Entrevista a Emmanuelle Almira una mujer extraordinaria con una historia fascinante

Autora de “Despertar en Teherán”

Emmanuelle Almira llegó hasta nuestra ciudad a presentar su libro, “Despertar en Teherán” en el marco del “Ciclo de presentación de libros de autores uruguayos” organizado por EL PUEBLO y Random House Mondadori. Conversando con ella pudimos descubrir a una mujer extraordinaria con una historia fascinante.
- Su libro trata de su experiencia de niña en Teherán, ¿pero cómo llega usted ahí?
- Nací en Senegal, mi padre era ingeniero y había nacido en Argelia, de donde tuvo que irse durante la revolución, después se fue a Francia, cuando se recibió de ingeniero consiguió un trabajo en Túnez y después otro puesto en Senegal, donde nací. Cuando estaba por cumplir los 4 consiguió un nuevo trabajo en Teherán, en una empresa francesa.
- ¿Qué trabajo hacía su padre?
- Mi papá era ingeniero civil y se había especializado trabajando en una empresa de seguridad que hacía cajas fuertes y diseñaba llaves de seguridad y las primeras alarmas. Él había ido a Teherán a abrir esa empresa en la época de oro de Irán, donde había muchísimas empresas extranjeras llegando porque el Emperador quería modernizar a Irán a toda costa y convertirlo en el Japón de Medio Oriente.
- Usted ha dicho que los recuerdos que le quedan de su experiencia en Teherán son gratos, los de una niña viviendo una fantasía entre príncipes y castillos. Sin embargo, al comienzo de su libro reconoce que debió pasar previamente por un proceso de terapia para poder destrancar algunos recuerdos.
- Sí, como viví en Buenos Aires mucho tiempo terminé pasando por el sillón de algún terapeuta pero en realidad el tema de Irán no lo hablaba, es más, hay mucha gente que me conoce y no sabía que yo había vivido allí y cuando publiqué el libro se sorprendieron. Irán para mí fue lo más fabuloso y lo más terrible que me pasó. O sea, cuando llegué a Irán había una monarquía, estaba el Emperador de Persia, el Sha Pahlavi, que dicen que era el hombre más rico del mundo, lo que yo veía con mi visión de niña de 4 o 6 años y que no tenía ni idea de los horrores que también cometía el régimen del Sha. Yo veía a un rey y a una reina, carrozas y príncipes que usaban capa violetas, como las películas de Disney, era como “Las mil y una noches”.
Irán, lo que antes fue el Imperio Persa, es un país con una cultura milenaria, una civilización muy antigua donde hay palacios, la biblioteca de Teherán era increíble, a donde nos llevaban una vez por semana y era descubrir esos libros antiguos con grabados, había emperadores que había tenido elefantes, leyendas de dragones que me contaban que vivían en el volcán que yo veía desde mi habitación porque Teherán está rodeada de montañas, habían jardines increíbles. Es una cultura muy rica y un lugar que despierta la fantasía de cualquier persona, más la de un niño.
- No es fácil mantener los recuerdos de tan niña…
- Era muy pequeña, lo que más recordaba de Teherán antes de empezar a escribir el libro eran sobre todo emociones, incluso algunos recuerdos dudaba si eran ciertos porque eran tan increíbles. Me preguntaba si era verdad que las flores crecían debajo de la nieve, y se trataba de los tulipanes, ¿era cierto que había fuegos que decían que ardían eternamente donde vivían los Reyes Magos? Y efectivamente ese lugar existe y la gente está convencida que de ahí los Reyes Magos habían sido enviados por un Emperador de Persia…
- ¿A Belén?
- Claro, habían hecho el viaje desde donde hoy es Irán. Así que yo tenía algunos recuerdos concretos de mi niñez y algunos de ellos que eran sobre todo emociones. Pero coincidió mi estadía en Irán con el despertar de la revolución islámica con la caída del Sha y con la llegada del integrismo islámico. Fueron cambios muy bruscos en muy poquito tiempo, en un período de dos años Irán cambió totalmente. Las mujeres pasaron de usar minifaldas a estar tapadas con un velo negro, bueno, no todas las mujeres usaban minifaldas, Irán es un crisol de culturas también dentro mismo del país. Así que se trató de la mayor revolución del siglo XX, y yo estaba ahí.
- El libro es el diario de la niña que usted fue porque se ve un correlato cronológico de su experiencia en Teherán, ¿por qué optó escribirlo de esa forma?
- Me llevó más de un año escribir el libro, mi primer desafío fue tratar de dejar en palabras los recuerdos que tenía, ver si esos recuerdos eran reales o no, tuve que hablar con las personas que habían estado ahí conmigo para que confirmaran que mis recuerdos eran ciertos. Después hice toda una investigación tratando de ver todo lo que yo recordaba si coincidía con todo lo que estaba ocurriendo a nivel político en Irán, como cuando el Sha se fue, recuerdo verlos en la televisión en un informativo cuando tomaban un avión para dejar el país, la llegada de ese señor de larga barba gris y todo vestido de negro que siempre estaba muy serio…
- ¿El Ayatolá Jomeini?
- Así es. Bueno, traté de escribir mi libro como si se tratara de un diario siguiendo mis recuerdos cronológicamente con lo que estaba aconteciendo en Irán en esa época.
- El año pasado la premiada película “Argo” recordó los sucesos de la toma de la Embajada de Estados Unidos en plena revolución en Irán en el mismo momento que usted se encontraba allí.
- El libro lo terminé hace más de un año y la película “Argo”, que recuerdo haberla visto con mi madre a fines del año pasado porque alguien que había leído mi manuscrito me dijo que tenía que verla, fue impactante, temblé durante toda la película, fue muy fuerte para mí porque encima con la toma de rehenes de la Embajada de Estados Unidos, mi mejor amigo que aparece en el libro se tuvo que ir.
- ¿Por qué “El despertar…” en el título de su libro? ¿Era el despertar suyo, el del país…?
- Creo que las dos cosas, fue por un lado mi despertar como niña, despertar también de darse cuenta que los reyes y princesas no eran como lo pintaban en los cuentos de hadas sino que había horrores que se cometían de ese lado…
- Eso se enteró de grande.
- Sí, pero también empecé a notar que había personas que se tenían que ir de un día para el otro, en la época del Sha también, intelectuales, periodistas o escritores que no podían decir todo lo que ellos querían. Y el despertar también de un pueblo, o sea, mucha gente que hizo la revolución iraní no estaba esperando la llegada de un integrismo islámico. Mucha gente que hizo la revolución eran jóvenes intelectuales que luego fueron reprimidos por una especie de contra revolución, fue pasar de un régimen autoritario a otro, aunque en realidad era una democracia porque el Ayatolá Jomeini fue elegido por el pueblo…
- En un momento de su libro recuerda parecerle raro festejar el 14 de julio en Teherán debido a sus raíces francesas aunque nació en Senegal, y al ver su historia de vida se la ve por varios países, ¿siente su pertenencia a algún país?
- Durante muchos años sentí eso como una falta el no tener un país, no me siento de ningún lado aunque soy de todos lados…
- ¿Cómo se siente no sentirse…?
- Lo veía como una carencia, me daba cierta envidia aquellas personas que tenían un lugar de origen y echaban esas raíces profundas como el patriotismo, cosa que yo nunca he tenido porque no me siento de ningún lado. Nací en Senegal, mi papá era oficialmente francés porque Argelia había sido una colonia francesa pero en realidad era quinta generación de españoles que vivían en Argelia. Mi madre es francesa, de chiquita viví en Irán, después me fui a París, luego a Argentina y ahora en Uruguay, y en todos lados me sentía como un poco diferente a los demás, y los demás también me veían como algo diferente. Acá en Uruguay piensan que soy porteña, en Buenos Aires creen que soy una europea que habla muy bien español, en Francia creen que soy una latinoamericana que hablo muy bien francés (risas).
Y cuando escribí el libro me di cuenta que en realidad era una riqueza lo de haber tenido la suerte de, además de haber vivido en muchos lugares, de viajar muchísimo. Mi padre siempre viajaba, le encantaba viajar, era muy aventurero, todos los años nos íbamos a un lugar diferente de vacaciones, nunca fuimos dos veces al mismo lugar. Eso lo considero hoy una riqueza de haber podido ver que no todo el mundo vive de la misma forma, que es importante respetar las diferencias culturales y religiosas, los diferentes puntos de vista y que la historia siempre tiene dos caras y no es necesariamente lo que le enseñan a uno en la escuela, y que es importante cuestionarse por qué las cosas ocurren, como las revoluciones por ejemplo. Creo que soy un poquito de todos lados.
- ¿El libro es una consecuencia de la terapia?
- No, si bien hice un poco de terapia en Buenos Aires nunca hablé de Irán, jamás. En realidad siempre escribí y me gusta muchísimo leer. Hace tres años estando en Uruguay, una mujer con la que hablaba me preguntó de dónde era, “¿sos francesa?”, “soy de Senegal”, ¿y de Senegal te viniste a Uruguay?”, “no, de Senegal estuve en Teherán”, “ah, ¿estuviste en Irán? ¿En qué época?”, y cuando le conté me dijo, “pero deberías escribir un libro”. Y recuerdo que en esa época estaba escribiendo otras cosas, tenía muchas ganas de publicar un libro y ahí me di cuenta que tenía una historia para contar, así que llegué a casa y comencé a escribir, “de niña viví en Irán”, la terapia que hice fue escribir este libro.
Fue muy emotivo escribir este libro, fue un año de explorar todas las emociones que tenía guardadas y darme cuenta y preguntarme, “¿puede ser que haya visto cuerpos colgando de un poste de luz cuando era pequeña?”, y si, podía ser. Ese miedo que tenía permanente que todo se derrumbaba de un segundo al otro, mi miedo a la oscuridad porque a la noche había cortes de luz durante la revolución por los sabotajes que hacían para crear un clima de inestabilidad. Encima como yo era pequeña nadie me hablaba, nadie me contaba lo que estaba pasando…
- Pero que veía…
- Y claro, porque yo veía cosas, y lo increíble que el horror se transformaba en algo banal, eso también lo escribo en el libro, porque uno se acostumbró a vivir con ese miedo permanente. Miedo a que las personas que yo quería desaparecieran de un segundo para el otro, miedo a encariñarme con personas que de un día para el otro se iban y nunca más sabía nada de ellos. Y el miedo también de volver a Irán, eso lo tuve muchos años hasta que escribí este libro, donde pude sacar mi historia, procesarla y entenderla. Tal vez el año que viene pueda hacer un viaje a Irán y reconciliarme con mis recuerdos.

Emmanuelle Almira llegó hasta nuestra ciudad a presentar su libro, “Despertar en Teherán” en el marco del “Ciclo de presentación de libros de autores uruguayos” organizado por EL PUEBLO y Random House Mondadori. Conversando con ella pudimos descubrir a una mujer extraordinaria con una historia fascinante.

– Su libro trata de su experiencia de niña en Teherán, ¿pero cómo llega usted ahí?

– Nací en Senegal, mi padre era ingeniero y había nacido en Argelia, de donde tuvo que irse durante la revolución, después se fue a Francia, cuando se recibió de ingeniero consiguió un trabajo en Túnez y después otro puesto en Senegal, donde nací. Cuando estaba por cumplir los 4 consiguió un nuevo trabajo en Teherán, en una empresa francesa.

– ¿Qué trabajo hacía su padre?

– Mi papá era ingeniero civil y se había especializado trabajando en una empresa de seguridad que hacía cajas fuertes y diseñaba llaves de seguridad y las primeras alarmas. Él había ido a Teherán a abrir esa empresa en la época de oro de Irán, donde había muchísimas empresas extranjeras llegando porque el Emperador quería modernizar a Irán a toda costa y convertirlo en el Japón de Medio Oriente.

– Usted ha dicho que los recuerdos que le quedan de su experiencia en Teherán son gratos, los de una niña viviendo una fantasía entre príncipes y castillos. Sin embargo, al comienzo de su libro reconoce que debió pasar previamente por un proceso de terapia para poder destrancar algunos recuerdos.

– Sí, como viví en Buenos Aires mucho tiempo terminé pasando por el sillón de algún terapeuta pero en realidad el tema de Irán no lo hablaba, es más, hay mucha gente que me conoce y no sabía que yo había vivido allí y cuando publiqué el libro se sorprendieron. Irán para mí fue lo más fabuloso y lo más terrible que me pasó. O sea, cuando llegué a Irán había una monarquía, estaba el Emperador de Persia, el Sha Pahlavi, que dicen que era el hombre más rico del mundo, lo que yo veía con mi visión de niña de 4 o 6 años y que no tenía ni idea de los horrores que también cometía el régimen del Sha. Yo veía a un rey y a una reina, carrozas y príncipes que usaban capa violetas, como las películas de Disney, era como “Las mil y una noches”.

Irán, lo que antes fue el Imperio Persa, es un país con una cultura milenaria, una civilización muy antigua donde hay palacios, la biblioteca de Teherán era increíble, a donde nos llevaban una vez por semana y era descubrir esos libros antiguos con grabados, había emperadores que había tenido elefantes, leyendas de dragones que me contaban que vivían en el volcán que yo veía desde mi habitación porque Teherán está rodeada de montañas, habían jardines increíbles. Es una cultura muy rica y un lugar que despierta la fantasía de cualquier persona, más la de un niño.

– No es fácil mantener los recuerdos de tan niña…

– Era muy pequeña, lo que más recordaba de Teherán antes de empezar a escribir el libro eran sobre todo emociones, incluso algunos recuerdos dudaba si eran ciertos porque eran tan increíbles. Me preguntaba si era verdad que las flores crecían debajo de la nieve, y se trataba de los tulipanes, ¿era cierto que había fuegos que decían que ardían eternamente donde vivían los Reyes Magos? Y efectivamente ese lugar existe y la gente está convencida que de ahí los Reyes Magos habían sido enviados por un Emperador de Persia…

– ¿A Belén?

– Claro, habían hecho el viaje desde donde hoy es Irán. Así que yo tenía algunos recuerdos concretos de mi niñez y algunos de ellos que eran sobre todo emociones. Pero coincidió mi estadía en Irán con el despertar de la revolución islámica con la caída del Sha y con la llegada del integrismo islámico. Fueron cambios muy bruscos en muy poquito tiempo, en un período de dos años Irán cambió totalmente. Las mujeres pasaron de usar minifaldas a estar tapadas con un velo negro, bueno, no todas las mujeres usaban minifaldas, Irán es un crisol de culturas también dentro mismo del país. Así que se trató de la mayor revolución del siglo XX, y yo estaba ahí.

– El libro es el diario de la niña que usted fue porque se ve un correlato cronológico de su experiencia en Teherán, ¿por qué optó escribirlo de esa forma?

– Me llevó más de un año escribir el libro, mi primer desafío fue tratar de dejar en palabras los recuerdos que tenía, ver si esos recuerdos eran reales o no, tuve que hablar con las personas que habían estado ahí conmigo para que confirmaran que mis recuerdos eran ciertos. Después hice toda una investigación tratando de ver todo lo que yo recordaba si coincidía con todo lo que estaba ocurriendo a nivel político en Irán, como cuando el Sha se fue, recuerdo verlos en la televisión en un informativo cuando tomaban un avión para dejar el país, la llegada de ese señor de larga barba gris y todo vestido de negro que siempre estaba muy serio…

– ¿El Ayatolá Jomeini?

– Así es. Bueno, traté de escribir mi libro como si se tratara de un diario siguiendo mis recuerdos cronológicamente con lo que estaba aconteciendo en Irán en esa época.

– El año pasado la premiada película “Argo” recordó los sucesos de la toma de la Embajada de Estados Unidos en plena revolución en Irán en el mismo momento que usted se encontraba allí.

– El libro lo terminé hace más de un año y la película “Argo”, que recuerdo haberla visto con mi madre a fines del año pasado porque alguien que había leído mi manuscrito me dijo que tenía que verla, fue impactante, temblé durante toda la película, fue muy fuerte para mí porque encima con la toma de rehenes de la Embajada de Estados Unidos, mi mejor amigo que aparece en el libro se tuvo que ir.

– ¿Por qué “El despertar…” en el título de su libro? ¿Era el despertar suyo, el del país…?

– Creo que las dos cosas, fue por un lado mi despertar como niña, despertar también de darse cuenta que los reyes y princesas no eran como lo pintaban en los cuentos de hadas sino que había horrores que se cometían de ese lado…

– Eso se enteró de grande.

– Sí, pero también empecé a notar que había personas que se tenían que ir de un día para el otro, en la época del Sha también, intelectuales, periodistas o escritores que no podían decir todo lo que ellos querían. Y el despertar también de un pueblo, o sea, mucha gente que hizo la revolución iraní no estaba esperando la llegada de un integrismo islámico. Mucha gente que hizo la revolución eran jóvenes intelectuales que luego fueron reprimidos por una especie de contra revolución, fue pasar de un régimen autoritario a otro, aunque en realidad era una democracia porque el Ayatolá Jomeini fue elegido por el pueblo…

– En un momento de su libro recuerda parecerle raro festejar el 14 de julio en Teherán debido a sus raíces francesas aunque nació en Senegal, y al ver su historia de vida se la ve por varios países, ¿siente su pertenencia a algún país?

– Durante muchos años sentí eso como una falta el no tener un país, no me siento de ningún lado aunque soy de todos lados…

– ¿Cómo se siente no sentirse…?

– Lo veía como una carencia, me daba cierta envidia aquellas personas que tenían un lugar de origen y echaban esas raíces profundas como el patriotismo, cosa que yo nunca he tenido porque no me siento de ningún lado. Nací en Senegal, mi papá era oficialmente francés porque Argelia había sido una colonia francesa pero en realidad era quinta generación de españoles que vivían en Argelia. Mi madre es francesa, de chiquita viví en Irán, después me fui a París, luego a Argentina y ahora en Uruguay, y en todos lados me sentía como un poco diferente a los demás, y los demás también me veían como algo diferente. Acá en Uruguay piensan que soy porteña, en Buenos Aires creen que soy una europea que habla muy bien español, en Francia creen que soy una latinoamericana que hablo muy bien francés (risas).

Y cuando escribí el libro me di cuenta que en realidad era una riqueza lo de haber tenido la suerte de, además de haber vivido en muchos lugares, de viajar muchísimo. Mi padre siempre viajaba, le encantaba viajar, era muy aventurero, todos los años nos íbamos a un lugar diferente de vacaciones, nunca fuimos dos veces al mismo lugar. Eso lo considero hoy una riqueza de haber podido ver que no todo el mundo vive de la misma forma, que es importante respetar las diferencias culturales y religiosas, los diferentes puntos de vista y que la historia siempre tiene dos caras y no es necesariamente lo que le enseñan a uno en la escuela, y que es importante cuestionarse por qué las cosas ocurren, como las revoluciones por ejemplo. Creo que soy un poquito de todos lados.

– ¿El libro es una consecuencia de la terapia?

– No, si bien hice un poco de terapia en Buenos Aires nunca hablé de Irán, jamás. En realidad siempre escribí y me gusta muchísimo leer. Hace tres años estando en Uruguay, una mujer con la que hablaba me preguntó de dónde era, “¿sos francesa?”, “soy de Senegal”, ¿y de Senegal te viniste a Uruguay?”, “no, de Senegal estuve en Teherán”, “ah, ¿estuviste en Irán? ¿En qué época?”, y cuando le conté me dijo, “pero deberías escribir un libro”. Y recuerdo que en esa época estaba escribiendo otras cosas, tenía muchas ganas de publicar un libro y ahí me di cuenta que tenía una historia para contar, así que llegué a casa y comencé a escribir, “de niña viví en Irán”, la terapia que hice fue escribir este libro.

Fue muy emotivo escribir este libro, fue un año de explorar todas las emociones que tenía guardadas y darme cuenta y preguntarme, “¿puede ser que haya visto cuerpos colgando de un poste de luz cuando era pequeña?”, y si, podía ser. Ese miedo que tenía permanente que todo se derrumbaba de un segundo al otro, mi miedo a la oscuridad porque a la noche había cortes de luz durante la revolución por los sabotajes que hacían para crear un clima de inestabilidad. Encima como yo era pequeña nadie me hablaba, nadie me contaba lo que estaba pasando…

– Pero que veía…

– Y claro, porque yo veía cosas, y lo increíble que el horror se transformaba en algo banal, eso también lo escribo en el libro, porque uno se acostumbró a vivir con ese miedo permanente. Miedo a que las personas que yo quería desaparecieran de un segundo para el otro, miedo a encariñarme con personas que de un día para el otro se iban y nunca más sabía nada de ellos. Y el miedo también de volver a Irán, eso lo tuve muchos años hasta que escribí este libro, donde pude sacar mi historia, procesarla y entenderla. Tal vez el año que viene pueda hacer un viaje a Irán y reconciliarme con mis recuerdos.

Entrevista de Leonardo Silva.