El nuevo infrarrealismo

Inspirados en Matta y Roberto Bolaño, gestores del movimiento de poesía infrarrealista, varios periodistas mexicanos buscan renovar el lenguaje de muerte y exterminio que se ha instalado en su país. Entre ellos, Diego Enrique Osorno y Alejandro Almazán.
«El acto surrealista más simple consiste en salir a la calle con un revólver en cada mano y, a ciegas, disparar cuanto se pueda contra la multitud» escribió André Breton en el segundo manifiesto del surrealismo. A ese grupo artístico perteneció el chileno Roberto Matta hasta que en 1947 fue expulsado por el propio Breton por razones que hasta hoy no están claras. Así es como el artista chileno crea un nuevo movimiento, al que llama infrarrealismo, que le sirve como respuesta a su expulsión. Durante los tres años que existió, el único miembro de ese movimiento fue Matta. O al menos así es como lo explicaba Roberto Bolaño, sin considerar las opiniones que atribuían al escritor Philippe Soupault la invención del término «infrarrealismo». Tampoco daba relevancia al hecho de que en el libro La deshumanización del arte (1925) de Ortega y Gasset existiera un capítulo llamado «Supra e infrarrealismo», y de que probablemente Matta hubiera tomado de ahí la idea del nombre.
Antes de convertirse en estrella del firmamento literario, el chileno Roberto Bolaño fue poeta y como tal entró en contacto con Mario Santiago en el México de los años setenta. Juntos iniciaron el movimiento infrarrealista en la casa de otro chileno, Bruno Montané. Para crearlo, tomaron influencias varias, entre las que se destaca Matta y una afinidad por esa violencia que impregnó Breton en sus dichos, lo que puede notarse en frases del manifiesto escrito por Bolaño tales como: «Hasta las cabezas de los aristócratas nos pueden servir de armas».
Hoy el concepto es ampliamente conocido por el revuelo que generó en el México de los 70 y que se plasmaría en el famoso libro Los detectives salvajes (1998). Antes de que Bolaño arribara a México, Mario Santiago ya pensaba en el germen que daría vida al infrarrealismo, pero fue con la llegada del chileno que la idea comenzó a rendir pequeños frutos, hasta que en 1976 nace oficialmente. Poco es lo que no está dicho de este grupo de jóvenes que revolucionaron el D.F. mexicano, haciendo sabotajes en lecturas y sembrando el rechazo hacía los poetas tradicionales de ese país, concentrándose y ensañándose en la imagen de Octavio Paz, que para ellos era el símbolo de todo contra lo que se rebelaban. Terminarían siendo odiados y temidos: nadie quería recibir la visita de los «infras» en sus lecturas.
Pero tanto la guerra de Matta como la de Bolaño estaban destinadas a perderse. Así es como en el México de 1978 se acabó el infrarrealismo cuando sus fundadores partieron a Europa por distintos motivos. A pesar de los intentos de reinvención que dio el movimiento con la vuelta de Mario Santiago a su país natal, en 1979, el concepto parecía muerto. Y con la defunción de Santiago en 1998 y la de Bolaño en 2003, quedó oficialmente sepultado.
DE LA POESÍA AL PERIODISMO.
Pero en 2011, un joven periodista mexicano comienza una pequeña revolución contra todo lo que va mal en su país. Su nombre es Diego Enrique Osorno y ha escrito múltiples libros que hablan de la violencia, la droga y el narcotráfico que dominan México, develando una total aversión por la idea de que esas tres cosas están dentro de la normalidad de su sociedad. Así es como se sienta a escribir un manifiesto, tal como lo hizo Bolaño antes que él, y con esto da inicio al periodismo «infra». Su amigo Alejandro Almazán explica el momento de la creación del nuevo movimiento: «En agosto de 2011, en una biblioteca de Caborca, Sonora (una de las ciudades de Los detectives salvajes), Diego Osorno escribió un manifiesto que intentó coquetear con el manifiesto infrarrealista de Bolaño. Debo decir que, cada vez que leo las letras de Diego, tengo un coma. Es decir: exploto en fuegos pirotécnicos porque no pudo escribirlo mejor. Si ‘googleas’ el manifiesto, y lo lees, verás que Diego es el sabio del grupo».
El manifiesto se titula «Alguien limpia un fusil» y deja clara la postura de este nuevo estilo de crónicas: «El periodismo infrarrealista no cuenta muertos: cuenta las historias de los muertos». Es así como Osorno comienza una guerra tal como supuestamente lo hizo Matta al salir del surrealismo, o como Bolaño cuando atacó la figura de Octavio Paz y lo que esta representaba. «Entonces, cuando Diego decidió que Bolaño sería el gurú, por no respetar las formas ‘políticamente correctas’, sus amigos lo seguimos. ¿Por qué nos sumamos? No porque Bolaño nos uniera, sino porque nos unió la misma manera de ver el mundo. ¿Y qué mundo vemos? Uno donde seamos felices. Quizá suene a libro de autoayuda, pero les puedo asegurar que solo buscamos ser felices, aunque a veces se nos complique», explica Almazán.
A fines de 2014, el término ha vuelto a tomar protagonismo, con la compilación Demasiados lobos andan sueltos, Cronicas infrarrealistas (Rayuela, 2014), que tiene el manifiesto escrito por Osorno como prólogo. Además, mueve la idea de este tipo de periodismo desde el underground hacía un público más amplio. Consta de nueve reportajes que se hilvanan por medio del concepto rescatado por estos jóvenes periodistas. Además de Osorno está Wilbert Torre, escritor de libros como Narcoleaks (2013) -sobre las relaciones secretas entre Estados Unidos y México filtradas por Wikileaks- y el ya mencionado Alejandro Almazán, ganador del premio García Márquez de periodismo en 2013 por su reportaje «Carta desde La Laguna» -sobre cómo operan los carteles de la droga en el sector mexicano conocido como La Laguna-. También hay trabajos de Javier Valdez, Alejandro Sánchez, Juan Carlos Reyna y Wilbert Torre, José Luis Valencia, Manuel Larios y Nel San Martín.
Matta fue perdonado en 1959 y reintegrado al movimiento surrealista por el mismísimo Breton. Uno de los infrarrealistas originales, Bruno Montané, el otro chileno del grupo, editó hace poco Mapas de bolsillo, su primer libro de poemas en Chile, ya que hace años está radicado en España. Y es así como todas estas formas contraculturales agrupadas bajo el mismo nombre van teniendo un final, pasando a la historia como ideas revolucionarias que pronto se extinguieron, pero que dejaron sus ideologías para los más jóvenes.
Estos periodistas parecen haber recogido el consejo que escribió Bolaño en su propio manifiesto: «Déjenlo todo, nuevamente. Láncense a los caminos». Alejandro Almazán explica: «Bolaño y Santiago iban en serio. Nosotros no. No tenemos su intelecto ni su discurso. Pero creemos que podemos reinventarlo en la práctica. Es decir: no le creemos al discurso oficial. Creemos en la calle, creemos que ahí ocurren las historias que desengañan a la voz permitida, y eso es lo que buscamos: la puta realidad o, por lo menos, su interpretación. ¿Lo hemos logrado? Quizá no, pero le aseguro que lo intentamos todos los chingados días. Tanto muerto no puede tapar nuestras narices».
(El Mercurio de Chile)

Inspirados en Matta y Roberto Bolaño, gestores del movimiento de poesía infrarrealista, varios periodistas mexicanos buscan renovar el lenguaje de muerte y exterminio que se ha instalado en su país. Entre ellos, Diego Enrique Osorno y Alejandro Almazán.

«El acto surrealista más simple consiste en salir a la calle con un revólver en cada mano y, a ciegas, disparar cuanto se pueda contra la multitud» escribió André Breton en el segundo manifiesto del surrealismo. A ese grupo artístico perteneció el chileno Roberto Matta hasta que en 1947 fue expulsado por el propio Breton por razones que hasta hoy no están claras. Así es como el artista chileno crea un nuevo movimiento, al que llama infrarrealismo, que le sirve como respuesta a su expulsión. Durante los tres años que existió, el único miembro de ese movimiento fue Matta. O al menos así es como lo explicaba Roberto Bolaño, sin considerar las opiniones que atribuían al escritor Philippe Soupault la invención del término «infrarrealismo». Tampoco daba relevancia al hecho de que en el libro La deshumanización del arte (1925) de Ortega y Gasset existiera un capítulo llamado «Supra e infrarrealismo», y de que probablemente Matta hubiera tomado de ahí la idea del nombre.

Antes de convertirse en estrella del firmamento literario, el chileno Roberto Bolaño fue poeta y como tal entró en contacto con Mario Santiago en el México de los años setenta. Juntos iniciaron el movimiento infrarrealista en la casa de otro chileno, Bruno Montané. Para crearlo, tomaron influencias varias, entre las que se destaca Matta y una afinidad por esa violencia que impregnó Breton en sus dichos, lo que puede notarse en frases del manifiesto escrito por Bolaño tales como: «Hasta las cabezas de los aristócratas nos pueden servir de armas».

Hoy el concepto es ampliamente conocido por el revuelo que generó en el México de los 70 y que se plasmaría en el famoso libro Los detectives salvajes (1998). Antes de que Bolaño arribara a México, Mario Santiago ya pensaba en el germen que daría vida al infrarrealismo, pero fue con la llegada del chileno que la idea comenzó a rendir pequeños frutos, hasta que en 1976 nace oficialmente. Poco es lo que no está dicho de este grupo de jóvenes que revolucionaron el D.F. mexicano, haciendo sabotajes en lecturas y sembrando el rechazo hacía los poetas tradicionales de ese país, concentrándose y ensañándose en la imagen de Octavio Paz, que para ellos era el símbolo de todo contra lo que se rebelaban. Terminarían siendo odiados y temidos: nadie quería recibir la visita de los «infras» en sus lecturas.

Pero tanto la guerra de Matta como la de Bolaño estaban destinadas a perderse. Así es como en el México de 1978 se acabó el infrarrealismo cuando sus fundadores partieron a Europa por distintos motivos. A pesar de los intentos de reinvención que dio el movimiento con la vuelta de Mario Santiago a su país natal, en 1979, el concepto parecía muerto. Y con la defunción de Santiago en 1998 y la de Bolaño en 2003, quedó oficialmente sepultado.

DE LA POESÍA AL PERIODISMO.

Pero en 2011, un joven periodista mexicano comienza una pequeña revolución contra todo lo que va mal en su país. Su nombre es Diego Enrique Osorno y ha escrito múltiples libros que hablan de la violencia, la droga y el narcotráfico que dominan México, develando una total aversión por la idea de que esas tres cosas están dentro de la normalidad de su sociedad. Así es como se sienta a escribir un manifiesto, tal como lo hizo Bolaño antes que él, y con esto da inicio al periodismo «infra». Su amigo Alejandro Almazán explica el momento de la creación del nuevo movimiento: «En agosto de 2011, en una biblioteca de Caborca, Sonora (una de las ciudades de Los detectives salvajes), Diego Osorno escribió un manifiesto que intentó coquetear con el manifiesto infrarrealista de Bolaño. Debo decir que, cada vez que leo las letras de Diego, tengo un coma. Es decir: exploto en fuegos pirotécnicos porque no pudo escribirlo mejor. Si ‘googleas’ el manifiesto, y lo lees, verás que Diego es el sabio del grupo».

El manifiesto se titula «Alguien limpia un fusil» y deja clara la postura de este nuevo estilo de crónicas: «El periodismo infrarrealista no cuenta muertos: cuenta las historias de los muertos». Es así como Osorno comienza una guerra tal como supuestamente lo hizo Matta al salir del surrealismo, o como Bolaño cuando atacó la figura de Octavio Paz y lo que esta representaba. «Entonces, cuando Diego decidió que Bolaño sería el gurú, por no respetar las formas ‘políticamente correctas’, sus amigos lo seguimos. ¿Por qué nos sumamos? No porque Bolaño nos uniera, sino porque nos unió la misma manera de ver el mundo. ¿Y qué mundo vemos? Uno donde seamos felices. Quizá suene a libro de autoayuda, pero les puedo asegurar que solo buscamos ser felices, aunque a veces se nos complique», explica Almazán.

A fines de 2014, el término ha vuelto a tomar protagonismo, con la compilación Demasiados lobos andan sueltos, Cronicas infrarrealistas (Rayuela, 2014), que tiene el manifiesto escrito por Osorno como prólogo. Además, mueve la idea de este tipo de periodismo desde el underground hacía un público más amplio. Consta de nueve reportajes que se hilvanan por medio del concepto rescatado por estos jóvenes periodistas. Además de Osorno está Wilbert Torre, escritor de libros como Narcoleaks (2013) -sobre las relaciones secretas entre Estados Unidos y México filtradas por Wikileaks- y el ya mencionado Alejandro Almazán, ganador del premio García Márquez de periodismo en 2013 por su reportaje «Carta desde La Laguna» -sobre cómo operan los carteles de la droga en el sector mexicano conocido como La Laguna-. También hay trabajos de Javier Valdez, Alejandro Sánchez, Juan Carlos Reyna y Wilbert Torre, José Luis Valencia, Manuel Larios y Nel San Martín.

Matta fue perdonado en 1959 y reintegrado al movimiento surrealista por el mismísimo Breton. Uno de los infrarrealistas originales, Bruno Montané, el otro chileno del grupo, editó hace poco Mapas de bolsillo, su primer libro de poemas en Chile, ya que hace años está radicado en España. Y es así como todas estas formas contraculturales agrupadas bajo el mismo nombre van teniendo un final, pasando a la historia como ideas revolucionarias que pronto se extinguieron, pero que dejaron sus ideologías para los más jóvenes.

Estos periodistas parecen haber recogido el consejo que escribió Bolaño en su propio manifiesto: «Déjenlo todo, nuevamente. Láncense a los caminos». Alejandro Almazán explica: «Bolaño y Santiago iban en serio. Nosotros no. No tenemos su intelecto ni su discurso. Pero creemos que podemos reinventarlo en la práctica. Es decir: no le creemos al discurso oficial. Creemos en la calle, creemos que ahí ocurren las historias que desengañan a la voz permitida, y eso es lo que buscamos: la puta realidad o, por lo menos, su interpretación. ¿Lo hemos logrado? Quizá no, pero le aseguro que lo intentamos todos los chingados días. Tanto muerto no puede tapar nuestras narices».

(El Mercurio de Chile)







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