El orgullo que sus alumnos aún la recuerden con cariño

Su madre la llamó Lira Esther, pero es conocida por todos como “Lithé” Avellanal, “incluso yo me conozco como Lithé”, dijo entre risas al iniciarse la entrevista. Va a cumplir 86 años y goza de gran lucidez y simpatía por la vida, manteniendo vivo el amor por la lectura, que la atrapó desde niña cuando con tan solo 7 años se trepaba a un árbol de su casa a leer su libro favorito “Botón Tolón”. 9 5 16 005
Vivió desde niña en la casa de sus abuelos, en Artigas 1047, junto a sus padres, su tía y su marido José Bourdin, y luego que la vida se los fue quitando, se refugió en sus hijos, sus nietos y bisnietos, con quienes hoy mantiene los lazos familiares más fuertes.
Lithé es una mujer autodidacta, que llegó a la docencia impulsada por el profesor Luis Alberto Thevenet, a quien considera su “padre en la docencia”, recordándolo con gran cariño por haberla introducido en un mundo que amó y desarrolló con pasión, como lo es la literatura. Hoy, recuerda con regocijo sus primeras clases y cuenta sobre el encuentro con quienes fueron sus alumnos que día a día le ofrecen gestos de cariño cuando la ven.

¿Cómo fue su infancia y su incursión en la docencia?
“Fui prácticamente hija única, porque era la única mujer y la más chica de todos mis primos, yo tenía 11 años cuando nació mi hermano, que lamentablemente falleció después. Papito, era mecánico dentista, trabajó desde los 14 años. Mi madre era ama de casa y ayudó mucho a mi padre cuando él se enfermó y terminó ella con su oficio hasta que se hizo viejita. Mi infancia fue muy feliz porque tuve gente que me mimó mucho, era la nena de la familia. Cuando terminé el bachillerato ayudaba al profesor Luis Alberto Thevenet, quien fue el padre de mi docencia, me prestaba libros, me orientaba y me inclinó aún más por las letras, que ya me gustaban desde chica. Cuando salí del preparatorio hice una suplencia de tres grupos del profesor Varela y desde ahí nunca dejé de dar clases. Yo fui completamente autodidacta en mi docencia, dirigida y ayudada por Luis Alberto”.

¿Recuerda sus primeras clases?
“Mi primer grupo era el tercero A y me acuerdo como si fuera hoy. Mis alumnos en ese entones tenían muy poca diferencia de edad conmigo, yo tenía 23 años y ellos entre 15 o 16 años. Me acuerdo muy bien de Daniel García da Rosa, el “gordo” Chouhy como le llamábamos con cariño y Galliazzi, porque cuando había un poquito de revuelo en la clase, ellos que se sentaban en el primer banco se daban vuelta y decían ¡cállense la boca!, tenían más autoridad que yo. Pero gracias a Dios me fui del liceo invicta, porque nunca tuve problema de conducta con ninguno. Al contrario, me siento muy orgullosa cuando me encuentro con muchachos y muchachas en la calle que me dicen ¡hola profesora!, y se acuerdan de mi. Me recuerdan con cariño y eso me llena de alegría porque pienso que les llegué muy bien. Me pasa una cosa muy curiosa, yo estoy en el coro de la Uni 3 y el profesor José Pedro Huvatt, fue alumno mío y cuando me ve me dice ¡se acuerda de Don Quijote! (risas)”.

¿Antes se enseñaba diferente?
“Teníamos un programa muy completo y lindo, que llevaba desde literatura griega hasta literatura moderna, era muy completo y variado. Se lo llevaba cronológicamente y los chicos terminaban sabiendo de todas las épocas, llevaban un orden que ahora no se sigue. Mis nietos a veces me consultan cosas y yo les digo ¿no puede ser qué no sepas lo que pasó? Un día, mi nieta me empezó a hablar del modernismo y yo le dije ¡para eso tenés que saber las corrientes que lo originaron! y de eso no sabía nada, no le habían enseñado y en eso no estoy de acuerdo”.

¿Qué pasa con la lectura hoy en día?
“Ahora no leen y eso es terrible. No estoy contra lo moderno y las computadoras, me parece bien que recurran a eso para consultar, pero ahora se lo dan todo cocinado. Supongamos que tengan el capítulo tal de El Quijote, ellos no van al texto a leer, van a la computadora y sacan solo lo que necesitan y pasan por alto todo lo demás y como tienen todo a la mano eso anula su imaginación. Aparece muy segmentado todo y leer es fundamental para mantener fresca la cabeza”.

¿Siempre tuvo esa misma pasión por la lectura?
“Sí, a mi me encanta leer, cuando yo era pequeña y me iba de vacaciones a la estancia de un tío, tenía un arbolito que era mío y me subía a él con un libro que se llamaba Botón Tolón. Me lo leía de principio a fin y desde entonces continué leyendo siempre hasta hoy. Puede ser que ese gusto por la lectura sea un poco innato o por genética, porque la familia Avellanal ha sido muy lectora y mis hijos han sido lectores también”.

¿Cómo fue su vida junto a Luis Bourdin?
“Yo lo vi parado en la puerta del cine Metropol y eso fue amor a primera vista, por lo menos para mi. Cuando lo vi me dije, con ese hombre me voy a casar. Yo tenía 15 años en ese momento y él era 5 años mayor. Nos conocimos y empezamos a salir. El trabajaba en la barraca Americana (zona portuaria) y me hacía la pasadita en ómnibus, a las 12 menos 20 pasaba por casa y yo lo esperaba en la puerta, entonces él me tiraba billetitos. Salíamos mucho, íbamos a la Vía Blanca, a tomar un helado, al Sorocabana a tomar un café. Siempre acompañada. Después pasamos a hablar en el zaguán como se solía hacer, hasta que formalmente tuvo que pedirle a papito mi mano. Mi padre era sumamente celoso, no sé lo que le dijo ese día, porque a mi me hicieron salir para afuera del escritorio, pero se acordó que me visitaría lunes, miércoles y viernes; pero yo hacía trampa, porque los martes y jueves cuando tenía clases de inglés en el Anglo, él me esperaba sentado en la vereda para vernos un ratito. Hasta que al final se hizo de la familia, simpatizó mucho con mi madre y me acompañó y ayudó mucho con mi padre cuando estuvo enfermo. Mi padre que era tremendamente celoso en un principio después lo tuvo como hijo. Estuvimos 8 años de novio y 43 años casados. Nos casamos el 10 de abril de 1954 y ahí nacen mis tres hijos, Ricardo, Gustavo y Mauricio, tengo 6 nietos y varios bisnietos”.

¿Vivieron un tiempo en Corrientes (Argentina)?
“Cuando mi marido terminó el trabajo en la represa de Salto Grande se fue a trabajar a la represa de Yacyretá en Corrientes (Argentina). Entonces inicié mi jubilación para irme con él. En ese lugar vivimos 3 años, a mi me gustó mucho, pero mi marido nunca se adaptó. Allí, desarrollamos una amistad con Sheila Jack, a quien conocía desde antes pero allí afianzamos aún más la amistad y hoy continuamos ese contacto. En ese sentido, fueron momentos muy lindos, ella fue mi sostén, mi amiga íntima, íbamos con Luis a mirar televisión en su casa, jugábamos Scrabble, la pasábamos muy bien”.

¿Participó en la Comisión Honoraria de Cultura?
“Sí, fui miembro durante mucho tiempo de la Comisión Honoraria Municipal de Cultura, cuando Campos (Nery “Toto”) era presidente. Yo me encargaba de la parte literaria”.

¿También trabajó junto a la Dra. Jacinta Balbela de Delgue?
“Sí, porque trabajé 20 años en el Poder Judicial, entré por concurso y trabajé junto a la Dra. Jacinta Balbela de Delgue, (magistrada uruguaya y ministra de la Suprema Corte de Justicia entre 1985 y 1989). Era una mujer maravillosa, que además de tener una gran sabiduría era una belleza de mujer como persona, con ella compartí muchos años y tengo muy buenos recuerdos”.

¿Cómo analiza su vida?
“Mi vida fue como la vida de toda la gente, con problemas, con alegrías, con altibajos, pero siempre haciendo lo que me gustaba, la lectura y la música. Hoy me dedico a hacer lo que me gusta, leer lo que se me da la gana.
Me gusta mucho García Márquez, Jorge Amado y muchos más”.







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