El torrente de Hindú

Hubo que verlo. Cuando Gabriel Pintos ejecutó el cuarto y definitivo penal, el hincha de Hindú trepó a lo más alto de la alambrada en el sector de la talud. Se volvió aventurero equilibrista. Los movimientos estudiados al toque.
¡No podía desparramar su humanidad en medio del delirio!
Aguardar nueve años para consumar la celebración y caerse, hubiese sido para él un acto de infame torpeza. Pero no.hindu uno Se la bancó, con su camiseta de Hindú en el pecho y el puño derecho extendiendo el grito. Esa imagen fue una síntesis.
Una síntesis perfecta de la locura del encendido final, cuando ya no hubo de dudas por las bandas. Hindú en el medio, en el eje, en el corazón del objetivo querido, soñado. Definitivamente alcanzado.
DE TODAS PARTES VIENEN…
La película de ese ayer en 1971, cuando Hindú fue Campeón Salteño por última vez, batiendo a Cerro 2 a 1. En esa Tribuna España, no pocos hinchas asistieron al último envión, traducido en los goles de Nelson “Negrillo” Hernández y Carlos Miñón. Y este Hindú, recogió la adhesión de los que volvieron a la cancha. De todas partes llegaron y redoblaron las gargantas.
En ese antes, la fiesta montada. De los colores. De las camisetas. De las banderas. De los veteranos melancólicos y de los gurises reflotando el candoroso sentir por los colores.
Mientras allá en los altos del cielo, el Dr. Roberto Nicola Firpo y tantos, para sumarse al sábado vital. Al sábado de ellos. Bien de ellos.
EL PARTIDO…¿QUÉ PARTIDO?
Porque Hindú al cabo, pudo ganar. O pudo perder. Las chances de gol se sucedieron y por momentos fue danza frenética a la hora de la búsqueda, a despecho de la imperfección para resolver o las atajadas de antología por Cristian Frola en Hindú y Matías Núñez en Deportivo Artigas. Pero claro, todo lo que pasó se vuelve cuestión secundaria, casi que no tiene sentido, casi que no cuenta la cronología de los penales aunque Gustavo Caffre, Miguel Pereira y Gabriel Pintos no archivaran la receta en la ejecución, infalible, implacable, certera.
El partido en una final es eso que se vio. El sistema nervioso alterado frente al sofocón de la exigencia o la responsabilidad de ser o ser. No hay margen para el error tormentoso ni la idea a contramano. En lo posible, hay que acertar. Una final no ofrece desquite. Es inapelable.
JUSTO EN ESE 29 DE OCTUBRE
Porque en esa misma fecha, pero en 1988, Hindú sabe bien lo que pasó. hindu dos
Aquel 5 a 4 frente a Universitario y el ascenso a Primera División, en la noche en que Domingo Rufino Cáceres se convirtió en refuerzo del equipo y anduvo decapitando cabezas rivales a puro bombazo, hasta quedarse con la recompensa de cuatro goles que el hincha glorifica por siempre.
¡29 de octubre tenía que ser!
Por eso después de los penales, esta doble escena. La ofrenda de los jugadores a los hinchas. La comunión de ellos. Algunos minutos después, la entrega del trofeo de parte del Dr. Hugo Guerra, Fernando Bueno y Ángel Jesús Errecalde.
Y en la sede, el reencuentro de generaciones. Los de ayer y los de hoy. Valió la pena.
Porque retornó este Hindú con tantas leyendas. Con tantos memorables que se enfundaron la camiseta. El Hindú tres veces Campeón Salteño: 1954, 1959 y 1971.
No es un equipo más. Es un equipo con etiqueta, ahora por allá, en el barrio Dos Naciones donde ambiciona acuñarse. ¡Esa es su ambición!
Para no sentirse en soledad. Ser parte de una legión humana, y que entonces el trillo se prolongue.
Como Hindú que es.
¡Y como torrente que es!
-ELEAZAR JOSÉ SILVA-







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