EL OBSERVADOR entrevistó al diputado Fernando Amado. “Tiene que haber algo que no sea el populismo outsider ni los que no se dan cuenta que ya cayó el muro de Berlín”, dijo

A fines de setiembre, Fernando Amado decidió cortar con 18 años de historia política dentro del Partido Colorado. El diputado electo por Vamos Uruguay, sector que lideraba Pedro Bordaberry, abandonó las filas coloradas junto a su agrupación, Batllistas Orejanos, en busca de nuevos rumbos a los que no se anima a poner un nombre propio. En entrevista con El Observador, Amado dijo que aspira a formar una tercera alternativa a “los dos polos” que, entiende, fueron propulsados por la llegada nuevamente de Julio María Sanguinetti a la arena política porque considera que con el escenario actual de Frente Amplio versus partidos tradicionales “no hay una válvula de escape”. amado
Pese a que abandonó el partido, ¿se sigue sintiendo colorado?
Más de la mitad de mi vida adulta milité en el Partido Colorado, por eso fue un desgarramiento muy duro. Nos vamos del Partido Colorado porque sentimos que la tradición colorada del batllista que queremos representar no está ahí y no le es posible coexistir porque es incompatible con la fisionomía política que fue adquiriendo el partido y con la homogeneidad que tiene en su pensamiento.
¿A qué le atribuye esa homogeneización?
La elección interna operó en un partido que ya venía con una onda de homogeneización ideológica y terminó encorsetando totalmente a que después de la interna vos tenés que ir con el candidato que ganó. En el Partido Colorado, si vos sos de centro-izquierda y ganó alguien de centro-derecha, el ciudadano tiene que pagar el peaje. Eso es una estafa electoral.
¿Considera que los líderes también son responsables de haber homogeneizado al partido?
¿Qué personas más diferentes a Jorge Batlle y Julio María Sanguinetti había en la década de 1990? Eran el agua y el aceite en sus planteos políticos. Sin embargo, pasaron 15 años y preguntale a cualquier persona en la calle y seguro te dicen que eran lo mismo. Esa es la evidencia obscena de que los líderes del Partido Colorado de los últimos 30 años se han encargado de limar el discurso del partido.
Se molestó cuando Julio María Sanguinetti se reunió con Luis Lacalle Pou y Jorge Larrañaga. ¿Lo llamó?
No. Nadie lo va a hacer cambiar de opinión y yo no me enojo con él. Sanguinetti viene a proponer lo mismo que viene proponiendo hace 20 años. Y Lacalle Pou no salió para nada exultante de esa reunión. Yo creo que en el fondo coincide conmigo en que Sanguinetti es la foto del pasado.
¿Se alinea a la tesis de que necesita un gobierno de coalición para ganarle al FA?
El tema es no ganarle a cualquier precio. Soy de los que creía que en el Partido Colorado era más importante recuperar al partido y al batllismo que tener como obsesión levantarse todos los días, mirarse al espejo y decir: “Hay que sacar al FA”.
¿Estaba dispuesto a esperar más de lo que cree que están dispuestos a esperar los dirigentes actuales para ser gobierno?
Hay dirigentes a los que les corre el reloj biológico, no pueden esperar muchas elecciones más. Y también hay gente que con mucha honestidad está convencida de ese formato de bipolaridad. Cuando más le presté atención a Pablo Mieres (Partido Independiente) fue cuando me enojé por la reunión de Sanguinetti con Lacalle Pou y Larrañaga y él también dice lo mismo. Cambios sí, pero hacia adelante, no hacia atrás. No es la nostalgia de cuando estuvimos en el poder. Con el proyecto que tengamos de acá para adelante me importa lograr una herramienta que sea una alternativa a los dos bloques, porque estoy convencido de que el bipartidismo es malo. Todos me quieren llevar a si quiero o no sacar al gobierno.
¿Pero quiere eso o no?
Yo quiero ganar con mi partido y capaz que no es en esta elección ni en la otra.
¿No tenía más posibilidades de lograr sus objetivos si seguía dando pelea dentro del partido que teniendo que armar una estructura fuera?
Quizás eso es cierto, pero por pensar así es que nadie cambia nada. En el FA nadie cambia nada porque están desesperados por renovar el contrato y es más fuerte el olor a poder y ganar de vuelta. En los partidos tradicionales pasa algo similar, más con los blancos que se sienten más cerca del poder. Esa lógica no la llevamos. Nunca hicimos la plancha. Nos podrán decir de todo…
Y se lo dicen.
Sí, pero no nos pueden decir que hicimos la fácil o que no corrimos riesgos de enfrentarnos a los liderazgos. Era imposible para nosotros ir detrás de alguien como Sanguinetti. Nunca apostamos a pescar en la pecera del 6% sino a tratar de ayudar a hacer crecer al Partido Colorado con gente de afuera o que se había ido.
¿Y Ernesto Talvi?
No fue un tema de análisis, no por «botijearlo».
¿Usted se siente lo suficientemente fuerte como para captar a una masa considerable de votantes?
No soy quien para decir eso.
¿Si se quedaba dentro del partido iba a tener que bajar su perfil?
Pero nunca bajamos ni uno ni dos cambios y tensamos la piola hasta que se rompió. No fue por un berrinche infantil. Caía mal que pensáramos distinto y que en una Rendición de Cuentas sintiéramos que estaba bueno hacer un acuerdo con el gobierno para llevar adelante determinadas cosas y por eso éramos Lucifer. Tanto que hicieron una Convención Nacional para decir que habíamos herido la sensibilidad de la colectividad colorada.
¿Se refiere a la Rendición de Cuentas que se votó el año pasado, cuando acordó con el FA?
Sí. Hicieron una pataleta con todo eso…y un partido plural no hace eso.
¿No era un momento para irse ese?
El Partido Colorado para mí era mi primera casa, mi primer amor desde los 18 años. Yo no tomé conciencia de lo grave que había sido eso hasta varios meses después.
¿Siempre previó que se iba a ir cuando anunció su retirada del partido o pensaba hacerlo más adelante?
Cuando empezó el Mundial fue un mes de catarsis y girábamos alrededor de lo mismo: el crecimiento del Partido Colorado a partir de que viene Sanguinetti es una muestra obscena de que el problema del partido es estructural.
¿Por qué?
Mayoritariamente, Sanguinetti es el que mejor representa lo que quedó del coloradismo.
La resaca ideológica del coloradismo la representa de manera perfecta. Por eso lo primero que hace es reunirse con Lacalle y Larrañaga, porque el prototipo colorado es el que piensa que Uruguay va a terminar como Venezuela. Ese es el colorado, en términos generales, que queda. Es absolutamente imposible convivir en un partido que lo único que quiere es mantener lo que quiere, nosotros no tenemos nada que hacer ahí. No tienen expectativa de futuro.
¿Cree que Sanguinetti retomó un camino que lleva al Partido Colorado al CTI?
Es peor. El juego es casi diabólico porque parece que Sanguinetti lo que hace es mejorar al partido. Sanguinetti logra recauchutar alguna chapa que se voló y parece que mejora, pero es una mejora circunstancial y no queda nada después de eso. Nosotros proyectábamos el cambio del Partido Colorado a 20 o 30 años. Esto es un retroceso. La recuperación electoral es lo último, primero hay que hacer una recuperación ideológica.
¿Los porcentajes de intención de voto no le aceleran el pulso?
No me alteran en lo más mínimo. Es pan para hoy y hambre para mañana.