Entre críticas y admiración, Europa se despide de Obama

Tras la derrota del dos veces presidente de Estados Unidos, el mundo espera saber qué viene ahora

BERLÍN — Cuando un joven candidato demócrata a la presidencia llamado Barack Obama se presentó ante la Columna de la Victoria en Berlín en 2008 para exponer su visión de esperanza y cambio, estaba rodeado de 200.000 europeos eufóricos, ansiosos de darle una oportunidad. Estaban cautivados por su juventud, su herencia multiétnica y su optimismo (“Sí podemos”). Lo veían como alguien más parecido a ellos, un cambio de George W. Bush y la arrogancia estadounidense cristalizada en la invasión a Irak, a la que Alemania y Francia siempre se opusieron. Hoy, tras la elección presidencial, casi todo el mundo está a la espera de saber qué sucederá después de una despiadada campaña para remplazarlo. Sin embargo, en Europa, la salida de Obama también es el capítulo final de una relación complicada. Aunque se va con índices de aprobación altos en Estados Unidos, el legado de Obama en Europa está lejos de ser definitivo, como muestran entrevistas con diversos europeos y analistas de relaciones exteriores. Su popularidad está teñida de decepción por sus fracasos, y de melancolía por el optimismo que abanderó.
También está la dura realidad de los problemas que enfrenta Europa (los más importantes son una Rusia más beligerante y una crisis migratoria implacable), que se han agravado desde que Obama cautivó por primera vez a la multitud en Berlín hace ocho años. Para algunos, la cautela y pasividad de Obama han contribuido a ocasionar ambos. Moni Schneid, de visita en la Columna de la Victoria desde Stuttgart, donde dirige un negocio de alimentos para 13 escuelas, sigue siendo su seguidora. “Fue realmente maravilloso que una persona de color pudiera llegar a la presidencia; respeto mucho lo que ha logrado”, dijo. “Pero ningún presidente puede lograr lo que quiere. Hay demasiadas piedras en el camino. Y a cada paso hay alguien diciendo: ‘No, no se puede’”. Dieter Bösche, de 71 años, dijo haberse sentido asombrado ante la efusión de esperanza con la que el mundo recibió a Obama, a quien se le otorgó el Premio Nobel con base en expectativas y no en logros. “Me siento mal por él. Estoy decepcionado”, comentó Bösche. “Tal vez las ataduras políticas le impidieron desarrollar sus esperanzas y las nuestras. Eso es más claro ahora para nosotros en la campaña presidencial de Estados Unidos”.
OBAMA, DIJO, “ERA NUESTRA ESPERANZA, NUESTRA ESPERANZA, ES POR ESO QUE ES TAN TRISTE”
Claro que Obama cometió errores, aceptan los entrevistados, en especial en la forma en la que se manejó la situación en el Medio Oriente y su relación con su contraparte ruso, Vladimir Putin. Además, muchos no están contentos con que la prisión de Guantánamo no se haya cerrado, como Obama prometió. No obstante, elogian el acuerdo nuclear con Irán, la apertura hacia Cuba y la renuencia de Obama a ir a la guerra. Se sienten emocionados por la que probablemente sea su última visita como presidente, cuando regrese a Berlín a mediados de noviembre para encontrarse una vez más con la canciller Angela Merkel, quien también está ahora debilitada por su antigüedad en el cargo y la crisis migratoria. Las opiniones de los europeos se reflejan en una encuesta realizada esta primavera por el Pew Research Center en diez países de la Unión Europea. Las encuestas indican que Obama inspiró más sentimientos positivos entre los europeos después del impopular presidente Bush.
Más de la mitad de los participantes siguen expresando su confianza en Obama, en cifras de aprobación mucho más altas que las de Bush.
Norbert Röttgen, el presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Bundestag, dijo que para los europeos el legado de Obama seguirá siendo mayormente positivo. Subrayó en específico los logros del presidente con Irán y Cuba, y el sistema nacional de salud.
(The New York Times