El uruguayo guardián de las fortunas ocultas de argentinos

Panamá Papers.

Cara visible de uno de los estudios jurídicos más importantes de Uruguay, Juan Pedro Damiani resultó una pieza clave para que numerosos argentinos pudieran acogerse al blanqueo que impulsó Mauricio Macri . ¿Por qué? Porque ayudó a esos postulantes a falsificar documentos que debieron presentar ante la AFIP, según surge de Panama Papers, una investigación impulsada por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ). damiani con eugenio figueredo

A los 60 años, Damiani conoce todos los secretos de los argentinos que triangulan su dinero hacia paraísos fiscales. La llamada «ruta del dinero K», los giros millonarios al exterior de Val de Loire -sociedad accionista del Hipódromo de Palermo- y la pata sudamericana del FIFA-gate pasaron por su oficina de Montevideo.
Nuevos documentos de Panama Papers confirman que Damiani controló una llave de Helvetic Services Group, la financiera suiza que colaboró en el blanqueo de US$33 millones para Lázaro Báez y que también intervino en operaciones para otros argentinos.
En julio de 2011, por ejemplo, un empresario argentino dueño de un laboratorio, había vendido su empresa por US$15,7 millones a una multinacional. Necesitaba mover US$4 millones que estaban depositados en Suiza al Principado de Liechtenstein, pero buscaba, además, ocultar su nombre. Acudió, vía Damiani, a los servicios de Helvetic.
¿Qué hizo Damiani? Pidió ayuda a Mossack Fonseca, que ofreció un prestanombres: Edmund Ward. Suegro de uno de los fundadores del estudio panameño, Ward apareció también en Val de Loire, la sociedad que recibió giros millonarios desde la Argentina.
Con las pantallas de Helvetic y Ward, el empresario argentino nunca fue localizado por la AFIP, tal como publicó el semanario Búsqueda de Uruguay en abril de 2016. Inventaron un falso contrato de trabajo para Ward (que Damiani antedató diez años) para simular una posterior indemnización que justificara la transferencia de esos dólares.
Cinco años después, ese empresario volvió a acudir a Damiani para pedirle los papeles necesarios para ingresar en el sinceramiento fiscal argentino. Blanqueó US$15 millones, la misma cifra por la que había vendido su laboratorio, operación por la que nunca había tributado.

«Deber ser»
Ante la consulta del equipo argentino de los Panama Papers, el abogado de Damiani, Jorge Barrera, defendió a su cliente. «Podrá discutirse la actuación de los estudios uruguayos desde el punto de vista del ‘deber ser’ o desde el consenso internacional actual, pero siempre han respetado las leyes uruguayas vigentes. Damiani no incurrió en ninguna irregularidad administrativa o penal, ni se benefició de opacidad alguna en su labor», respondió.
Su relación con Helvetic, sin embargo, llevó a Damiani hasta Comodoro Py. El juez Sebastián Casanello lo llamó a indagatoria y le dictó falta de mérito en la causa por «la ruta del dinero K», pero la investigación sigue en curso y podría complicarlo. Liechtenstein informó que Damiani figuró como el beneficiario final de una cuenta a nombre de la filial uruguaya de Helvetic en el Banco LGT.
Por su parte, la Unidad de Información Financiera (UIF) acusó a Damiani por las transferencias que recibió en el LGT Bank.
Él las identificó como propias, pero la Justicia sospecha que esos giros pertenecen, en realidad, a argentinos.
«Yo no intermedio, asesoro. No soy el típico banquero al que le das plata y se la presta a otro. Los clientes nos pagan para evitar cometer errores con su dinero», dijo Damiani allá por 2009 en una entrevista con el diario El País de España.
«El gran problema de este país es que el éxito, y no me refiero solo al económico, se castiga», agregó.
¿Otros clientes argentinos? La familia de Ernesto Martelli, el número dos del Ministerio de Modernización que figuró como dueño de una sociedad offshore con inmuebles en Punta del Este.
Damiani antedató documentos de otra sociedad vinculada a los Martelli, Goldenberg Financial Corporation.
«Por favor, adjuntar un modelo de nota con fecha de jueves 13 de enero de 2005. Y un acta de junta de accionistas, con fecha 14 de enero de 2005», pidió el estudio uruguayo.
Un detalle: el correo con ese pedido había sido enviado por Damiani a Mossack Fonseca seis meses después de aquella fecha.ß Con la colaboración de Guillermo Draper, de Búsqueda (Uruguay).

(LA NACION)







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