Equilibrar el tenor de las reclamaciones

Un alud de reclamaciones laborales se han precipitado sobre los estrados de los juzgados laborales de todo el país en los últimos tiempos. Si bien se trata de una de las muestras más evidentes de que el mundo de las relaciones laborales ha tenido una transformación muy importante en la ultima década, por la cantidad de leyes que han sido sancionadas buscando un “equilibrio en las relaciones laborales”, la situación ha ameritado también otras cosas que es bueno ponerse a reflexionar.
Días pasados, trascendió en los pasillos de uno de los juzgados de Salto donde se dirimen este tipo de cuestiones, que una mujer que trabajó casi cuatro meses en una casa como empleada doméstica y que lo hacía en un régimen de tres veces por semana, demandó a su ex empleadora, luego que ésta cesara sus servicios por su situación económica.
El caso es que la ex empleada consiguió que un abogado le firmara una demanda por unos 250 mil pesos, sumando costosas horas extras, servicios que trascendían la función de doméstica y otros hechos, como gastos de traslados, enfermedades que habría contraído trabajando en el lugar, entre otros puntos. La situación, más allá de su veracidad, fue vista como excesiva por la parte demandada y al no haber acuerdo en la instancia administrativa, ahora el caso lo dilucidará un juez, con todo lo que ello implica sobre todo para la demandada, cuando ésta pertenece a la clase media trabajadora y no ostenta ninguna empresa de la que fluya un mayor caudal de dinero.
Asimismo, días más tarde, llegó hasta los estrados judiciales que entienden en materia laboral otra demanda considerada exorbitante, pero que causó revuelo entre los operadores del sistema. Se trataba de otro caso de una empleada doméstica que llevó al juzgado un reclamo por 1 millón de pesos. Tomando en cuenta que su trabajo era de acompañamiento de una persona que es adulto mayor, a la que además le realizaba servicios de limpieza en su hogar.
El caso aún está por comenzar a dilucidarse a nivel judicial y en ese sentido, los abogados de la parte demandada, intentarán derribar el monto por entenderlo excesivo.
Pero este tipo de situaciones, según comentaban algunos operadores judiciales, se ha vuelto moneda corriente, ya que la sucesiva sanción de leyes que ha formalizado determinadas tareas y a las cuales se les ha especificado una serie de categorías y detalles que complejizado más el asunto, ha generado que muchos de los letrados que patrocinan este tipo de casos, consideren que pueden estirar las leyes como si fueran un chicle, hasta ver adonde llegan, con tal de obtener un rédito económico, sin importar el grado de veracidad de tal reclamación.
En ese sentido, quienes llevan adelante demandas de estas características, sientan precedentes de querer alcanzar reclamaciones faraónicas, en casos cuya realidad no se ajusta a lo reclamado. Entonces, la avalancha de leyes que ha permitido establecer como una verdad revelada el principio del “in dubio pro operario” (ante la duda, hay que ir a favor del trabajador), ha legitimado de manera categórica que el trabajador siempre tiene la razón, a la que se le suman abogados que se prestan para impulsar situaciones que van atadas a una coyuntura sociopolítica que puede ayudar a que este tipo de casos prosperen.
En ese aspecto, y siguiendo un rigor científico, yéndonos al plano jurídico, debería haber más equilibrio por parte de los trabajadores y de sus abogados a la hora de hacer reclamaciones, porque muchas veces el daño que puedan causar a personas que comparten su esfuerzo para darles empleo, puede volverse una causa para que la sociedad comience a tomar precauciones, y la mayoría de las puertas empiecen a cerrarse para evitar después juicios de todo tipo, que no le hacen nada bien ni al sistema judicial en sí, ni mucho menos al mundo del Derecho laboral que lejos de emparejar, vuelca la balanza hacia partes que muchas veces, no son las más débiles. Por eso, es buena cosa pensar en los equilibrios.

Un alud de reclamaciones laborales se han precipitado sobre los estrados de los juzgados laborales de todo el país en los últimos

<p>Hugo Lemos</p>

Hugo Lemos

tiempos. Si bien se trata de una de las muestras más evidentes de que el mundo de las relaciones laborales ha tenido una transformación muy importante en la ultima década, por la cantidad de leyes que han sido sancionadas buscando un “equilibrio en las relaciones laborales”, la situación ha ameritado también otras cosas que es bueno ponerse a reflexionar.

Días pasados, trascendió en los pasillos de uno de los juzgados de Salto donde se dirimen este tipo de cuestiones, que una mujer que trabajó casi cuatro meses en una casa como empleada doméstica y que lo hacía en un régimen de tres veces por semana, demandó a su ex empleadora, luego que ésta cesara sus servicios por su situación económica.

El caso es que la ex empleada consiguió que un abogado le firmara una demanda por unos 250 mil pesos, sumando costosas horas extras, servicios que trascendían la función de doméstica y otros hechos, como gastos de traslados, enfermedades que habría contraído trabajando en el lugar, entre otros puntos. La situación, más allá de su veracidad, fue vista como excesiva por la parte demandada y al no haber acuerdo en la instancia administrativa, ahora el caso lo dilucidará un juez, con todo lo que ello implica sobre todo para la demandada, cuando ésta pertenece a la clase media trabajadora y no ostenta ninguna empresa de la que fluya un mayor caudal de dinero.

Asimismo, días más tarde, llegó hasta los estrados judiciales que entienden en materia laboral otra demanda considerada exorbitante, pero que causó revuelo entre los operadores del sistema. Se trataba de otro caso de una empleada doméstica que llevó al juzgado un reclamo por 1 millón de pesos. Tomando en cuenta que su trabajo era de acompañamiento de una persona que es adulto mayor, a la que además le realizaba servicios de limpieza en su hogar.

El caso aún está por comenzar a dilucidarse a nivel judicial y en ese sentido, los abogados de la parte demandada, intentarán derribar el monto por entenderlo excesivo.

Pero este tipo de situaciones, según comentaban algunos operadores judiciales, se ha vuelto moneda corriente, ya que la sucesiva sanción de leyes que ha formalizado determinadas tareas y a las cuales se les ha especificado una serie de categorías y detalles que complejizado más el asunto, ha generado que muchos de los letrados que patrocinan este tipo de casos, consideren que pueden estirar las leyes como si fueran un chicle, hasta ver adonde llegan, con tal de obtener un rédito económico, sin importar el grado de veracidad de tal reclamación.

En ese sentido, quienes llevan adelante demandas de estas características, sientan precedentes de querer alcanzar reclamaciones faraónicas, en casos cuya realidad no se ajusta a lo reclamado. Entonces, la avalancha de leyes que ha permitido establecer como una verdad revelada el principio del “in dubio pro operario” (ante la duda, hay que ir a favor del trabajador), ha legitimado de manera categórica que el trabajador siempre tiene la razón, a la que se le suman abogados que se prestan para impulsar situaciones que van atadas a una coyuntura sociopolítica que puede ayudar a que este tipo de casos prosperen.

En ese aspecto, y siguiendo un rigor científico, yéndonos al plano jurídico, debería haber más equilibrio por parte de los trabajadores y de sus abogados a la hora de hacer reclamaciones, porque muchas veces el daño que puedan causar a personas que comparten su esfuerzo para darles empleo, puede volverse una causa para que la sociedad comience a tomar precauciones, y la mayoría de las puertas empiecen a cerrarse para evitar después juicios de todo tipo, que no le hacen nada bien ni al sistema judicial en sí, ni mucho menos al mundo del Derecho laboral que lejos de emparejar, vuelca la balanza hacia partes que muchas veces, no son las más débiles. Por eso, es buena cosa pensar en los equilibrios.







Recepción de Avisos Clasificados