El premio a ‘El clan’ en Venecia consolida al realizador argentino

Regresar al Lido ha sido una manera de cerrar el círculo. Hace 16 años, Pablo Trapero (San Justo, Argentina, 1971) presentó su primer largometraje, Mundo grúa, en una sección paralela de la Mostra de Venecia. Desde entonces, el cineasta ha construido su carrera con pie firme hasta alcanzar la consagración que supone El clan, donde reconstruye la historia real de una familia que practicó secuestros y ejecuciones en los primeros años ochenta. Al frente de ese clan se encontraba Arquímedes Puccio, un economista y exdiplomático de los servicios secretos que escogió como víctimas a los ricos amigos de uno de sus hijos, estrella del rugby.
Durante su ascenso, Trapero habrá contado con el apoyo de los grandes festivales europeos, en los que ha sido una presencia fija desde hace más de una década. Sin embargo, el León de Plata al mejor director, que la Mostra le concedió el sábado por El clan, es el primer premio de envergadura que se mete en el bolsillo. ¿Lo interpreta como un ascenso definitivo a la primera división del cine de autor? “Los premios ayudan mucho, pero son las películas las que deben hacer ese trabajo. Ganar en Venecia es importante e inolvidable, pero creo mucho en el poder de las películas”, explicaba Trapero, con una templanza sorprendente, poco después de llevarse el galardón.
Abrir un diálogo desde
la ficción
El debutante Lorenzo Vigas, ganador del León de Oro por Desde allá, confía en que su película termine generando “un diálogo” entre los venezolanos. “No hice esta película para que gustara a todo el mundo. La hice para que la gente pudiera hablar de problemas sociales, políticos y económicos muy graves que tenemos en Venezuela y en toda Latinoamérica”, dijo. Vigas espera que la película termine “creando discusión” e instó a sus compatriotas, divididos por diferencias sociales y políticas, a “hablarse más”. Biólogo molecular reconvertido en director de documentales y publicidad, el cineasta de 48 años es hijo del fallecido artista plástico Oswaldo Vigas. Ayer abandonó Venecia para dirigirse al Festival de Toronto, donde también presentará desde allá.
En cambio, el director considera que sí tiene una dimensión simbólica, al reconocer el buen estado de salud del cine latinoamericano. Para Trapero, esta doble victoria demuestra que no es un fenómeno anecdótico. “Nuestras películas no son accidentes. Estamos haciendo un cine que compromete a públicos distintos, en los festivales y en las salas, con cintas que logran cruzar países e incluso océanos. Los premios conseguidos en Venecia demuestran que este cine es una realidad”.