Estados Unidos trata de dominar la histeria por la eventualidad del Ébola

La histeria y el miedo se han unido al ébola como máximas preocupaciones de las autoridades de Estados Unidos a la hora de manejar la crisis del virus. Pese a haberse producido sólo un fallecimiento y dos casos diagnosticados en suelo estadounidense, el temor de los ciudadanos aumenta a medida que se anuncian nuevas medidas de prevención, como simulacros de atención a personas supuestamente contagiadas en lugares como el Metro de Nueva York o los campus universitarios, y miembros de la oposición republicana reclaman al presidente Barack Obama un cierre de fronteras con África Occidental. Este domingo, un portavoz del Pentágono ha anunciado la formación de un equipo militar médico expedicionario de 30 personas para responder a posibles casos de ébola que se detecten dentro de Estados Unidos.
Un nuevo factor amenaza con empeorar la situación: la llegada de la temporada de gripe. Los hospitales temen el colapso de muchos servicios de emergencia por la afluencia de enfermos con síntomas parecidos a los del ébola en sus primeras etapas (fiebre y dolor corporales).
Obama dedicó su tradicional alocución radiofónica de los sábados a calmar a la población. “El ébola es una enfermedad grave, pero no tenemos una epidemia. Aquí vivimos 300 millones de personas, y sólo se han diagnósticado tres casos, aunque sólo uno ya sea demasiado. No podemos caer en la histeria y el miedo, porque eso sólo dificultará que la gente reciba la información que necesita. La ciencia y los hechos deben ser nuestra guía”, proclamó Obama.
El líder de la Casa Blanca recordó que, según los expertos, aislar África Occidental, donde el virus ha matado a más de 4.500 personas, no haría sino agravar el problema: “Intentar cerrar una región entera, aunque eso fuera posible, solo empeoraría la situación”. Obama insistió en que la enfermedad no se transmite por el aire, ni se contrae por ir en el autobús o en el avión. “Sólo se produce el contagio a través del contacto directo con fluidos corporales”, enfatizó. Para sustentar sus palabras, el mandatario recordó que él mismo se había reunido con uno de los enfermos supervivientes del ébola. “Y me encuentro bien”, dijo.
Ejemplos de la ansiedad que rayan ya en la histeria que genera la enfermedad son recogidos todos los días por los medios del país.
La temporada de vacunación contra la gripe comienza en noviembre. El mayor número de casos suele concentrase en enero y febrero. Según el Centro de Prevención de Enfermedades (CDC, por su siglas en inglés) cada año se registran unas 200.000 hospitalizaciones. La cifra de fallecidos presenta tremendas oscilaciones, con un mínimo de 3.000. Pero el miedo es libre, y los casos de personas sanas o como mucho con gripe que acuden a los hospitales temerosas de padecer ébola se cuentan por decenas.
Ejemplos de la ansiedad rayana con la histeria que genera la enfermedad son recogidos todos los días por los medios del país. El consejo escolar de un centro de primaria del Estado de Maine ha obligado a una de sus docentes a permanecer bajo cuarentena durante tres semanas simplemente porque había viajado a Dallas. En otro caso parecido, la Universidad de Siracusa anuló la conferencia de un fotoperiodista de The Washington Post, Michel de Cille, porque en setiembre estuvo en Liberia cubriendo la crisis del ébola. El periodista regresó a EE UU después de 21 días de prevención y desde entonces no ha presentado un solo síntoma. En el Estado de Misisipi, los padres de una escuela se niegan a que sus hijos vayan a clase porque el director de la misma ha viajado recientemente a Zambia, país de África Austral a miles de kilómetros de las zonas afectadas por la enfermedad.
“Hay mucha ansiedad, y la única respuesta contra la ansiedad es información contrastada y formación del personal sanitario”, declaró a Reuters Bruce Hirsch, especialista de enfermedades infecciosas del North Shore University Hospital de Manhasset, en Nueva York. “Hay muchas más posibilidades de morir por no haberse vacunado contra la gripe que de ébola”, añadió a la misma agencia Sampson Davis, del Meadowlands Hospital Center de Secaucus, en Nueva Jersey.
En apoyo de las palabras de Obama llegaron buenas noticias desde Texas, donde se produjo el único fallecimiento por ébola registrado en el país. Las autoridades han informado que catorce de las 145 personas que habían sido puestas bajo vigilancia por haber estado en contacto o posible contacto con el virus serán dadas de alta en las próximas horas. Otro grupo será declarado asintomático, salvo sorpresas, en un par de días. Entre ellas figura la novia del liberiano fallecido, Thomas Eric Duncan, su hijo de 13 años y otros dos familiares.
También se ha descartado el contagio en la enfermera que manipuló muestras del fallecido en el Presbyterian Hospital de Dallas antes de embarcarse en un crucero por el Caribe de la compañía Carnival con otras 4.500 personas. La mujer y su compañero regresaron este domingo en el barco a Galveston, donde desembarcaron sin problemas, según las autoridades del condado.
Este caso ejemplifica las dificultades de atender supuestos casos de ébola lejos de los hospitales de referencia o sus áreas de influencia. Según las versiones oficiales conocidas, cuando las autoridades sanitarias de EE UU supieron que la enfermera estaba a bordo del crucero, solicitaron su aislamiento, como medida preventiva, e intentaron su evacuación desde Belice, su puerto de destino. Sin embargo, el Gobierno del país centroamericano no permitió que el barco atracara. Lo mismo sucedió en Cozumel (México), otra de las escalas. Las muestras de la enfermera fueron tomadas por un médico del barco y evacuadas por un helicóptero de la Guardia Costera de Estados Unidos.
La histeria y el miedo se han unido al ébola como máximas preocupaciones de las autoridades de Estados Unidos a la hora de manejar la crisis del virus. Pese a haberse producido sólo un fallecimiento y dos casos diagnosticados en suelo estadounidense, el temor de los ciudadanos aumenta a medida que se anuncian nuevas medidas de prevención, como simulacros de atención a personas supuestamente contagiadas en lugares como el Metro de Nueva York o los campus universitarios, y miembros de la oposición republicana reclaman al presidente Barack Obama un cierre de fronteras con África Occidental. Este domingo, un portavoz del Pentágono ha anunciado la formación de un equipo militar médico expedicionario de 30 personas para responder a posibles casos de ébola que se detecten dentro de Estados Unidos.
Un nuevo factor amenaza con empeorar la situación: la llegada de la temporada de gripe. Los hospitales temen el colapso de muchos servicios de emergencia por la afluencia de enfermos con síntomas parecidos a los del ébola en sus primeras etapas (fiebre y dolor corporales).
Obama dedicó su tradicional alocución radiofónica de los sábados a calmar a la población. “El ébola es una enfermedad grave, pero no tenemos una epidemia. Aquí vivimos 300 millones de personas, y sólo se han diagnósticado tres casos, aunque sólo uno ya sea demasiado. No podemos caer en la histeria y el miedo, porque eso sólo dificultará que la gente reciba la información que necesita. La ciencia y los hechos deben ser nuestra guía”, proclamó Obama.
El líder de la Casa Blanca recordó que, según los expertos, aislar África Occidental, donde el virus ha matado a más de 4.500 personas, no haría sino agravar el problema: “Intentar cerrar una región entera, aunque eso fuera posible, solo empeoraría la situación”. Obama insistió en que la enfermedad no se transmite por el aire, ni se contrae por ir en el autobús o en el avión. “Sólo se produce el contagio a través del contacto directo con fluidos corporales”, enfatizó. Para sustentar sus palabras, el mandatario recordó que él mismo se había reunido con uno de los enfermos supervivientes del ébola. “Y me encuentro bien”, dijo.
Ejemplos de la ansiedad que rayan ya en la histeria que genera la enfermedad son recogidos todos los días por los medios del país.
La temporada de vacunación contra la gripe comienza en noviembre. El mayor número de casos suele concentrase en enero y febrero. Según el Centro de Prevención de Enfermedades (CDC, por su siglas en inglés) cada año se registran unas 200.000 hospitalizaciones. La cifra de fallecidos presenta tremendas oscilaciones, con un mínimo de 3.000. Pero el miedo es libre, y los casos de personas sanas o como mucho con gripe que acuden a los hospitales temerosas de padecer ébola se cuentan por decenas.
Ejemplos de la ansiedad rayana con la histeria que genera la enfermedad son recogidos todos los días por los medios del país. El consejo escolar de un centro de primaria del Estado de Maine ha obligado a una de sus docentes a permanecer bajo cuarentena durante tres semanas simplemente porque había viajado a Dallas. En otro caso parecido, la Universidad de Siracusa anuló la conferencia de un fotoperiodista de The Washington Post, Michel de Cille, porque en setiembre estuvo en Liberia cubriendo la crisis del ébola. El periodista regresó a EE UU después de 21 días de prevención y desde entonces no ha presentado un solo síntoma. En el Estado de Misisipi, los padres de una escuela se niegan a que sus hijos vayan a clase porque el director de la misma ha viajado recientemente a Zambia, país de África Austral a miles de kilómetros de las zonas afectadas por la enfermedad.
“Hay mucha ansiedad, y la única respuesta contra la ansiedad es información contrastada y formación del personal sanitario”, declaró a Reuters Bruce Hirsch, especialista de enfermedades infecciosas del North Shore University Hospital de Manhasset, en Nueva York. “Hay muchas más posibilidades de morir por no haberse vacunado contra la gripe que de ébola”, añadió a la misma agencia Sampson Davis, del Meadowlands Hospital Center de Secaucus, en Nueva Jersey.
En apoyo de las palabras de Obama llegaron buenas noticias desde Texas, donde se produjo el único fallecimiento por ébola registrado en el país. Las autoridades han informado que catorce de las 145 personas que habían sido puestas bajo vigilancia por haber estado en contacto o posible contacto con el virus serán dadas de alta en las próximas horas. Otro grupo será declarado asintomático, salvo sorpresas, en un par de días. Entre ellas figura la novia del liberiano fallecido, Thomas Eric Duncan, su hijo de 13 años y otros dos familiares.
También se ha descartado el contagio en la enfermera que manipuló muestras del fallecido en el Presbyterian Hospital de Dallas antes de embarcarse en un crucero por el Caribe de la compañía Carnival con otras 4.500 personas. La mujer y su compañero regresaron este domingo en el barco a Galveston, donde desembarcaron sin problemas, según las autoridades del condado.
Este caso ejemplifica las dificultades de atender supuestos casos de ébola lejos de los hospitales de referencia o sus áreas de influencia. Según las versiones oficiales conocidas, cuando las autoridades sanitarias de EE UU supieron que la enfermera estaba a bordo del crucero, solicitaron su aislamiento, como medida preventiva, e intentaron su evacuación desde Belice, su puerto de destino. Sin embargo, el Gobierno del país centroamericano no permitió que el barco atracara. Lo mismo sucedió en Cozumel (México), otra de las escalas. Las muestras de la enfermera fueron tomadas por un médico del barco y evacuadas por un helicóptero de la Guardia Costera de Estados Unidos.