajadores como una respuesta, hasta si se quiere de algo insólito, porque en pleno gobierno de Jorge Pacheco Areco que gobernaba con medidas prontas de seguridad, nace la Ley Nacional de Vivienda en diciembre de 1968. Entonces, durante un tiempo la Central estuvo analizando la ley y el planteo terminó siendo que teníamos que empezar a pelear para ocupar espacios y hacer cooperativas en los centros de trabajo. Así que en el año 71 fundamos nuestra cooperativa.

Estoy convencido que el mundo va camino a su salvación a través del cooperativismo. En nuestro país contamos con más de un millón de cooperativistas, un tercio del país, y el mundo tiene millones de cooperativistas. Y el cooperativismo es una forma de terminar con lo de la explotación del hombre por el hombre a través de la solidaridad.