Este mundo en que todos los días matamos nuestra intimidad

“El suicidio de la intimidad” se titula un muy buen artículo de tono reflexivo, del periodista y escritor Marcelo Marchese, acerca de cómo estamos perdiendo, a ritmo vertiginoso, nuestra capacidad de conservar algo tan sagrado como nuestra intimidad. Discrepamos con el autor en el título; no creemos que la intimidad se suicide, sino que la estamos asesinando. El protagonismo de las redes sociales en nuestra vida y el protagonismo que algunos tanto ansían tener en ellas, son elementos decisivos para una lamentable “farandulización” de la vida. Así podría resumirse su planteo. Seguidamente compartimos una selección de algunos fragmentos del artículo al que hemos aportado los subtítulos. Seguramente solo nos ayude a pensar en algo que ya todos sabemos. Pero si nos ayuda a pensar, está cumplido el objetivo.
Farandulización de la vida: (…) Sabemos que nuestro “amigo” en Facebook (no ahondaremos en esta prostitución del lenguaje) acaba de comerse unos ravioles y ama a su perro, y nuestra “amiga” nos informa que hoy está en París, mañana en Roma y pasado mañana en San Petersburgo. Nos dan ganas de decirle que se quede en algún sitio, pues en caso contrario no conocerá verdaderamente nada, pero sabemos que sería considerado un comentario impertinente, pues no importa que esté ahí, lo que importa es que nosotros sepamos que está ahí. Prueba indiscutible: en vez de disfrutar de estar ahí, está mandándonos fotos a nosotros que estamos acá. Hemos alcanzado una especie de farandulización de nuestra vida. No copiamos los esquemas de vida de los grandes artistas, los grandes científicos o los grandes santos, copiamos los esquemas de la elite de la farándula. Si ellos viven de hacer pública su vida nosotros vamos y hacemos la misma payasada. ¿Cómo hemos logrado un auditorio acorde? Sin necesidad de revistas y TV nos lo brinda youtube y facebook, que viven de nuestra imperiosa necesidad de exponernos. Esas empresas encontraron un nicho en el mercado (…).
La diferencia con los verdaderos artistas: Se podrá objetar que todo el mundo expone su intimidad y particularmente los artistas hacen un uso rabioso de ella. Felisberto Hernández desnuda, junto a Marcel Proust, los recuerdos de su infancia, en tanto Mario Levrero nos cuenta su doloroso tránsito escolar y el viejo Henry Miller rememora cómo hacía el amor con Mara en tanto aplicaba el plan con cualquier otra fémina que se le cruzara por el camino. Antes de ellos, y como verdadero signo de los tiempos, Baudelaire nos expuso todas sus llagas, le cantó a todas sus perversiones y desenmascaró la neurosis del hombre moderno abriendo la puerta al carácter introspectivo de la literatura contemporánea. La diferencia entre esto y las fotos de la adolescente o la veterana en facebook, que muestra una sus pechos turgentes y la otra sus pechos abundantes, es que en el arte lo íntimo ha llegado a nosotros a través de una elaboración. Se ha utilizado lo íntimo no para ostentar, sino a modo de material de trabajo de la problemática humana. El poeta trabaja con sus sueños y su intimidad así como el carpintero trabaja la madera (…).
Recurso marketinero: Tiempo atrás cuando alguien se hacía una cirugía estética ocultaba la información al resto, pero en el mundo del suicidio de la intimidad se sale a la calle al otro día, con un leuco pegado a la nariz como signo de la clase social que integramos, ya que pudimos afrontar un gasto de esa naturaleza. La vedette que antaño escondía su cuerpo para mostrarlo solo a aquellos que pagaban por verlo, ahora lo desnuda de antemano y a toda hora, y como recurso marketinero, si las revistas no hablan de ella, aprovechará a sacarse alguna foto en el baño para publicitarse, o hablará pestes de la vedette Fulana, para que Fulana hable pestes de ella y así cumplir la máxima: “¡Que hablen de ti bien o mal, pero que hablen!” (…).
Llenamos el vacío consumiendo y exponiéndonos: Hay una inquietud, una ausencia de espiritualidad. Ha desaparecido el concepto de lo sagrado. Es la primera y más evidente de las virtudes del progreso. Llenamos el vacío consumiendo y exponiéndonos. Las cartas llegan más rápido para no decir nada. La comunicación ha avanzado increíblemente para desnudar nuestro vacío. Si el goce de estar con nuestra amada es trasladado a que los demás sepan que estamos con nuestra amada, se altera la razón misma del amor. Si el goce se traslada del vínculo con la cosa a la imagen de la cosa, desaparece el disfrute de la cosa. Si atrapamos al zorzal para enjaularlo y así poder disfrutar ordenadamente de su canto a modo de cucú, perdemos la posibilidad de sorprendernos porque un zorzal se acerca a nuestra ventana y con su canto nos regala un momento mágico.

“El suicidio de la intimidad” se titula un muy buen artículo de tono reflexivo, del periodista y escritor Marcelo Marchese, acerca de cómo estamos perdiendo, a ritmo vertiginoso, nuestra capacidad de conservar algo tan sagrado como nuestra intimidad. Discrepamos con el autor en el título; no creemos que la intimidad se suicide, sino que la estamos asesinando. El protagonismo de las redes sociales en nuestra vida y el protagonismo que algunos tanto ansían tener en ellas, son elementos decisivos para una lamentable “farandulización” de la vida. Así podría resumirse su planteo. Seguidamente compartimos una selección de algunos fragmentos del artículo al que hemos aportado los subtítulos. Seguramente solo nos ayude a pensar en algo que ya todos sabemos. Pero si nos ayuda a pensar, está cumplido el objetivo.

Farandulización de la vida: (…) Sabemos que nuestro “amigo” en Facebook (no ahondaremos en esta prostitución del lenguaje) acaba de comerse unos ravioles y ama a su perro, y nuestra “amiga” nos informa que hoy está en París, mañana en Roma y pasado mañana en San Petersburgo. Nos dan ganas de decirle que se quede en algún sitio, pues en caso contrario no conocerá verdaderamente nada, pero sabemos que sería considerado un comentario impertinente, pues no importa que esté ahí, lo que importa es que nosotros sepamos que está ahí. Prueba indiscutible: en vez de disfrutar de estar ahí, está mandándonos fotos a nosotros que estamos acá. Hemos alcanzado una especie de farandulización de nuestra vida. No copiamos los esquemas de vida de los grandes artistas, los grandes científicos o los grandes santos, copiamos los esquemas de la elite de la farándula. Si ellos viven de hacer pública su vida nosotros vamos y hacemos la misma payasada. ¿Cómo hemos logrado un auditorio acorde? Sin necesidad de revistas y TV nos lo brinda youtube y facebook, que viven de nuestra imperiosa necesidad de exponernos. Esas empresas encontraron un nicho en el mercado (…).

La diferencia con los verdaderos artistas: Se podrá objetar que todo el mundo expone su intimidad y particularmente los artistas hacen un uso rabioso de ella. Felisberto Hernández desnuda, junto a Marcel Proust, los recuerdos de su infancia, en tanto Mario Levrero nos cuenta su doloroso tránsito escolar y el viejo Henry Miller rememora cómo hacía el amor con Mara en tanto aplicaba el plan con cualquier otra fémina que se le cruzara por el camino. Antes de ellos, y como verdadero signo de los tiempos, Baudelaire nos expuso todas sus llagas, le cantó a todas sus perversiones y desenmascaró la neurosis del hombre moderno abriendo la puerta al carácter introspectivo de la literatura contemporánea. La diferencia entre esto y las fotos de la adolescente o la veterana en facebook, que muestra una sus pechos turgentes y la otra sus pechos abundantes, es que en el arte lo íntimo ha llegado a nosotros a través de una elaboración. Se ha utilizado lo íntimo no para ostentar, sino a modo de material de trabajo de la problemática humana. El poeta trabaja con sus sueños y su intimidad así como el carpintero trabaja la madera (…).

Recurso marketinero: Tiempo atrás cuando alguien se hacía una cirugía estética ocultaba la información al resto, pero en el mundo del suicidio de la intimidad se sale a la calle al otro día, con un leuco pegado a la nariz como signo de la clase social que integramos, ya que pudimos afrontar un gasto de esa naturaleza. La vedette que antaño escondía su cuerpo para mostrarlo solo a aquellos que pagaban por verlo, ahora lo desnuda de antemano y a toda hora, y como recurso marketinero, si las revistas no hablan de ella, aprovechará a sacarse alguna foto en el baño para publicitarse, o hablará pestes de la vedette Fulana, para que Fulana hable pestes de ella y así cumplir la máxima: “¡Que hablen de ti bien o mal, pero que hablen!” (…).

Llenamos el vacío consumiendo y exponiéndonos: Hay una inquietud, una ausencia de espiritualidad. Ha desaparecido el concepto de lo sagrado. Es la primera y más evidente de las virtudes del progreso. Llenamos el vacío consumiendo y exponiéndonos. Las cartas llegan más rápido para no decir nada. La comunicación ha avanzado increíblemente para desnudar nuestro vacío. Si el goce de estar con nuestra amada es trasladado a que los demás sepan que estamos con nuestra amada, se altera la razón misma del amor. Si el goce se traslada del vínculo con la cosa a la imagen de la cosa, desaparece el disfrute de la cosa. Si atrapamos al zorzal para enjaularlo y así poder disfrutar ordenadamente de su canto a modo de cucú, perdemos la posibilidad de sorprendernos porque un zorzal se acerca a nuestra ventana y con su canto nos regala un momento mágico.







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