Enrique Cesio presentó sus “Memorias Ilustradas”, donde recorre “los últimos ochenta años”

En la nochecita de ayer miércoles, en un colmado salón de actos del Centro Comercial, quedó “presentado en sociedad” (como se acostumbraba a decir antes) el libro “Memorias Ilustradas – Los últimos 80 años”, de Enrique ESC. ENRIQUE CESIOCesio. Como lo adelantáramos en ediciones anteriores, el libro tiene nada menos que 600 páginas, con más de 100 fotografías, en las que Cesio relata episodios de la vida local y nacional, de los que ha sido partícipe, o testigo al menos.
La publicación cuenta con el auspicio del Instituto Cultural Anglo Uruguayo y del Centro Comercial e Industrial de Salto. En las solapas del libro se destaca al autor (nacido en Salto en 1934) en sus múltiples facetas: escribano, docente, periodista, dirigente político, investigador, al tiempo que se hace referencia a sus ya varias publicaciones, las que incluyen investigaciones y ensayos históricos, pero también narrativa y poesía.
La presentación de ayer (que comentaremos en próximos días) estuvo a cargo del Profesor José Luis Guarino (otro experimentado trabajador de la educación y las letras) con quien el Escribano Enrique Cesio compartió durante varios años no solamente momentos de salas docentes y pasillos de liceos, sino también de Redacción en Diario EL PUEBLO.
Por el momento, compartimos las palabras del autor escritas como “Proemio” del libro, a las que nos atrevimos a agregarle subtítulos:
Un retorno a mi pasado
“Una mañana del azul cielo salteño otoñal, mientras en mi breve terraza veía pasar hojas de las plantas de mi carmen –tan mínimo y escaso comparado con los granadinos- también las palomas cumplían la parte mala de su ser, aquella tan alejada de sus símbolos de paz y transparencia. En esa hora tan silenciosa y virtual, inicié un retorno a mi pasado, a añorar los amigos muertos; a soñar con los besos furtivos de la adolescencia; a recordar las calientes asambleas estudiantiles; las silenciosas noches de custodia del Corpus Christie en el Cerrito; a rodar de nuevo con Fellini, Bergman y Chaplin aquellas inolvidables obras de arte; a pensar en los estudios, el noviazgo, el casamiento y los hijos y la partida de los antepasados.
El tímido sol fue ascendiendo cuando perdí noción de las horas, mientras el cúmulo de memorias seguía avasallante. Regresaron los actos notariales; las clases de historia, los liceos, los compañeros y los alumnos; el gremialismo y la política. Salto Grande y la Visita de San Juan Pablo II; el Anglo, la casa amiga, la dictadura y el retorno democrático: la Regional Norte.
No es autobiografía
La tarde anterior había visitado mi casa un joven en busca de algunos datos y al comprobar que la inmensa mayoría de los hechos y los protagonistas de aquellas gestas, le resultaban sonidos nuevos y ninguna vinculación con su vida, acepté apresuradamente la justificación de comenzar a escribir sobre “los últimos ochenta años”, los que iba a cumplir poco después.
Desde la primera letra me impuse no considerarlo una autobiografía, por dos razones: la primera, que pueden hacerlo con cierto derecho grandes personalidades y yo ciertamente, no lo soy. Segundo, que me parece ese tipo de narrativa no es la más apetecida.
Todas las referencias a mi persona se incluyeron simplemente para darle contexto a las historias que deseaba fijar en el papel, o porque se trataba de hechos de los cuales fui testigo y necesitaban ser confirmados por algún dato para no parecer una mera invención.
Tampoco novela o cuento, ni libro de historia de Salto
Estas largas páginas, ilustradas gracias a la buena costumbre de guardar y a las oportunidades que la digitalización permite, no desean ser una investigación. Solamente para confirmar si la memoria estaba en condiciones, hice alguna verificación de exactitud. Tampoco se trata de una novela ni de un cuento largo: acá no hay ficción alguna. Tampoco es un ensayo, porque no pretende sacar conclusiones sobre personas o épocas.
Menos aún es un libro de la historia de Salto, aún cuando muchas cosas son parte indisoluble de nuestra memoria colectiva. Ni el orden de los capítulos tiene una relación cronológica estricta, ni me ha preocupado ir y volver en el relato. Por simples razones de ir observando cambios que en estos ochenta años han sido tantos, procuré mantener cierta cercanía entre vida y época.
Un título exacto
Pude buscar un título enigmático y literario, como “Hurgando en el desván”; o “Sueños cumplidos y de los otros”; o “Para ilustración de los ignorantes”; o quizá “Una vida agitada”, u otros, pero preferí el que lleva, absolutamente exacto en lo que es el libro.
Acá no está todo, quizá podría haberlo hecho farandulesco y material no hubiera faltado. También podría ser intimista y describir ideas, ansias y deseos, pero como la publicidad de lo íntimo me parece un pecado imperdonable, encontrará muy pocas cosas de ese tipo.
Para hacernos más conocedores
Tampoco seré hipócrita: no negaré que espero esto sea bien leído y apreciado, que viejos, medianos y jóvenes, puedan volverse un poco más conocedores de estos tiempos que yo he vivido. Yo y mis circunstancias, como señala el filósofo, que en este caso son mucho más las circunstancias que el autor”.