Ese inexorable momento en que no se puede dudar

Salto dudó frente a Rocha en la revancha. Por eso perdió.
Salto no había dudado siete días antes en la capital del Este: por eso vencía 3 a 1. Dentro de todo, Salto dudó pero sin caer al terraplén.
La derrota no lo hirió en extremo, porque se plasmó el avanzar a la zona de semifinales de la Copa Nacional de Selecciones.
No se trata tampoco de un plumazo ocurrente, condenar al olvido lo vivido. Ni transferir a un plano secundario lo padecido, porque si fuese así, una derrota no deja enseñanza ni supone el más mínimo análisis.
Axioma del fútbol: para ganar bien, primero hay que defender bien. Y Salto se mal compensó en el fondo, a tal punto que Rocha con dos hombres de menos, lo complicó hasta el mismísimo final. Una pelota en el palo que pudo ser 3 a 1. Ese mismo palo casi bendecido por Salto. Y maldecido por el heroico Rocha, que además jugó a la medida de su carpeta e historia reciente: es el campeón del Este.
No habría que olvidarse.
DESDE ATRÁS
La doble ausencia de Cavani y Viera fue demasiado. El disloque defensivo fue real. A Fiordelmondo le costó ser central y fue la primera vez integrando el último bloque con Facundo González. Tampoco Fabio Rondán es vocacionalmente un lateral izquierdo, mientras Albano puso en desuso el repertorio del que es capaz.
Ya en el segundo tiempo, Molina, el zaguero rochano, ganó de cabeza en el área de enfrente. Nadie para plantearle oposición.
Quedó en claro la ausencia de ajustes defensivos.
Salto no los tuvo. Acusó males de sentido orgánico.
Por eso, cuando Rocha se atrevió, dejó en claro el ausentismo de contención y coherencia defensiva.
ESO QUE NO FUE
El Salto que jugó en Rocha, fue sólido. El que jugó en el Dickinson: tan endeble como confuso en varios pasajes, aunque hay que admitir que a falta de ideas, el coraje no faltó. Salto más empujó de lo que jugó.
Por eso, la imagen se desfiguró y ninguna relación con la selección original. La respuesta apta solo ocasional y recién cuando ingresó Backes en la recta final, el equipo adquirió alguna tonalidad ofensiva, más o menos declarada y generosa.
Por lo demás, el exceso de condicionamiento a Dos Santos. No influyó José González y Marcelo Menoni, un aventurero en la construcción, sin socios a la vista.
La misión con vacíos inocultables. Definitivamente en una mayoría de pasajes, el Salto que no fue. No perdió por un mandato celestial. Eso queda claro.
EL TIEMPO PENDIENTE
Volverá el “Tato” Viera. Volverá Antonio Gómez. Será tiempo de la recomposición estructural de Salto. Y sobre todo debiera (debe), proponerse el retorno “al Salto original”.
El de la aptitud y el de la certeza.
El de la simpleza y el de la eficacia.
Pero a partir de una solidez defensiva auténtica y no expuesta a vaivenes suicidas como frente a Rocha en la tormentosa noche del sábado que pasó. Para la selección en manos de Ramón Walter Rivas, llegará el inexorable momento de no dudar. La derrota no limita el horizonte. Mucho menos vaciarlo. Salto puede y debe llenarlo de contenido.
Con el contenido de su propuesta. Clarear otra vez. Despejar la senda otra vez.
Salto está intacto. La caída no lo hunde conceptualmente, porque en la esencia este equipo tiene la opción de respuesta marcada a fuego.
Solo debe volver a traslucirla.
De eso se trata.
Porque ese es el fin.
-ELEAZAR JOSÉ SILVA-

Salto dudó frente a Rocha en la revancha. Por eso perdió.

Salto no había dudado siete días antes en la capital del Este: por eso vencía 3 a 1. Dentro de todo, Salto dudó pero sin caer al terraplén.

La derrota no lo hirió en extremo, porque se plasmó el avanzar a la zona de semifinales de la Copa Nacional de Selecciones.

No se trata tampoco de un plumazo ocurrente, condenar al olvido lo vivido. Ni transferir a un plano secundario lo padecido, porque si fuese así, una derrota no deja enseñanza ni supone el más mínimo análisis.

Axioma del fútbol: para ganar bien, primero hay que defender bien. Y Salto se mal compensó en el fondo, a tal punto que Rocha con dos hombres de menos, lo complicó hasta el mismísimo final. Una pelota en el palo que pudo ser 3 a 1. Ese mismo palo casi bendecido por Salto. Y maldecido por el heroico Rocha, que además jugó a la medida de su carpeta e historia reciente: es el campeón del Este.

No habría que olvidarse.

DESDE ATRÁS

La doble ausencia de Cavani y Viera fue demasiado. El disloque defensivo fue real. A Fiordelmondo le costó ser central y fue la primera vez integrando el último bloque con Facundo González. Tampoco Fabio Rondán es vocacionalmente un lateral izquierdo, mientras Albano puso en desuso el repertorio del que es capaz.

Ya en el segundo tiempo, Molina, el zaguero rochano, ganó de cabeza en el área de enfrente. Nadie para plantearle oposición.

Quedó en claro la ausencia de ajustes defensivos.

Salto no los tuvo. Acusó males de sentido orgánico.

Por eso, cuando Rocha se atrevió, dejó en claro el ausentismo de contención y coherencia defensiva.

ESO QUE NO FUE

El Salto que jugó en Rocha, fue sólido. El que jugó en el Dickinson: tan endeble como confuso en varios pasajes, aunque hay que admitir que a falta de ideas, el coraje no faltó. Salto más empujó de lo que jugó.

Por eso, la imagen se desfiguró y ninguna relación con la selección original. La respuesta apta solo ocasional y recién cuando ingresó Backes en la recta final, el equipo adquirió alguna tonalidad ofensiva, más o menos declarada y generosa.

Por lo demás, el exceso de condicionamiento a Dos Santos. No influyó José González y Marcelo Menoni, un aventurero en la construcción, sin socios a la vista.

La misión con vacíos inocultables. Definitivamente en una mayoría de pasajes, el Salto que no fue. No perdió por un mandato celestial. Eso queda claro.

EL TIEMPO PENDIENTE

Volverá el “Tato” Viera. Volverá Antonio Gómez. Será tiempo de la recomposición estructural de Salto. Y sobre todo debiera (debe), proponerse el retorno “al Salto original”.

El de la aptitud y el de la certeza.

El de la simpleza y el de la eficacia.

Pero a partir de una solidez defensiva auténtica y no expuesta a vaivenes suicidas como frente a Rocha en la tormentosa noche del sábado que pasó. Para la selección en manos de Ramón Walter Rivas, llegará el inexorable momento de no dudar. La derrota no limita el horizonte. Mucho menos vaciarlo. Salto puede y debe llenarlo de contenido.

Con el contenido de su propuesta. Clarear otra vez. Despejar la senda otra vez.

Salto está intacto. La caída no lo hunde conceptualmente, porque en la esencia este equipo tiene la opción de respuesta marcada a fuego.

Solo debe volver a traslucirla.

De eso se trata.

Porque ese es el fin.

-ELEAZAR JOSÉ SILVA-

Uno por uno

Desde Menoni queriendo y Dos Santos, decidiendo

Martín Ferrando (3)- En los goles, imposibilidad de respuesta. Más de una contención para el rescate.

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Enzo Albano (2)- Ninguna relación con “aquel Chango”. Con fragilidad de marca y a destiempo para el manejo de la salida. Incluso, excediéndose en el pelotazo.

Facundo González (2)- Una chance neta de gol, cuando el balón le llegó justo al segundo palo. Vacilante en más de una situación.

Bruno Fiordelmondo (2)- Claramente, le costó ser central. Los desencuentros defensivos con Facundo González, cuestión repetida.

Fabio Rondán (2)- Hizo lo que pudo, en una función que no es la suya. Sin trascender. Mal con la pelota, las veces en que pudo establecer algún tipo de progresión.

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Marcelo Menoni (3)- Todo el querer del “Cunfi”, sobre todo en el segundo tiempo. Salió extenuado, pero fue de los que más propuso.

José  María Di Nápoli (2)- Fútbol anunciado. Al margen del orden. Incluso, con entregas imperfectas. Hasta Josema, al margen de lo que es.

Fabricio Añasco (2)- Escasa claridad. Raspador sí. Pero sin vuelo para sumarse en la actitud ofensiva, cuando las circunstancias así lo determinaron.

Juan Alberto Iriarte (2)- Las oscilaciones del “Juanchi”. A veces sí. A veces no. Hubo momentos en que influyó. Otros, con rol secundario.

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José González (2)- Limitado aporte. Repetido en la individual. Lateralizó. Buscó por adentro. Nunca por las bandas. Cayó en la telaraña defensiva.

Jonathan Dos Santos (3)- Pertinaz. Buscado siempre, a despecho de la soledad. Un frentazo infernal a la hora del empate. Nunca dejó de pretender. Una constancia admirable. El mejor.

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Marcio Backes (3)- La maniobra previa al gol, a la medida de su velocidad y talento. Hizo lo que debía hacer: fabricar boquetes por la raya.

Gustavo Carballo (2)- Le costó meterse en clima.

Franco Da Silva (x)- Algunos minutos. Alguna insinuación de marca.







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