El silencio que dice mucho

Hasta qué punto el que calla otorga. O hasta qué punto es buena cosa decir que el silencio es la mejor respuesta que le podemos dar a nuestro adversario o enemigo, o que es el mayor grito de reclamo que podemos hacer ante una injusticia. Son cosas que dan para pensar. Pero cuando las situaciones se siguen generando sin dar respuestas concretas y solamente generan más dudas, incertidumbre y malestar, hasta dónde es bueno seguir en silencio. Hasta dónde ese silencio no es complaciente, ya que no hace ruido.libres
Si bien podemos decir que la Marcha del Silencio, que se realiza cada 20 de mayo, porque fue esa la fecha en la que se encontraron asesinados los cuerpos de dos legisladores uruguayos emblemáticos de la lucha por la libertad y la democracia de aquella época, como fue el caso de Zelmar Michelini, un batllista de pura cepa que como sus convicciones eran tan profundas se fue del Partido Colorado de Pacheco Areco, porque de su mano esa colectividad se había convertido en autoritaria, antidemocrática y conservadora al extremo de apoyar una dictadura, y fundó junto a otros Batllistas como Líber Seregni y el también general Licandro, el Frente Amplio.
El otro legislador emblemático que mataron y cuyo cuerpo fue encontrado ese mismo día junto al de Michelini, fue el del “Toba” Héctor Gutiérrez Ruiz, un nacionalista de ley y de sangre, que defendió a su país de todas las maneras posibles y que junto a Zelmar Michelini la palabra justicia social era pan de todos los días en sus aleccionantes discursos.
A ellos primero los secuestró la Policía de la dictadura argentina y luego se los entregó a los cobardes de la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) que no eran otra cosa que un grupo de delincuentes y asesinos cobardes, con credencial para matar otorgada por el mismísimo gobierno de la época y financiada por la oligarquía argentina (empresarios, industriales y estancieros) que hoy se sabe por la declasificación de documentos, que les daban dinero para que cometieran sus crímenes.
Esa fecha es utilizada desde hace 22 años por los familiares de los detenidos desaparecidos que dejaron los autores de la última dictadura militar en Uruguay, para ejercer una presión popular sobre los poderes públicos y tratar de hacer que el corporativismo militar, que es muy fuerte, rompa el silencio y apoye las investigaciones que según el gobierno se vienen haciendo con el fin de dar con el paradero de los mismos.
Los familiares, la inmensa mayoría de ellos solo quiere encontrar los restos de sus hijos, padres y hermanos, porque entienden que ya están muertos, pero necesitan tener un lugar “donde llevarle una flor”, como dijo Luisa Cuestas, esa mujer que es ejemplo de vida y que habla con el dolor de varias décadas sin respuestas, sin odio ni rencor sino buscando tener una tumba donde poder estar con él.
Es un derecho humano básico el que no se está cumpliendo. Y el gobierno del Frente Amplio que tanto habló del tema es responsable de que nada ocurra. “¿Querés que los torturemos?”, me dijo con sorna ante el comentario de que el gobierno de izquierda debe hacerse cargo de que nada se consiga aún, cuando estaba culminando la marcha en la Plaza Treinta y Tres, un veterano tupamaro que estuvo preso en su momento.
No creo que sea necesario llegar a esa brutalidad, sino que con un trabajo de inteligencia e intentando romper con el corporativismo militar que es el problema mayor para conseguir información, se puede empezar a generar algo que puede terminar en resultados posibles. En definitiva, con profundizar la investigación, como ocurre con la de cualquier crimen, se puede ganar algo para empezar a terminar con tanto silencio que siembra heridas que no cierran a pesar de las décadas.
Pero para lograr algo, hay que generar un estado de cosas que permitan el desenvolvimiento de un montón de sucesos, acuerdos, pactos, muestras de fe pública, que den lugar a respuestas contundentes sobre un tema que es de todos los uruguayos y que con el silencio que ha tenido con el paso de los años, no logra nada más que poner el tema de los desaparecidos en la agenda del año, como el caso de la marcha por los derechos de la Mujer.
Aunque sobre todas las cosas en estos casos la sociedad y la clase política, empezando por su dirigencia, debe tener seriedad y coherencia. Porque no puede haber entre quienes caminan en reclamo por el derecho de la mujer, hombres que tienen denuncias en violencia doméstica por maltratar a una de ellas cuando no su propia esposa. Así como tampoco puede haber entre quienes participan en la Marcha del Silencio, hombres y mujeres que por un lado se llenan la boca aborreciendo lo que pasó durante la dictadura militar uruguaya y por el otro, apoyan en forma expresa al gobierno autoritario de Venezuela y a la dictadura cubana, que es tan dictadura como la que lideró en su momento el Goyo Alvarez.
Entonces en qué quedamos. Porque no hay dictaduras de izquierda ni de derecha, hay dictaduras. Eso también echa por tierra en cierta medida los reclamos de quienes por un lado dicen una cosa y por otro lado, apoyan o quieren otra. Aunque si bien es cierto que el reclamo que llevan adelante es genuino y legítimo, también tienen que saber que lo que reclaman debe ser coherente con sus actitudes y pensamientos.
Pero esa libertad que tanto se pregona para apoyar una cosa u otra, o para expresar sus pensamientos y formas de querer cambiar las cosas, tienen razón de ser porque vivimos en una sociedad democrática, que respeta la libertad y que pide responsabilidad a las personas a la hora de decirse las cosas, y eso es parte de lo que hemos podido ver en todo este tiempo que llevamos publicando nuestra forma de ver el mundo a través de estas páginas.
Por eso, hoy celebramos junto a los compañeros con los que cada día hacemos este diario, el poder alcanzar las 20.000 ediciones y en mi caso, las más de 700 columnas escritas en 12 años de manera ininterrumpida cada lunes.
Por eso, reclamo libertad para hacer y decir, pero coherencia y sobre todo dar la cara con cada expresión y no esconderse como hacen muchos, para hacer valer ese derecho a la libertad de expresión que como sociedad hemos sabido conquistar. Y para terminar, que haya muchas marchas más para reivindicar nuestra memoria sobre lo ocurrido, pero que haya acción del gobierno para que no sea necesario seguir portando carteles y nombres de gente que aún 40 años después, sigue sin aparecer.

POR: HUGO LEMOS







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