Expropietario y fundador de Mecánica Farías

Nicolás Farías,  llega desde Pueblo Olivera, junto a otros hermanos y a sus papás: Antonia Olivera y Plácido Farías, a la ciudad de Salto.
Intentando proyectarse a un difícil e incierto  futuro, ya que traían consigo un solo fin: mejorar su situación de vida, pero sin tener en ese entonces, un lugar definido donde instalarse con su hogar.
Lo hacen en  zona de River, alquilando una casa.
Con sueños y necesidades, Nicolás tuvo la oportunidad de que sus hijas mujeres, comenzaran a trabajar de domésticas en casas de familia y los varones, a desempeñarse en talleres mecánicos.
La idea, era que los hijos pudieran también colaborar económicamente en el hogar que compartían.
Compran con mucho sacrificio y apoyo de la Intendencia, un terreno. Que luego de un tiempo, se retiran por el mal recuerdo de la pérdida de un hijo fallecido en un accidente de tránsito, muy cerca de allí.
Se trasladan juntos a la zona del estadio Dickinson, donde logran vender el terreno anterior y comprar en esta zona de la ciudad, donde construyeron su casa.
Es su hijo César Nicolás, junto a sus nietos César Nicolás y Hugo, quienes comienzan de esta manera, a narrarnos  la historia de vida que luego de instalados, llevan allí:
-César Nicolás: “Comienza papá desde su llegada a Salto, a trabajar de mecánico en el taller de un pariente lejano, Nené Núñez, que felizmente todavía vive”, nos dice.
Al año de estar trabajando allí, lo llaman de la empresa Méndez, muy cerca de ese lugar, para ver si existía la posibilidad de arreglarle un vehículo.
Llegó a cumplir 22 años en esta empresa, la cual me ha brindado mucha experiencia a mí también, puesto que fui a trabajar con papá a los nueve años a este lugar.
¿Con cuántos años formalizó con su mamá?
Se casaron estando en lo de Méndez.
Con 19 años papá y mamá: Gladys Aidé Cóceres con 15 años. Tuvieron cuatro hijos: Juan Carlos, Elsa Beatriz,  José Pedro, el menor y César Nicolás que soy yo.
Con el tiempo, enferma mamá y fallece muy joven con tan solo 39 años.
¿Cuándo se instala su papá con el taller mecánico?
En el año ´72 ó ´73.
Seguía yo en la empresa Méndez trabajando, como lo hice de muy pequeño, y se anima papá a solicitar un préstamo en el Banco República para la realización de un  galponcito de chapa de cartón, ya que trabajábamos con los vehículos afuera y cuando llovía, nos tapábamos con un encerado para poder hacerlo.
Lo organizamos al galponcito de  6m. x 8m., con varejones de eucaliptus.
Así se inició papá, trabajando con su hermano, mientras seguía yo desempeñándome en lo de Méndez.
Luego me caso muy joven, con 18 años, con mi actual esposa María de Lourdes Berroa, pero desde que perdimos a mamá, me quedé por siempre al lado de papá, acompañándolo.
Tanto en el taller como en la casa.
Cuando fue aceptada la solicitud del préstamo, trabajaba en el taller él y yo seguía trabajando además en casa. Porque lo que él ganaba  se lo destinaba a pagar unas herramientas que había adquirido. Al año, abandono yo la empresa, porque era obvio que el necesitaba una mano, además contaba yo con unos ahorritos que lo pudo ayudar.
¿A partir de allí comienza otra vida, en cuanto a conocimientos y economía?
Sí, porque la gente comenzó a conocernos, y sus clientes eran distintos a los míos. Contaba yo con otros conocimientos.
Había estudiado en la UTU, realicé muchos cursos para armarme de conocimientos  y además me fui a Porto Alegre a realizar un curso, sin conocer nada. Solamente con muchas ganas de hacer algo y fue todo un sacrificio.
Preguntando, porque no tenía siquiera dirección del lugar, llego a la escuela de Mercedes Benz, y a la de EGON (donde fabricaban los turbos, con la representación del turbo LACON, Alemán) a realizar un curso, digamos  que a pulmón económicamente hablando.
Acceder  a ese curso, tenía un requisito de quienes lo brindaban, “ser derivado de la empresa en que trabajaba”.
Yo quería integrarme al grupo que había concurrido, le explico al principal organizador, y se negó, porque me dice que solamente, preparaban a los mecánicos de las concesionarias. No podía entrar allí.
Hasta que le dije: “lo que usted no entiende es que viajé desde tan lejos, haciendo más de mil kilómetros de un pueblito como lo es Salto y ustedes no me dan esa posibilidad. Yo lo único que pretendo, es brindarle un mejor servicio al cliente de nuestro pequeño taller en Uruguay, con la marca que ustedes representan. Además no tengo la posibilidad de que alguien más me ayude”.
Lo convencí  y me aceptó. Pero costó para que lo hiciera, dándome una gran oportunidad.
Me vine con conocimientos que mucho me sirvieron, en cuanto a motores de transporte pesado y automóviles.
Era muy importante para mí, tener un oficio  y siempre cuento como las cosas se pueden hacer, incluso cuando no hay dinero para realizar un sueño, ya que me crié de manera muy humilde, durmiendo al lado de la cama de mi abuela, con frazadas de buzos viejos, de forma muy precaria.
¿Cómo se encamina el taller de la mano de su papá?
No se encaminó desde el principio.
Solamente sobrevivimos por el dinerito que teníamos ahorrado, porque la gente no nos conocía y eran las empresas con ómnibus las que lo llamaban a él por los service. Luego me empezaron a conocer a mí.
Comenzaron a confiar en nosotros. Y tengo el orgullo de decir que fuimos los primeros que instalamos un turbo en motores de camiones chicos: en el Mercedes 352, concretamente.
A todo el trabajo lo realicé por medio de mis estudios, me hacía sentir muy bien que la gente confiara en mí.
¿Tuvo siempre este nombre el taller?
Cuando papá comenzó, se llamaba “taller Los Hermanos”.
Con el tiempo papá logró comprar un camión, y decidimos, que se trasladara él en el vehículo, para hacer los service y mi hermano se quedara conmigo trabajando en el taller. Fuimos siempre una familia muy unida, y nos entendíamos todos muy bien.
¿Qué cosas le gustaba a su papá?
Mi padre no era muy divertido, si bien le gustaba ir a pescar con mi barra de amigos, le gustaba ir al monte conmigo, creo firmemente que le gustaba andar siempre conmigo, porque no nos separábamos nunca.
Incluso, como éramos diabéticos los dos, era yo quien lo controlaba.
Le medía la diabetes, le suministraba la insulina, resultando como su enfermero.
¿Cómo acompañaba su mamá todo su trabajo?
Mi madre siempre estuvo en casa. Pero era muy compañera de él, la quería mucho a mi madre siendo una situación muy dura la de su pérdida.
Hacía muy poco que teníamos el taller, cuando ella fallece y él en la desesperación, comienza  a beber, llegándolo a enfermar la bebida.
¿Cómo era Don Nicolás?
Un hombre totalmente bueno, de corazón muy noble y por la familia daba su vida.
Todo lo que tenía, no era suyo. Por dar una mano a alguien lo entregaba todo igual.
Todos heredamos lo mismo de él.
¿Qué le quedó por hacer con papá?
Pienso que no me quedó nada por hacer. Estoy muy conforme, porque él tenía casi 80 años cuando falleció y yo estuve siempre a su lado, pero uno quisiera tenerlo toda la vida.
Lo máximo que uno piensa que se lo puede dar, se lo di. Y lo que más pude, lo ayudé y lo cuidé. Me siento tranquilo y sin remordimientos.
Soy una persona que estoy muy contento con lo que he logrado en  la vida. Con mi padre principalmente, porque él me ha enseñado a ser una persona honesta y honrada.
Fue lo más grande que me dio y yo se lo transmití a mis hijos. Muchas veces la gente dice que no se puede salir adelante, y yo le digo que sí, porque fui criado de una manera muy humilde y con muchas carencias y sin embargo con la ayuda de papá, con mucho sacrificio, salimos todos adelante.
¿Me lo define  en pocas palabras?
Tengo lo mejor de los recuerdos de papá.
Fue una persona muy luchadora y gracias a él tengo todo lo que tengo.
Me enseñó a ver la vida de la manera que es. Y todo lo que soy se lo debo a él.
¿Hugo, cuáles son sus recuerdos de pequeño del abuelo?
-Hugo: De chiquito, el abuelo era “el” abuelo.
Era la persona que cuando me mandaba una macana, iba corriendo y le pedía que lo retara a papá, para que este no me retara a mí.
Y de todos los regalos que me ha hecho, el más importante que  guardo celosamente, es mi guitarra, y es muy probable que vaya a ser la herramienta en mi futuro, porque soy músico (integrante del grupo Arayman).
Y si tuviera que definirlo, te diría que mi pasado, parte de mi presente y muy probablemente mi futuro, se lo voy a deber a él, por una acción que tuvo.
“El abuelo siempre va ahí”.
¿Cómo son César Nicolás, sus recuerdos sobre el taller y el abuelo?
-César Nicolás: Desde muy pequeño comencé  con nueve años a  ayudarlo a papá en el taller.
Y los recuerdos que tengo sobre el abuelo, son buenos siempre nos inculcó el respeto hacia la otra persona, y a ser honestos.
Se caracterizaba él, por ser una persona derecha, responsable, y es por eso  que la gente al conocerlo nos apoyó en dejar aquel taller humilde que teníamos y transformarlo con mucho sacrificio en un espacio, donde hoy seguimos trabajando todos.
Contamos siempre con la supervisacion del abuelo, diciéndonos que para salir adelante, había que luchar.
Con objetivos claros, de sobrellevar lo mejor que se pueda a la familia y aprendiendo que sin sacrificio no se llega a nada.
Tuve la oportunidad de viajar a Estados Unidos, y volver con muchas herramientas, como para seguir. Con otra visión, con un poco más de preparación para lo que se viene.
Por el hecho de traer las raíces de mi abuelo, fortaleciéndome en lo que me ha enseñado y por la exigencia que he tenido, me ha hecho valorar todo lo aprendido.
Tanto en mi familia como en el trabajo, todo lo aprendí con el abuelo y se lo debo. Si no hubiese sido por él, muchas cosas no las hubiese logrado hoy.

Nicolás Farías,  llega desde Pueblo Olivera, junto a otros hermanos y a sus papás: Antonia Olivera y Plácido Farías, a la ciudad de Salto.

Intentando proyectarse a un difícil e incierto  futuro, ya que traían consigo un solo fin: mejorar su situación de vida, pero sin tener

Cesar Nicolás e hijo Nicolás

Cesar Nicolás e hijo Nicolás

en ese entonces, un lugar definido donde instalarse con su hogar.

Lo hacen en  zona de River, alquilando una casa.

Con sueños y necesidades, Nicolás tuvo la oportunidad de que sus hijas mujeres, comenzaran a trabajar de domésticas en casas de familia y los varones, a desempeñarse en talleres mecánicos.

La idea, era que los hijos pudieran también colaborar económicamente en el hogar que compartían.

Compran con mucho sacrificio y apoyo de la Intendencia, un terreno. Que luego de un tiempo, se retiran por el mal recuerdo de la pérdida de un hijo fallecido en un accidente de tránsito, muy cerca de allí.

Se trasladan juntos a la zona del estadio Dickinson, donde logran vender el terreno anterior y comprar en esta zona de la ciudad, donde construyeron su casa.

Es su hijo César Nicolás, junto a sus nietos César Nicolás y Hugo, quienes comienzan de esta manera, a narrarnos  la historia de vida que luego de instalados, llevan allí:

-César Nicolás: “Comienza papá desde su llegada a Salto, a trabajar de mecánico en el taller de un pariente lejano, Nené Núñez, que felizmente todavía vive”, nos dice.

Al año de estar trabajando allí, lo llaman de la empresa Méndez, muy cerca de ese lugar, para ver si existía la posibilidad de arreglarle un vehículo.

Llegó a cumplir 22 años en esta empresa, la cual me ha brindado mucha experiencia a mí también, puesto que fui a trabajar con papá a los nueve años a este lugar.

¿Con cuántos años formalizó con su mamá?

Se casaron estando en lo de Méndez.

Con 19 años papá y mamá: Gladys Aidé Cóceres con 15 años. Tuvieron cuatro hijos: Juan Carlos, Elsa Beatriz,  José Pedro, el menor y César Nicolás que soy yo.

Con el tiempo, enferma mamá y fallece muy joven con tan solo 39 años.

¿Cuándo se instala su papá con el taller mecánico?

En el año ´72 ó ´73.

La familia Farías

La familia Farías

Seguía yo en la empresa Méndez trabajando, como lo hice de muy pequeño, y se anima papá a solicitar un préstamo en el Banco República para la realización de un  galponcito de chapa de cartón, ya que trabajábamos con los vehículos afuera y cuando llovía, nos tapábamos con un encerado para poder hacerlo.

Lo organizamos al galponcito de  6m. x 8m., con varejones de eucaliptus.

Así se inició papá, trabajando con su hermano, mientras seguía yo desempeñándome en lo de Méndez.

Luego me caso muy joven, con 18 años, con mi actual esposa María de Lourdes Berroa, pero desde que perdimos a mamá, me quedé por siempre al lado de papá, acompañándolo.

Tanto en el taller como en la casa.

Cuando fue aceptada la solicitud del préstamo, trabajaba en el taller él y yo seguía trabajando además en casa. Porque lo que él ganaba  se lo destinaba a pagar unas herramientas que había adquirido. Al año, abandono yo la empresa, porque era obvio que el necesitaba una mano, además contaba yo con unos ahorritos que lo pudo ayudar.

¿A partir de allí comienza otra vida, en cuanto a conocimientos y economía?

Sí, porque la gente comenzó a conocernos, y sus clientes eran distintos a los míos. Contaba yo con otros conocimientos.

Había estudiado en la UTU, realicé muchos cursos para armarme de conocimientos  y además me fui a Porto Alegre a realizar un curso, sin conocer nada. Solamente con muchas ganas de hacer algo y fue todo un sacrificio.

Preguntando, porque no tenía siquiera dirección del lugar, llego a la escuela de Mercedes Benz, y a la de EGON (donde fabricaban los turbos, con la representación del turbo LACON, Alemán) a realizar un curso, digamos  que a pulmón económicamente hablando.

Acceder  a ese curso, tenía un requisito de quienes lo brindaban, “ser derivado de la empresa en que trabajaba”.

Yo quería integrarme al grupo que había concurrido, le explico al principal organizador, y se negó, porque me dice que solamente, preparaban a los mecánicos de las concesionarias. No podía entrar allí.

En los inicios del taller

En los inicios del taller

Hasta que le dije: “lo que usted no entiende es que viajé desde tan lejos, haciendo más de mil kilómetros de un pueblito como lo esSalto y ustedes no me dan esa posibilidad. Yo lo único que pretendo, es brindarle un mejor servicio al cliente de nuestro pequeño taller en Uruguay, con la marca que ustedes representan. Además no tengo la posibilidad de que alguien más me ayude”.

Lo convencí  y me aceptó. Pero costó para que lo hiciera, dándome una gran oportunidad.

Me vine con conocimientos que mucho me sirvieron, en cuanto a motores de transporte pesado y automóviles.

Era muy importante para mí, tener un oficio  y siempre cuento como las cosas se pueden hacer, incluso cuando no hay dinero para realizar un sueño, ya que me crié de manera muy humilde, durmiendo al lado de la cama de mi abuela, con frazadas de buzos viejos, de forma muy precaria.

¿Cómo se encamina el taller de la mano de su papá?

No se encaminó desde el principio.

Solamente sobrevivimos por el dinerito que teníamos ahorrado, porque la gente no nos conocía y eran las empresas con ómnibus las que lo llamaban a él por los service. Luego me empezaron a conocer a mí.

Comenzaron a confiar en nosotros. Y tengo el orgullo de decir que fuimos los primeros que instalamos un turbo en motores de camiones chicos: en el Mercedes 352, concretamente.

A todo el trabajo lo realicé por medio de mis estudios, me hacía sentir muy bien que la gente confiara en mí.

¿Tuvo siempre este nombre el taller?

Cuando papá comenzó, se llamaba “taller Los Hermanos”.

Con el tiempo papá logró comprar un camión, y decidimos, que se trasladara él en el vehículo, para hacer los service y mi hermano se quedara conmigo trabajando en el taller. Fuimos siempre una familia muy unida, y nos entendíamos todos muy bien.

¿Qué cosas le gustaba a su papá?

Mi padre no era muy divertido, si bien le gustaba ir a pescar con mi barra de amigos, le gustaba ir al monte conmigo, creo firmemente que le gustaba andar siempre conmigo, porque no nos separábamos nunca.

Incluso, como éramos diabéticos los dos, era yo quien lo controlaba.

Le medía la diabetes, le suministraba la insulina, resultando como su enfermero.

¿Cómo acompañaba su mamá todo su trabajo?

Mi madre siempre estuvo en casa. Pero era muy compañera de él, la quería mucho a mi madre siendo una situación muy dura la de su pérdida.

Abuelo Nicolás, Mama, Sirley, Lilian y Hugo

Abuelo Nicolás, Mama, Sirley, Lilian y Hugo

Hacía muy poco que teníamos el taller, cuando ella fallece y él en la desesperación, comienza  a beber, llegándolo a enfermar la bebida.

¿Cómo era Don Nicolás?

Un hombre totalmente bueno, de corazón muy noble y por la familia daba su vida.

Todo lo que tenía, no era suyo. Por dar una mano a alguien lo entregaba todo igual.

Todos heredamos lo mismo de él.

¿Qué le quedó por hacer con papá?

Pienso que no me quedó nada por hacer. Estoy muy conforme, porque él tenía casi 80 años cuando falleció y yo estuve siempre a su lado, pero uno quisiera tenerlo toda la vida.

Lo máximo que uno piensa que se lo puede dar, se lo di. Y lo que más pude, lo ayudé y lo cuidé. Me siento tranquilo y sin remordimientos.

Soy una persona que estoy muy contento con lo que he logrado en  la vida. Con mi padre principalmente, porque él me ha enseñado a ser una persona honesta y honrada.

Fue lo más grande que me dio y yo se lo transmití a mis hijos. Muchas veces la gente dice que no se puede salir adelante, y yo le digo que sí, porque fui criado de una manera muy humilde y con muchas carencias y sin embargo con la ayuda de papá, con mucho sacrificio, salimos todos adelante.

¿Me lo define  en pocas palabras?

Tengo lo mejor de los recuerdos de papá.

Fue una persona muy luchadora y gracias a él tengo todo lo que tengo.

Me enseñó a ver la vida de la manera que es. Y todo lo que soy se lo debo a él.

Abuelo Nicolás y nietas

Abuelo Nicolás y nietas

¿Hugo, cuáles son sus recuerdos de pequeño del abuelo?

-Hugo: De chiquito, el abuelo era “el” abuelo.

Era la persona que cuando me mandaba una macana, iba corriendo y le pedía que lo retara a papá, para que este no me retara a mí.

Y de todos los regalos que me ha hecho, el más importante que  guardo celosamente, es mi guitarra, y es muy probable que vaya a ser la herramienta en mi futuro, porque soy músico (integrante del grupo Arayman).

Y si tuviera que definirlo, te diría que mi pasado, parte de mi presente y muy probablemente mi futuro, se lo voy a deber a él, por una acción que tuvo.

“El abuelo siempre va ahí”.

¿Cómo son César Nicolás, sus recuerdos sobre el taller y el abuelo?

-César Nicolás: Desde muy pequeño comencé  con nueve años a  ayudarlo a papá en el taller.

Y los recuerdos que tengo sobre el abuelo, son buenos siempre nos inculcó el respeto hacia la otra persona, y a ser honestos.

Se caracterizaba él, por ser una persona derecha, responsable, y es por eso  que la gente al conocerlo nos apoyó en dejar aquel taller humilde que teníamos y transformarlo con mucho sacrificio en un espacio, donde hoy seguimos trabajando todos.

Contamos siempre con la supervisacion del abuelo, diciéndonos que para salir adelante, había que luchar.

Con objetivos claros, de sobrellevar lo mejor que se pueda a la familia y aprendiendo que sin sacrificio no se llega a nada.

Tuve la oportunidad de viajar a Estados Unidos, y volver con muchas herramientas, como para seguir. Con otra visión, con un poco más de preparación para lo que se viene.

Por el hecho de traer las raíces de mi abuelo, fortaleciéndome en lo que me ha enseñado y por la exigencia que he tenido, me ha hecho valorar todo lo aprendido.

Tanto en mi familia como en el trabajo, todo lo aprendí con el abuelo y se lo debo. Si no hubiese sido por él, muchas cosas no las hubiese logrado hoy.