En el deporte “que no tiene tribuna” siempre hay que estar preparado para lo inesperado

Con Juan Carlos Latuada, instructor de Vela y presidente del Yacht Club Salto

Se vinculó a la náutica del lado argentino pero una vez que descubrió el Yacht Club de Salto no dudó en participar activamente del mismo. Fue instructor de vela, presidente y actualmente es integrante de la Comisión Fiscal. Hizo AL DORSO-notar que la primera competencia a nivel mundial fue de vela, en Inglaterra en el año 1852, mucho antes que las competencias de fútbol pero reconoció que la vela es un deporte que “no tiene tribuna”. Destacó de este deporte la influencia que tiene en la formación de la personalidad y como ayuda en la toma de decisiones, forjando un carácter que permite abordar las situaciones inesperadas y resolver los problemas con rapidez e incluso acomodarlos sobre la marcha, como
consecuencia de todo lo que se debe resolver sobre el barco. En esta sección, da cuenta de sus conocimientos sobre la náutica, su experiencia en la
navegación y la situación actual del Yacht Club Salto.

¿Cómo entró en contacto con la náutica?
“Allá por el año 86 más o menos, a través de un compañero de trabajo que le gustaba muchísimo la náutica, oriundo de Argentina, me invitó a empezar a navegar en el club San Luis (Argentina), donde él tenía su barco. Por ese entones, acá prácticamente no había nada. El Yacht Club se había fundado en el año 79. Yo empecé a navegar a vela en Argentina, con alrededor de 30 años y no sabía que había un club de este lado, que si bien tenía una existencia legal no tenía mucha actividad. Con el tiempo me dan ganas de comprar un velero, allá por el 94 y necesito un lugar para tenerlo por eso empiezo a averiguar por algo acá, de este lado. Ahí recién doy con el Yacht Club Salto, que en aquel entonces tenía un solo velero, de un contador, Juan Colina, que trabajaba en Salto Grande, pero en Buenos Aires y por eso yo no lo conocía. Él se había comprado un velero y lo trajo para Salto. Entonces estaba ese velero y el mío”.

¿Cómo fueron esos primeros años del Yacht Club Salto?
“El Yatch Club se fundó en 1986 pero con poca actividad, después, en el año 92 construyó su sede en colaboración con varios socios y en el 94 fue que me incorporé yo. Cuando caí en el club, estaba presidido por Juan Carlos Abarno, había gente trabajando y se hacían varias cosas como clases de vela para chicos, con los optimist, que son una clase de veleros para una sola persona de hasta 15 años y no más de 50 kg., se había formado una asociación con clubes del río Uruguay, haciendo regatas anuales. Esa actividad tuvo altibajos. Para ese entonces el instructor de vela era Alejandro Montero, un montevideano casado con una salteña, que estuvo un tiempo acá y después pasó al lado argentino a dar clases. Entonces, cuando se va, me plantea a mi para sustituirlo a él como instructor de vela para los chicos. Fue por el año 96 más o menos. Yo había estudiado bastante todo lo referido a la navegación a vela, tenía también bastante experiencia en regatas y ese tipo de cosas que había aprendido en un comienzo con la gente del lado argentino. Alejandro me pasó todos los materiales y me dio una mano en todo lo que significaba dar esas clases a los chicos, y empecé, como instructor de vela”.

¿Fue instructor de vela pero además ocupó la presidencia del club?
“Estuve hasta el año 2000 como instructor, fueron cuatro años. En esa época seguimos afiliados al Grand Prix del Río Uruguay, que era esa asociación de clubes que llegaba hasta Gualeguaychú y participamos en varias regatas con resultados muy interesantes dentro de las condiciones en que estábamos. Entre 2000 y 2006 estuve como presidente y actualmente formo parte de la Comisión Fiscal y colaboro en las clases junto al instructor de vela José Ignacio Quiroga, que es un joven que aprendió optimist conmigo”.

¿Qué particularidades tiene enseñar a navegar a los más chicos?
“Los chicos a los 6 o 7 años pueden empezar y son muy rápidos para aprender. En el término de un año es increíble lo que saben. Si pudieras ver la primera clase donde reciben las instrucciones básicas y verlos a las pocas horas, ya AL DORSO 0905 (copia)andan navegando solos. Los acompaña el instructor en otra lancha pero ellos manejan solos su barco. Después el afinar y desarrollar las técnicas de navegación es otra historia. Pero los chicos aprenden muy rápido todo. Cuando preparás a los chicos para una regata tenés que dejarles muy en claro las condiciones en las que se va competir. Si vamos a competir con gente que está hace mucho tiempo en esto y tiene mejores barcos, siempre les digo que vamos a fijarnos una meta más aproximada a lo que podemos hacer. En la vela, capaz lo más importante de todo no es ganarle al rival, como pasa en el fútbol por ejemplo, sino cumplir un objetivo y superarse a sí mismos, navegar hoy mejor que ayer y superar todo lo que se presente”.

¿La navegación ayuda a formar un carácter más decidido?
“La navegación es algo que es muy bueno para el fortalecimiento de la personalidad de los chicos, porque el chico va solo arriba del barco y las decisiones que tome son las que va a tener que afrontar. Ayuda a formar un carácter más independiente, sobre todo en la toma de decisiones. Arriba del barco hay que tomar decisiones sí o sí y si se equivoca hay que aguantar lo que venga, y corregir sobre la marcha si se puede, incluso si se tumba el barco que es lo peor que puede pasar, hay que saber que hacer en esos casos”.

¿Recuerda alguna de sus más grandes travesías?
“No he hecho grandes travesías, pero el viaje más largo que hice fue cuando vine de Montevideo a Salto. De ahí volví con un amigo, el mismo que me había enseñado a navegar en Argentina. Fue un viaje muy lindo porque fuimos parando.
Pero hay otras personas que han hecho travesías más largas. La náutica tiene mucho eso de disfrutar estar sobre el agua”.

¿Debió afrontar dificultades?
“Yo he podido navegar el río Uruguay, el río de la Plata, el río Paraná. Y en los cursos de náutica siempre se hace hincapié en que hay que estar preparado para afrontar todo tipo de situaciones. Porque navegar donde hay 20 km/h de viento y sol, se aprende rapidísimo. El tema es que hacer cuando tenés tres metros de ola y viento fuerte o se te rompió algo. En estos años, me ha pasado de todo, he roto el timón, la vela. Por eso los barcos tienen que estar preparados con todo un equipamiento o bien tener la posibilidad de pedir ayuda”.

Entonces, ¿hay qué estar bien preparado para salir a navegar?
“Siempre les enseño a los muchachos que hay que estar preparado para esperar lo inesperado. Aunque una de las cosas que hacemos siempre antes de salir a navegar es mirar pronósticos de tiempo, porque la náutica no es subirse a un barco y que el viento nos lleve. Es fundamental tener un conocimiento pleno del medio en que nos movemos, del aire y del agua, y del barco en el que vamos. Tenemos que conocer también las medidas de seguridad que tenemos para afrontar lo que pueda pasar y un conocimiento de la tripulación que llevamos. Hay que saber hasta donde puedo llegar yo y hasta donde puede llegar el que me acompaña”.

¿Tuvo miedo alguna vez?
“Todas las precauciones que tomes no te va a evitar tener problemas, ni te va a evitar sentir miedo. Pero lo fundamental es saber que hacer en esos momentos y hacer lo que hay que hacer a pesar del miedo que puedas llegar a tener. Y sí, te da miedo”.

¿Hoy como está el Yacht club ?
“El club es abierto, siempre lo fue. No cobramos matrícula de inscripción. Hoy estamos con entre 150 y 200 socios. Hay una docena de veleros y una veintena de lanchas, más algunas que se suman del otro lado.
El club tiene entre siete y ocho optimist en condiciones de navegar y 2 veleros clase Punta del Este para adolescentes. Es un club que está abierto y aspira a crecer”.







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