Exrecluso de Guantánamo iniciará una huelga de hambre frente a la Embajada de Estados Unidos en Montevideo

Uno de los exreclusos de Guantánamo, el sirio Abu Wael Dihab (también llamado Jihad Ahmed Dhiab), quien estando en prisión realizó durante dos años una huelga de hambre hasta que un juez obligó a que lo alimentaran por la fuerza prevé sentarse frente a la embajada de Estados Unidos en Montevideo y realizar una nueva huelga de hambre.
Según informó el sirio en un reportaje con el Washington Post el sirio ha comenzado una campaña de rechazo y no acepta los US$ 600 que el gobierno le brinda por mes, dejó de realizar las consultas médicas pese a sus problemas de salud y prevé que, en un par de semanas, cuando se le acaben los tomates, pepinos y papas que come comenzará una huelga de hambre.
«Cuando se acaben, empezaré la huelga de hambre», dijo al diario estadounidense. «Iré y me sentaré frente a la Embajada de Estados Unidos», agregó.
No es la primera vez que Dhiab realiza una huelga de hambre. El refugiado de Guantánamo estuvo casi dos años en huelga de hambre y varios meses de forma ininterrumpida mientras estuvo en prisión. Esto se prolongó hasta que un juez obligó a que lo alimentaran por la fuerza.
Así los guardias de Guantánamo aplicaron una técnica para que comiera a través de una sonda. Todo fue registrado en varios videos. Su abogada, Cori Crider contó en ese entonces que luego de ver tres videos de ese tipo no pudo dormir. Le metían sondas por la nariz con alimento, Dhiab gritaba, sangraba y se retorcía del dolor.
Esa práctica duraba 10 horas todos los días. Finalmente otra jueza decretó suspender esa medida y ante un pedido de varios medios norteamericanos y The Guardian obligó al gobierno de Estados Unidos a difundir más de 20 videos que registraban cómo torturaban y obligaban a Abu Wael Dhiab a comer.
El sirio siente que ha sido traicionado en las promesas que le realizaron y reclama que se le otorgue una casa propia y que su familia sea traída de Siria además de suficiente dinero para vivir con dignidad y comenzar un negocio, según consigna el Washington Post. En este sentido reclama que Estados Unidos asuma su responsabilidad por haberlo mantenido captivo por más de una década y luego liberarlo con una carta que expresa que no tuvo ninguna participación en «conducir o facilitar actividades terroristas».
«¿Quién es el culpable de que mi esposa y yo vivamos en el infierno?», preguntó Dhiab al tiempo que respondió: «Estados Unidos».
El mes pasado Dihab, quien comenzó a escribir un libro sobre su experiencia, dijo en una entrevista con canal 12 que los uruguayos mostraron «un gran corazón al recibirnos», pero aclaró que eso «no es suficiente» ya que se necesita «un plan de ayuda» para «reconstruir» sus vidas.
El refugiado viajó en febrero a Buenos Aires y llamó la atención de las autoridades kirchneristas, al punto que Migraciones le exhortó al Consulado uruguayo que el sirio regrese a Montevideo. Lo hizo sin apuro, luego de encontrar una mezquita para rezar.
En los primeros días en Uruguay, a donde llegó en diciembre pasado, el único gesto que tuvo fue asomar a la ventana una foto de su hijo asesinado y el pantalón naranja que usaba en Guantánamo.
(EL PAIS)Uno de los exreclusos de Guantánamo, el sirio Abu Wael Dihab (también llamado Jihad Ahmed Dhiab), quien estando en prisión realizó durante dos años una huelga de hambre hasta que un juez obligó a que lo alimentaran por la fuerza prevé sentarse frente a la embajada de Estados Unidos en Montevideo y realizar una nueva huelga de hambre.
Según informó el sirio en un reportaje con el Washington Post el sirio ha comenzado una campaña de rechazo y no acepta los US$ 600 que el gobierno le brinda por mes, dejó de realizar las consultas médicas pese a sus problemas de salud y prevé que, en un par de semanas, cuando se le acaben los tomates, pepinos y papas que come comenzará una huelga de hambre.
«Cuando se acaben, empezaré la huelga de hambre», dijo al diario estadounidense. «Iré y me sentaré frente a la Embajada de Estados Unidos», agregó.
No es la primera vez que Dhiab realiza una huelga de hambre. El refugiado de Guantánamo estuvo casi dos años en huelga de hambre y varios meses de forma ininterrumpida mientras estuvo en prisión. Esto se prolongó hasta que un juez obligó a que lo alimentaran por la fuerza.
Así los guardias de Guantánamo aplicaron una técnica para que comiera a través de una sonda. Todo fue registrado en varios videos. Su abogada, Cori Crider contó en ese entonces que luego de ver tres videos de ese tipo no pudo dormir. Le metían sondas por la nariz con alimento, Dhiab gritaba, sangraba y se retorcía del dolor.
Esa práctica duraba 10 horas todos los días. Finalmente otra jueza decretó suspender esa medida y ante un pedido de varios medios norteamericanos y The Guardian obligó al gobierno de Estados Unidos a difundir más de 20 videos que registraban cómo torturaban y obligaban a Abu Wael Dhiab a comer.
El sirio siente que ha sido traicionado en las promesas que le realizaron y reclama que se le otorgue una casa propia y que su familia sea traída de Siria además de suficiente dinero para vivir con dignidad y comenzar un negocio, según consigna el Washington Post. En este sentido reclama que Estados Unidos asuma su responsabilidad por haberlo mantenido captivo por más de una década y luego liberarlo con una carta que expresa que no tuvo ninguna participación en «conducir o facilitar actividades terroristas».
«¿Quién es el culpable de que mi esposa y yo vivamos en el infierno?», preguntó Dhiab al tiempo que respondió: «Estados Unidos».
El mes pasado Dihab, quien comenzó a escribir un libro sobre su experiencia, dijo en una entrevista con canal 12 que los uruguayos mostraron «un gran corazón al recibirnos», pero aclaró que eso «no es suficiente» ya que se necesita «un plan de ayuda» para «reconstruir» sus vidas.
El refugiado viajó en febrero a Buenos Aires y llamó la atención de las autoridades kirchneristas, al punto que Migraciones le exhortó al Consulado uruguayo que el sirio regrese a Montevideo. Lo hizo sin apuro, luego de encontrar una mezquita para rezar.
En los primeros días en Uruguay, a donde llegó en diciembre pasado, el único gesto que tuvo fue asomar a la ventana una foto de su hijo asesinado y el pantalón naranja que usaba en Guantánamo.
(EL PAIS)

Uno de los exreclusos de Guantánamo, el sirio Abu Wael Dihab (también llamado Jihad Ahmed Dhiab), quien estando en prisión realizó durante dos años una huelga de hambre hasta que un juez obligó a que lo alimentaran por la fuerza prevé sentarse frente a la embajada de Estados Unidos en Montevideo y realizar una nueva huelga de hambre.

Según informó el sirio en un reportaje con el Washington Post el sirio ha comenzado una campaña de rechazo y no acepta los US$ 600 que el gobierno le brinda por mes, dejó de realizar las consultas médicas pese a sus problemas de salud y prevé que, en un par de semanas, cuando se le acaben los tomates, pepinos y papas que come comenzará una huelga de hambre.

«Cuando se acaben, empezaré la huelga de hambre», dijo al diario estadounidense. «Iré y me sentaré frente a la Embajada de Estados Unidos», agregó.

No es la primera vez que Dhiab realiza una huelga de hambre. El refugiado de Guantánamo estuvo casi dos años en huelga de hambre y varios meses de forma ininterrumpida mientras estuvo en prisión. Esto se prolongó hasta que un juez obligó a que lo alimentaran por la fuerza.

Así los guardias de Guantánamo aplicaron una técnica para que comiera a través de una sonda. Todo fue registrado en varios videos. Su abogada, Cori Crider contó en ese entonces que luego de ver tres videos de ese tipo no pudo dormir. Le metían sondas por la nariz con alimento, Dhiab gritaba, sangraba y se retorcía del dolor.

Esa práctica duraba 10 horas todos los días. Finalmente otra jueza decretó suspender esa medida y ante un pedido de varios medios norteamericanos y The Guardian obligó al gobierno de Estados Unidos a difundir más de 20 videos que registraban cómo torturaban y obligaban a Abu Wael Dhiab a comer.

El sirio siente que ha sido traicionado en las promesas que le realizaron y reclama que se le otorgue una casa propia y que su familia sea traída de Siria además de suficiente dinero para vivir con dignidad y comenzar un negocio, según consigna el Washington Post. En este sentido reclama que Estados Unidos asuma su responsabilidad por haberlo mantenido captivo por más de una década y luego liberarlo con una carta que expresa que no tuvo ninguna participación en «conducir o facilitar actividades terroristas».

«¿Quién es el culpable de que mi esposa y yo vivamos en el infierno?», preguntó Dhiab al tiempo que respondió: «Estados Unidos».

El mes pasado Dihab, quien comenzó a escribir un libro sobre su experiencia, dijo en una entrevista con canal 12 que los uruguayos mostraron «un gran corazón al recibirnos», pero aclaró que eso «no es suficiente» ya que se necesita «un plan de ayuda» para «reconstruir» sus vidas.

El refugiado viajó en febrero a Buenos Aires y llamó la atención de las autoridades kirchneristas, al punto que Migraciones le exhortó al Consulado uruguayo que el sirio regrese a Montevideo. Lo hizo sin apuro, luego de encontrar una mezquita para rezar.

En los primeros días en Uruguay, a donde llegó en diciembre pasado, el único gesto que tuvo fue asomar a la ventana una foto de su hijo asesinado y el pantalón naranja que usaba en Guantánamo.

(EL PAIS)