El sueño de concretar la Fundación Planke y su museo

Con Teodomira “Nena” Olivera, viuda del Profesor Walter Planke

Con el sueño de crear un museo con el nombre de su querido Walter, Teodomira “Nena” Olivera, viuda del profesor, pintor y restaurador de esculturas Walter Planke, dialogó con EL PUEBLO para esta sección y contó como fue su vida junto al artista plástico y estudioso de la arqueología y las experiencias extraterrestres o extrasensoriales, con quien dijo compartir “las mismas locuras”.14 10 16 004
“Nena” (como le dicen sus amigos y familiares), mostró su gran sencillez, simpatía y soltura para hablar durante el tiempo en que nos recibió, lo que nos hizo sentir como en nuestra propia casa. Su fascinante estado de ánimo apenas se embargó por la melancolía durante unos minutos, al sentirse dolida por ver que “los años pasan y nadie se acuerda” de la figura de Planke. Pero de inmediato se incorporó con su ímpetu soñador “sería como un reconocimiento ¿sabés que lindo sería?, lo tendríamos precioso entre la hija y yo, le pondríamos Fundación Planke. Me encantaría eso. Y va a salir, yo se que algún día va a salir”, comentó “Nena “ Olivera.

¿Cómo siente que Salto recuerda al Profesor Planke?
“Yo creo que se va a recordar por muchísimo tiempo. A veces se me arrima una persona mayor o una chica joven y me dicen cosas, que fueron sus alumnas o lo conocían de tal lado. Yo creo que va a ser recordado siempre porque dejó mucho en la gente, pero también lo ignoran y yo me enojo y me digo -¡bueno, ta, chau!. Pero es bastante olvidado a veces, e injustamente olvidado. Pero no importa, el valor está en quienes lo quisieron de verdad y lo llevan en el corazón”.
¿Y usted, cómo lo recuerda?
“Él fue profesor de dibujo, de geología, pintor, restaurador de pinturas y escultura, hacía de todo. Era muy apasionado por muchas cosas. Le apasionaban los extraterrestres y “La Aurora”. Aquella “Aurora” que era antes, porque ahora no es la misma. Antes era la estancia La Aurora y con Walter íbamos a acampar y tuvimos experiencias extraordinarias, pero después ya no fue lo mismo, cambió mucho, antes iba el que creía, tenía su lugarcito en el campo y podía quedarse. Yo lo acompañaba siempre. Estuvimos casados 44 años y tuvimos tres hijos, Fernando (un médico cardiólogo que vive en San José), Antonio (que trabaja en Arapey) y Sofía (su hija más chica, que vive en Concordia y es casada con un abogado). Pero yo venía de un matrimonio anterior y ya tenía tres hijos más”.
¿Compartían muchas cosas juntos?
“Sí (risas). Mirá, te voy a contar una cosa, nosotros nos conocimos leyendo y compartiendo las locuras, porque yo siempre digo que no lo conquisté porque fuera linda. Él tenía muchas admiradoras, porque Walter era muy buen mozo. Pero se enamoró de mi porque hablábamos el mismo idioma, éramos medio locos los dos. Empezamos a hablar, a comentar los mismos libros que leíamos, a hablar de los extraterrestres, una pasión que los dos compartimos. Pero no fue un flechazo, fue poco a poco. Hablábamos el mismo idioma y si bien yo nunca pinté, yo siempre me metía y opinaba y él me hacía caso. Yo le decía – ¿a vos te parece que esto va acá?- y él quedaba mirando y pensando. Y no creo que estuviera mal lo que opinaba porque él siempre me hacía caso y le quedaba precioso todo (risas). Nosotros eramos muy andariegos, teníamos un Ford Ocho y salíamos por ahí. Yo manejaba y lo sacaba por todos lados y él hacía sus bosquejos. Después llegaba a su taller y empezaba a plasmar en el lienzo”.
¿Vivieron durante mucho tiempo en el Museo María Irene Olarrega Gallino?
“Vivimos 16 años en el museo de Bellas Artes, criamos todos los hijos ahí. Él era el director del museo y pintaba y restauraba. Tenía en el sótano su taller y pintaba con una música muy suave, yo le cebaba mate, miraba lo que hacía, metía la cuchara y opinaba. Los gurises tenían un fondo enorme para jugar”.
¿Usted estuvo siempre dedicada a la casa y los hijos?
“Él daba clases en el liceo y en casa daba clases particulares de pintura. Yo casi siempre estaba ahí en la vuelta porque era muy celosa. En el fondo, desparramaban los caballetes y ahí Walter les daba el tema y les iba enseñando y los iba corrigiendo. Y yo miraba. Recién cuando Sofía se fue a las Capuchinas con 18 años, al año siguiente yo empecé a trabajar, en el CASMU, era administrativa, pero antes jamás trabajé, me dediqué siempre a la casa y a los hijos”.
¿Fue difícil ver a los hijos tomar vuelo?
“Yo no sufrí cuando los hijos tomaron vuelo, pero Walter sí. Cuando nos mudamos al barrio San Martín fue más bravo para él porque yo estaba en el apartamento frente a la escuela y él tenía el taller por Acuña de Figueroa, en el número 161. Ahí pintaba, recibía gente, tenía su museo, todo lo de él. Lo que pasa que yo me había enamorado del apartamento y cuando nos mudamos él se compró esa casita en Acuña de Figueroa y la reformó toda para armar su museo de arqueología. Pero la época más difícil fue cuando vivimos en calle Colón, ya en sus últimos días”.
¿El Profesor Planke dejó muchas obras?
“Sí, muchas, yo tengo todo guardado, son muchas cosas, está todo en cajas. Me gustaría que algún día pudiéramos abrir su museo, se llamaría Fundación Planke, yo siempre sueño antes de morir poder hacerla. Yo sola tengo como 20 cuadros y hay muchos cuadros de él por todos lados también. En el Museo de Arqueología hay como 400 flechas, meteoritos, piedras raras, de todo, de todo”.
¿Le gustaría concretar la Fundación Planke?
“Mi sueño es armar un salón de arqueología con sus obras, no para la venta, sería como un reconocimiento, ¿sabés que lindo sería? Lo tendríamos precioso entre la hija y yo, le pondríamos Fundación Planke. Me encantaría eso. Ese es mi sueño, pero no se si se va a cumplir porque los años pasan, nadie se acuerda y yo soy media corta para andar en esas cosas. La que siempre dice que en algún momento va a cumplir ese sueño y va a hacer su museo es mi hija Sofía, ella siempre dice que eso lo va hacer. Cada vez que viene vamos al cementerio a visitarlo, con sus hijas, las mellicitas. Pero va a salir, yo se que algún día va a salir su museo”.
¿Hay algún cuadro en particular que pueda destacar de Planke?
“Te puedo contar del cuadro que le hizo al Papa (Juan Pablo II) cuando vino. Cuando se lo fue a entregar, el obispo de esa época le dijo -¡sí, déjelo ahí que yo cuando pueda se lo entrego!- Ah, pero él se ofendió mucho con eso y se lo llevó para casa. Se lo dio después al Papa, pero él mismo. Esas cosas lo ofendían mucho, lo herían, porque sus pinturas las hacía con mucho amor”.
¿Cómo fue su vida con él?
“Mi vida con él fue como la de cualquier matrimonio. Teníamos nuestros agarres porque él era muy mujeriego y me celaba mucho. Eramos inseparables porque eramos muy celosos uno del otro. Pero eso nos unió mucho, leíamos lo mismo, tomábamos cerveza juntos, él, como buen alemán me transmitió ese gusto. Él era increíble, miraba una planta, se enamoraba de ella, y en un ratito te hacía un croquis y la dibujaba. Tenía esa cosa de bondad, si vos estabas mal, él se arrimaba y te decía una palabra, siempre ayudando al prójimo, era muy servicial, un ser muy especial”.







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