En los 54 años de EL PUEBLO

Cuando entré por primera vez a la redacción del diario, el primer jueves de febrero del año 2000, para incorporarme a la plantilla de periodistas, no tenía idea de que estaba iniciando el ejercicio de una de mis pasiones en la vida, el periodismo.
Quizás los primeros pasos nunca dicen mucho y son todo experiencia, todo es nuevo, todo es ensayo y error, todo es aprender y observar a los demás, es leer para saber, conocer y relacionarse para empezar a transitar por un camino que además de ser mágico, debe ser tomado con seriedad y responsabilidad.
Desde entonces pasaron muchas cosas. Gente que dejó su huella en este lugar y que ya no está, otra que sigue estando y mantiene sus lineamientos de trabajo, otros que entran con las expectativas de no saber qué les espera y otros que apasionados por lo que hacemos, dejamos todo cada día en la cancha, aunque a veces el rendimiento sea como el de la Selección Uruguaya, ganando por goleada en algunos casos y en otros sintiendo que hubo empate con sabor a derrota o una goleada espantosa.
Pero lo más importante en esta tarea fascinante que tenemos la suerte de desempeñar y de la que además podemos aprender mucho más todos los días, es querer aprender, saber que cometemos errores a diario y asumirlos para no volver a errarle. Y si bien errar es humano, el amor por quienes nos rodean debe ser el más fuerte y tenemos que saber valorar las cosas que tenemos con nosotros, antes de chillar por lo que no tenemos, por lo que creemos que nos falta y que nuestra ansiedad nos hace creer que nunca vendrán. Pero como dice el dicho: Todo pasa, porque al final, todo llega en su justo momento.
Desde ese primer jueves del mes de febrero del año 2000, entro todos los días a esta sala de redacción con las ganas de hacer mi trabajo lo mejor posible, generando información que la gente necesite saber, problematizando la noticia en lo posible para que de lugar al análisis del contexto donde se producen las cosas y así aportar a una mejor calidad de la información.
En todo ese proceso, este diario, que el viernes cumplió 54 años de vida, ha sufrido transformaciones de todo tipo y aunque las mismas siempre tendieron al mejoramiento del mismo en distintos aspectos, es bueno por sobre todas las cosas destacar un aspecto que lo diferencia de muchos otros medios de comunicación de Salto y de nuestro país, y no es otra cosa que la independencia periodística.
Esa independencia que nos permite informar los hechos que deben ser revelados ante la opinión pública, pero que tienen el respaldo suficiente como para ser dados a conocer y que también nos permite analizar y opinar en las distintas columnas que se vierten en sus páginas sobre los distintos temas que hacen a los problemas que importan en nuestra sociedad.
A esa independencia debo agregar otro valor importante que viene de la mano con este primer concepto, de lo contrario sería imposible llegar a él, que es el del respeto por la libertad de trabajo. Y esa libertad, que cada periodista ha ido ganando en la medida que lleva adelante su tarea con responsabilidad y la seriedad que la misma merece, permite tener la amplitud suficiente como para marcar la diferencia y expresarnos, exponernos y someternos al escrutinio del público con nombre y apellido, algo que es sumamente destacable, porque son contados con los dedos de las manos los medios de comunicación que sobre todo en Salto e incluso en el país, permiten a sus periodistas expresarse a través de sus páginas, micrófonos o cámaras, acerca de lo que ellos creen, con sus ideas, sus opiniones, sus críticas y sus cuestionamientos.
Tengo sobradas razones para decir que este diario no tiene mejor manera de rendirle tributo a sus honrosos 54 años de existencia, que respetando la libertad, pregonando la tolerancia y estableciendo la diversidad de ideas, porque la pluralidad es uno de los elementos esenciales de la vida en democracia y desde los medios de comunicación debemos defender e impulsar ese valor con acciones. Y no solo con palabras a través de editoriales que escriben sus directivos e incluso sus colaboradores, pero que en la práctica son acciones prohibidas para sus periodistas.
Podría enumerar varios casos en los que me sentí respaldado por la Dirección de este diario, como cuando a los corporativismos médicos y agropecuarios, a sectores políticos, a militantes de los distintos partidos, a sindicalistas, a gobiernos que decían impulsar la libertad pero que terminaron demostrando lo contrario en el día a día cada vez que se les decía algo que no les gustaba, e incluso cuando algunos lectores decidieron dejar de comprar el periódico por estar disconformes con lo que se decía desde esta página, cuando por otro lado salen a decir que defienden la libertad de expresión.
Pero son muchos más los casos en que fui respaldado de los que pueda enumerar, porque esos que mencioné son apenas de los que me he enterado. Esto no refleja otra cosa que valorar a las personas, ponderar su dignidad como trabajadores y transmitirles confianza a los periodistas por la labor que realizan, porque si un periodista no recibe eso del medio para el cual trabaja, en realidad no tiene nada, solamente está pisando en la cuerda floja del otro, el que la puede mover cuando lo necesite y hacerlo caer fácilmente sin ponerle una red abajo para que no se lastime.
Creo que existe la libertad del periodismo porque me la han hecho sentir, pero sobre todas las cosas creo que en estos 54 años EL PUEBLO ha ido adquiriendo esa madurez que poco a poco nos ha permitido a todos transitar y explorar caminos que años atrás, ni siquiera nos animábamos a pensarlo.
No nos tiembla el pulso a la hora de criticar y cuestionar al poder, no porque nos creamos mejores que alguien, no porque sintamos la vanidad de considerar que podemos estar por encima de una persona que cumple un rol determinado en la sociedad, donde tiene que tomar decisiones y seguramente en ese marco puede equivocarse mucho, sino porque cuando asumimos esta tarea entendimos cuál era nuestro trabajo. Y no es otro que el de la búsqueda de la verdad.
Pero ojo con esto, porque no puede malinterpretarse esta tarea y entonces la verdad deberá ser una mirada con equilibrio, con certezas, pero sobre todo con la capacidad para discernir y para contribuir desde el medio a la búsqueda de soluciones de la sociedad de la que somos parte.
Y en todo este tiempo eso es lo que estamos haciendo, o al menos lo intentamos en lo cotidiano a través de estas páginas, y luego de celebrar el cumpleaños número 54 de nuestro diario, sentimos que poco a poco, paso a paso, estamos transitando hacia ello, con mucho para andar todavía, pero con el rumbo marcado.

Cuando entré por primera vez a la redacción del diario, el primer jueves de febrero del año 2000, para incorporarme a la plantilla de periodistas, no tenía idea de que estaba iniciando el ejercicio de una de mis pasiones en la vida, el periodismo.

Quizás los primeros pasos nunca dicen mucho y son todo experiencia, todo es nuevo, todo es ensayo y error, todo es aprender y observar a los demás, es leer para saber, conocer y relacionarse para empezar a transitar por un camino que además de ser mágico, debe ser tomado con seriedad y responsabilidad.

Desde entonces pasaron muchas cosas. Gente que dejó su huella en este lugar y que ya no está, otra que sigue estando ylibre mantiene sus lineamientos de trabajo, otros que entran con las expectativas de no saber qué les espera y otros que apasionados por lo que hacemos, dejamos todo cada día en la cancha, aunque a veces el rendimiento sea como el de la Selección Uruguaya, ganando por goleada en algunos casos y en otros sintiendo que hubo empate con sabor a derrota o una goleada espantosa.

Pero lo más importante en esta tarea fascinante que tenemos la suerte de desempeñar y de la que además podemos aprender mucho más todos los días, es querer aprender, saber que cometemos errores a diario y asumirlos para no volver a errarle. Y si bien errar es humano, el amor por quienes nos rodean debe ser el más fuerte y tenemos que saber valorar las cosas que tenemos con nosotros, antes de chillar por lo que no tenemos, por lo que creemos que nos falta y que nuestra ansiedad nos hace creer que nunca vendrán. Pero como dice el dicho: Todo pasa, porque al final, todo llega en su justo momento.

Desde ese primer jueves del mes de febrero del año 2000, entro todos los días a esta sala de redacción con las ganas de hacer mi trabajo lo mejor posible, generando información que la gente necesite saber, problematizando la noticia en lo posible para que de lugar al análisis del contexto donde se producen las cosas y así aportar a una mejor calidad de la información.

En todo ese proceso, este diario, que el viernes cumplió 54 años de vida, ha sufrido transformaciones de todo tipo y aunque las mismas siempre tendieron al mejoramiento del mismo en distintos aspectos, es bueno por sobre todas las cosas destacar un aspecto que lo diferencia de muchos otros medios de comunicación de Salto y de nuestro país, y no es otra cosa que la independencia periodística.

Esa independencia que nos permite informar los hechos que deben ser revelados ante la opinión pública, pero que tienen el respaldo suficiente como para ser dados a conocer y que también nos permite analizar y opinar en las distintas columnas que se vierten en sus páginas sobre los distintos temas que hacen a los problemas que importan en nuestra sociedad.

A esa independencia debo agregar otro valor importante que viene de la mano con este primer concepto, de lo contrario sería imposible llegar a él, que es el del respeto por la libertad de trabajo. Y esa libertad, que cada periodista ha ido ganando en la medida que lleva adelante su tarea con responsabilidad y la seriedad que la misma merece, permite tener la amplitud suficiente como para marcar la diferencia y expresarnos, exponernos y someternos al escrutinio del público con nombre y apellido, algo que es sumamente destacable, porque son contados con los dedos de las manos los medios de comunicación que sobre todo en Salto e incluso en el país, permiten a sus periodistas expresarse a través de sus páginas, micrófonos o cámaras, acerca de lo que ellos creen, con sus ideas, sus opiniones, sus críticas y sus cuestionamientos.

Tengo sobradas razones para decir que este diario no tiene mejor manera de rendirle tributo a sus honrosos 54 años de existencia, que respetando la libertad, pregonando la tolerancia y estableciendo la diversidad de ideas, porque la pluralidad es uno de los elementos esenciales de la vida en democracia y desde los medios de comunicación debemos defender e impulsar ese valor con acciones. Y no solo con palabras a través de editoriales que escriben sus directivos e incluso sus colaboradores, pero que en la práctica son acciones prohibidas para sus periodistas.

Podría enumerar varios casos en los que me sentí respaldado por la Dirección de este diario, como cuando a los corporativismos médicos y agropecuarios, a sectores políticos, a militantes de los distintos partidos, a sindicalistas, a gobiernos que decían impulsar la libertad pero que terminaron demostrando lo contrario en el día a día cada vez que se les decía algo que no les gustaba, e incluso cuando algunos lectores decidieron dejar de comprar el periódico por estar disconformes con lo que se decía desde esta página, cuando por otro lado salen a decir que defienden la libertad de expresión.

Pero son muchos más los casos en que fui respaldado de los que pueda enumerar, porque esos que mencioné son apenas de los que me he enterado. Esto no refleja otra cosa que valorar a las personas, ponderar su dignidad como trabajadores y transmitirles confianza a los periodistas por la labor que realizan, porque si un periodista no recibe eso del medio para el cual trabaja, en realidad no tiene nada, solamente está pisando en la cuerda floja del otro, el que la puede mover cuando lo necesite y hacerlo caer fácilmente sin ponerle una red abajo para que no se lastime.

Creo que existe la libertad del periodismo porque me la han hecho sentir, pero sobre todas las cosas creo que en estos 54 años EL PUEBLO ha ido adquiriendo esa madurez que poco a poco nos ha permitido a todos transitar y explorar caminos que años atrás, ni siquiera nos animábamos a pensarlo.

No nos tiembla el pulso a la hora de criticar y cuestionar al poder, no porque nos creamos mejores que alguien, no porque sintamos la vanidad de considerar que podemos estar por encima de una persona que cumple un rol determinado en la sociedad, donde tiene que tomar decisiones y seguramente en ese marco puede equivocarse mucho, sino porque cuando asumimos esta tarea entendimos cuál era nuestro trabajo. Y no es otro que el de la búsqueda de la verdad.

Pero ojo con esto, porque no puede malinterpretarse esta tarea y entonces la verdad deberá ser una mirada con equilibrio, con certezas, pero sobre todo con la capacidad para discernir y para contribuir desde el medio a la búsqueda de soluciones de la sociedad de la que somos parte.

Y en todo este tiempo eso es lo que estamos haciendo, o al menos lo intentamos en lo cotidiano a través de estas páginas, y luego de celebrar el cumpleaños número 54 de nuestro diario, sentimos que poco a poco, paso a paso, estamos transitando hacia ello, con mucho para andar todavía, pero con el rumbo marcado.

Hugo Lemos