En versos de Carlos Ardaix: la sensibilidad de un poeta ante un río que “se hinchó de orilla a orilla”

Fuertemente en el Romanticismo, pero en realidad en todas las épocas, la naturaleza ha sido una de las mayores inspiraciones para un artista. También lo ha sido lo que algunos han llamado la “cuestión social”, que genera un arte comprometido socialmente, instrumento de concientización y lucha a favor de los más desposeídos. Pero, días pasados, cuando leíamos el poema titulado “Creciente”, de Carlos Ardaix (que él mismo, generosamente, nos hiciera llegar para esta página de EL PUEBLO), pensábamos que se da allí la unión de ambas fuentes de inspiración: la naturaleza (río desbordado) y lo social (impacto económico en los más pobres).
No es Carlos Ardaix alguien nuevo en la composición poética; es el comunicador y periodista autor de libros de poemas y el compositor de canciones. Es quien no desconoce, por ejemplo, el manejo de la rima asonante en los versos pares (que se da en este poema por la coincidencia en la repetición de la vocal a-a), que bien manejada es un valioso aporte al ritmo y la musicalidad del texto. Pero, lo más importante es que a diferencia de poemas donde la preocupación por la “cuestión social” predomina sobre lo artístico y terminan siendo meras palabras llenas de coloquialismos y carentes de literariedad, en “Creciente”, ambos elementos mantienen su fuerza intacta.
Nos referimos a que está presente la pobreza, el dolor, la desesperanza…, pero a través de imágenes muy ricas en tanto no descuidan el manejo artístico del lenguaje, imprescindible en toda creación literaria: “la blanca mansedumbre de las garzas” o “los que pescan el dulce pan de sus escamas”, son algunas muestras de ello. El poeta tiene la palabra:

CRECIENTE

El río se hinchó de orilla a orilla
Cambiando su tono de agua clara
Por ese marrón que no respeta

La blanca mansedumbre de las garzas
El río trocó la maravilla
De trinos meciéndose en las ramas
Por esta turbia pesadilla
Que deja a los hombres sin palabras
El río se olvidó de los que pescan
El dulce pan de sus escamas
Enfiló sus potros desbocados
Al regazo indefenso de sus casas

La creciente no espera,
No tranza, no perdona.
Desafía la paz de los que sueñan
Atropella el portal de la esperanza
La creciente tiene algo de demonio
Que crece perverso de su entraña
Destrozando surcos y praderas
Avasallando pueblos y distancias

El río tembló de orilla a orilla
Y sentí frío hasta en el alma
Entonces rogué por los que sufren
Pues perdieron la paz que trae el alba

C. Ardaix
Salto, 25 de abril 2016







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