En Biblioteca Felisa Lisasola Se presentó el “Diccionario del Español del Uruguay”

Ante un público de unas treinta personas, fue presentado el pasado viernes el “Diccionario del Español del Uruguay”, en la Biblioteca Felisa Lisasola. Para ello llegó desde Montevideo Juan Justino Da Rosa, subdirector del Departamento de Lengua y Literatura de la Academia Nacional de Letras, institución que llevó a cabo el trabajo de elaboración. Las palabras de presentación estuvieron a cargo del Director de Cultura de la Intendencia, Mario Kroeff. Cabe recordar que este Diccionario fue publicado por Ediciones de la Banda Oriental sobre fines del año pasado, y se lo promocionó como una actividad más de las enmarcadas en las celebraciones del Bicentenario.
La exposición de Da Rosa –de una hora –, por su claridad, amenidad y cantidad de información logró captar inmediatamente el entusiasmo de los asistentes. Entre ellos llamó la atención el escasísimo número de docentes, en especial maestros o profesores de Lengua, pero lamentablemente es algo que se viene repitiendo desde hace ya un buen tiempo.
Homenaje al lexicógrafo Daniel Granada, “un
salteño de afecto”
Juan J. Da Rosa comenzó su disertación expresando que se trataba de un acto de justicia presentar este diccionario en nuestra ciudad, en tanto lo consideraba un homenaje a un importante lexicógrafo que trabajó desde Salto, en un diccionario que de alguna manera sentó las bases del actual Diccionario del Español del Uruguay: “un salteño de afecto que se llamó Daniel Granada, que se radicó en Salto en 1885 y escribió el primer diccionario regional del español, que se llamó “Diccionario rioplatense razonado” y es fundador de la lexicografía rioplatense, es el tercer lexicógrafo de América que hace un diccionario regional, que es reconocido hoy mundialmente. Estuvo construyendo su diccionario radicado acá en Salto, era doctor, pero su vocación fue la de lexicógrafo y se convirtió en el representante más importante y reconocido en el Uruguay y en el Río de la Plata por su primer diccionario, que apareció en 1889, y dos años después una segunda edición ampliada y corregida con el aval de Juan Valera que era una de las grandes autoridades que respaldaba este tipo de actividades. Entonces creemos justo y necesario consagrar en esta obra el nombre de Daniel Granada, que de alguna manera es hija de ese primer esfuerzo que estuvo en estos suelos. No se movió de aquí hasta que se fue para España en 1904”, expresó.
Se pretende un
alcance más amplio
Pero el Diccionario del Español del Uruguay pretende una mayor amplitud respecto a aquel trabajo de Granada. “Pretende cumplir una misión similar, pero pretende que sea más amplio el alance del caudal que recoge”, explicó Da Rosa. Sucede que aquel diccionario de 1889 y reeditado en 1901, “no recoge lenguaje vulgar, por ejemplo, no recoge ni un solo extranjerismo excepto los indigenismos, pero no van a encontrar anglicismos, ni galicismos, ningún término que no tenga que ver con lo que en aquel momento se pretendía que era la pureza del español contra la invasión de las lenguas extranjeras. Su diccionario de alguna manera es purista porque descarta el lenguaje popular de plano, no existe el lenguaje popular en el diccionario de Granada, sí existen las palabras indígenas y las palabras de origen español que toman otro significado acá, pero no entra en la polémica que estaba en pleno auge de las palabras que tienen que ver con el lunfardo por ejemplo. Ahí estaban apareciendo los primeros diccionarios de lunfardo, que pretendían mostrar que había un lenguaje popular diferente del que hablaban todos los hablantes cultos de las ciudades americanas”. Sin embargo, “es un diccionario que desde el punto de vista técnico es sumamente valioso porque es documentado, se ocupó de seleccionar términos de uso rioplatense y luego de mostrar con documentos de época el uso de esos términos. Nos permitió a nosotros hoy, 120 años después, hacer un estudio diacrónico de la lengua en algunos casos a partir de esos magníficos materiales que este lexicógrafo pudo reunir, promover y divulgar, que es lo más importante, sobre fines del siglo XIX”.
“Hoy en día se busca la descripción geográfica del español”
Algunos minutos de la presentación destinó Da Rosa a explicar cómo ha cambiado la consideración que se tiene de España desde el punto de vista lingüístico, pasando de ser la referencia rectora ineludible en el manejo de la lengua a ser hoy simplemente un lugar más donde se la habla. Al respecto dijo: “En estos momentos lingüísticamente se considera que España es un lugar más, antes se creía que era España la que determinaba el uso del español. Hoy día, el diccionario que se está corrigiendo en la Real Academia Española, y el Diccionario de Americanismos que salió en 2010, tiene como 50.000 términos de todos los países hispano hablantes, incluso de España, cuando el término es propio de España dice “España”, cosa que nunca pasó antes, porque se partía del supuesto que el español era de España y después nosotros éramos los invitados, usábamos o no determinadas palabras. Ese concepto ha cambiado drásticamente y hoy en día se busca la descripción geográfica del español independientemente de orígenes, patrimonios, de reales o no reales academias, y sí basada en estudios científicos de la extensión de uso, de modalidades de habla, de formas de pronunciar el español, de uso de terminología diferenciadora”.
Primera norma: un
diccionario que no
sea excluyente
Enfatizó el disertante en la idea de amplitud que debe tener un diccionario, para lo cual es necesario investigar absolutamente en todos los ámbitos sociales. “Este diccionario pretende presentar un corpus léxico que sea lo más descriptivo posible del habla de los uruguayos. Para eso la primera norma que hay que cumplir es que no sea excluyente, a priori, de ningún término, cosa que la historia de los diccionarios tiene sus altibajos para mostrar que por criterios de purismo, a veces de defensa de la lengua con respecto a los extranjerismos, ha tenido infinidad de variables para ser más abierta o más cerrada, para incluir o no determinados términos, para aceptarlos como uso en una determinada colectividad. El criterio nuestro y de la lexicografía actual en general es totalmente a la inversa: veamos qué usa la comunidad, cómo se expresan los hablantes y en función de eso hagamos un manual que los represente. Aquí están en pie de igualdad palabras de uso mal sonante, como se decía en la época del purismo o no purismo, y palabras de uso culto, palabras de uso cotidiano, palabras de uso juvenil y palabras obsolescentes que ya usan sólo los viejos, palabras anticuadas que ya no hay hablantes que las usen… En ese pie de igualdad el trabajo de la Academia ha sido el de tratar de ser lo más vasta posible…Hay distintos ámbitos a los que la investigación ha tenido que arribar, no hay ninguno que no sea necesario, todos deben tener representación, si no están es por nuestra incapacidad de haber podido llegar, porque no nos dio el tiempo, o no tuvimos suficientes materiales o suficientes informantes para poder capturar ese léxico e  incorporarlo en este diccionario”, expresó.

Ante un público de unas treinta personas, fue presentado el pasado viernes el “Diccionario del Español del Uruguay”, en la Biblioteca Felisa Lisasola. Para ello llegó desde Montevideo Juan Justino Da Rosa, subdirector del Departamento de Lengua y Literatura de la Academia Nacional de Letras, institución que llevó a cabo el trabajo de elaboración. Las palabras de presentación estuvieron a cargo del Director de Cultura de la Intendencia, Mario Kroeff. Cabe recordar que este Diccionario fue publicado por Ediciones de la Banda Oriental sobre fines del año pasado, y se lo promocionó como una actividad más de las enmarcadas en las celebraciones del Bicentenario.

La exposición de Da Rosa –de una hora –, por su claridad, amenidad y cantidad de información logró captar inmediatamente el entusiasmo de los asistentes. Entre ellos llamó la atención el escasísimo número de docentes, en especial maestros o profesores de Lengua, pero lamentablemente es algo que se viene repitiendo desde hace ya un buen tiempo.

Homenaje al lexicógrafo Daniel Granada, “un

salteño de afecto”

Juan J. Da Rosa comenzó su disertación expresando que se trataba de un acto de justicia presentar este diccionario en nuestra ciudad, en tanto lo consideraba un homenaje a un importante lexicógrafo que trabajó desde Salto, en un diccionario que de alguna manera sentó las bases del actual Diccionario del Español del Uruguay: “un salteño de afecto que se llamó Daniel Granada, que se radicó en Salto en 1885 y escribió el primer diccionario regional del español, que se llamó “Diccionario rioplatense razonado” y es fundador de la lexicografía rioplatense, es el tercer lexicógrafo de América que hace un diccionario regional, que es reconocido hoy mundialmente. Estuvo construyendo su diccionario radicado acá en Salto, era doctor, pero su vocación fue la de lexicógrafo y se convirtió en el representante más importante y reconocido en el Uruguay y en el Río de la Plata por su primer diccionario, que apareció en 1889, y dos años después una segunda edición ampliada y corregida con el aval de Juan Valera que era una de las grandes autoridades que respaldaba este tipo de actividades. Entonces creemos justo y necesario consagrar en esta obra el nombre de Daniel Granada, que de alguna manera es hija de ese primer esfuerzo que estuvo en estos suelos. No se movió de aquí hasta que se fue para España en 1904”, expresó.

Se pretende un

alcance más amplio

Pero el Diccionario del Español del Uruguay pretende una mayor amplitud respecto a aquel trabajo de Granada. “Pretende cumplir una misión similar, pero pretende que sea más amplio el alance del caudal que recoge”, explicó Da Rosa. Sucede que aquel diccionario de 1889 y reeditado en 1901, “no recoge lenguaje vulgar, por ejemplo, no recoge ni un solo extranjerismo excepto los indigenismos, pero no van a encontrar anglicismos, ni galicismos, ningún término que no tenga que ver con lo que en aquel momento se pretendía que era la pureza del español contra la invasión de las lenguas extranjeras. Su diccionario de alguna manera es purista porque descarta el lenguaje popular de plano, no existe el lenguaje popular en el diccionario de Granada, sí existen las palabras indígenas y las palabras de origen español que toman otro significado acá, pero no entra en la polémica que estaba en pleno auge de las palabras que tienen que ver con el lunfardo por ejemplo. Ahí estaban apareciendo los primeros diccionarios de lunfardo, que pretendían mostrar que había un lenguaje popular diferente del que hablaban todos los hablantes cultos de las ciudades americanas”. Sin embargo, “es un diccionario que desde el punto de vista técnico es sumamente valioso porque es documentado, se ocupó de seleccionar términos de uso rioplatense y luego de mostrar con documentos de época el uso de esos términos. Nos permitió a nosotros hoy, 120 años después, hacer un estudio diacrónico de la lengua en algunos casos a partir de esos magníficos materiales que este lexicógrafo pudo reunir, promover y divulgar, que es lo más importante, sobre fines del siglo XIX”.

“Hoy en día se busca la descripción geográfica del español”

Algunos minutos de la presentación destinó Da Rosa a explicar cómo ha cambiado la consideración que se tiene de España desde el punto de vista lingüístico, pasando de ser la referencia rectora ineludible en el manejo de la lengua a ser hoy simplemente un lugar más donde se la habla. Al respecto dijo: “En estos momentos lingüísticamente se considera que España es un lugar más, antes se creía que era España la que determinaba el uso del español. Hoy día, el diccionario que se está corrigiendo en la Real Academia Española, y el Diccionario de Americanismos que salió en 2010, tiene como 50.000 términos de todos los países hispano hablantes, incluso de España, cuando el término es propio de España dice “España”, cosa que nunca pasó antes, porque se partía del supuesto que el español era de España y después nosotros éramos los invitados, usábamos o no determinadas palabras. Ese concepto ha cambiado drásticamente y hoy en día se busca la descripción geográfica del español independientemente de orígenes, patrimonios, de reales o no reales academias, y sí basada en estudios científicos de la extensión de uso, de modalidades de habla, de formas de pronunciar el español, de uso de terminología diferenciadora”.

Primera norma: un

diccionario que no

sea excluyente

Enfatizó el disertante en la idea de amplitud que debe tener un diccionario, para lo cual es necesario investigar absolutamente en todos los ámbitos sociales. “Este diccionario pretende presentar un corpus léxico que sea lo más descriptivo posible del habla de los uruguayos. Para eso la primera norma que hay que cumplir es que no sea excluyente, a priori, de ningún término, cosa que la historia de los diccionarios tiene sus altibajos para mostrar que por criterios de purismo, a veces de defensa de la lengua con respecto a los extranjerismos, ha tenido infinidad de variables para ser más abierta o más cerrada, para incluir o no determinados términos, para aceptarlos como uso en una determinada colectividad. El criterio nuestro y de la lexicografía actual en general es totalmente a la inversa: veamos qué usa la comunidad, cómo se expresan los hablantes y en función de eso hagamos un manual que los represente. Aquí están en pie de igualdad palabras de uso mal sonante, como se decía en la época del purismo o no purismo, y palabras de uso culto, palabras de uso cotidiano, palabras de uso juvenil y palabras obsolescentes que ya usan sólo los viejos, palabras anticuadas que ya no hay hablantes que las usen… En ese pie de igualdad el trabajo de la Academia ha sido el de tratar de ser lo más vasta posible…Hay distintos ámbitos a los que la investigación ha tenido que arribar, no hay ninguno que no sea necesario, todos deben tener representación, si no están es por nuestra incapacidad de haber podido llegar, porque no nos dio el tiempo, o no tuvimos suficientes materiales o suficientes informantes para poder capturar ese léxico e  incorporarlo en este diccionario”, expresó.