Fabián Werner y los pormenores del primer Código de Ética de la Asociación de la Prensa del Uruguay

Fabián Werner es un joven periodista nacido en Montevideo en 1975. Desde 1994 ha trabajado en distintos medios de prensa, agencias internacionales y países de la región. Entre sus principales coberturas se destacan las investigaciones sobre la desaparición de la nieta del poeta argentino Juan Gelman en Uruguay, y la existencia de una red de corrupción vinculada a los juegos de azar en el gobierno de Montevideo que culminó con el encarcelamiento de cinco jerarcas de esa administración. Hoy se destaca por haber sido uno de los impulsores y corredactores del Código de Ética de la Asociación de la Prensa del Uruguay (APU). En diálogo con EL PUEBLO, cuenta los entretelones de cómo se llegó a algo considerado inédito en el periodismo uruguayo. He aquí el resumen de más de una hora de charla.
- ¿Para qué medios de prensa trabaja?
- Soy corresponsal en Uruguay desde el año pasado de Radio Francia Internacional, que es la radio pública francesa. Hago algunas colaboraciones en la producción de reportajes para el New York Times, eso es más esporádico porque la cantidad de reportajes de Uruguay que salen en el diario son bastante espaciados. Y en el último tiempo he trabajado en Brasil, en la Agencia France Presse, estuve unos años trabajando en el diario Liberación de Perú, en Lima. Y en Uruguay trabajé en el diario La República, en Radio El Espectador, en el semanario Brecha y después haciendo algunas colaboraciones puntuales en algunos otros medios.
- También ha sido coautor del libro “La mano en la lata. Crónica de la corrupción en casinos municipales”.
- Si, cuando estaba en el semanario Brecha hicimos con Pablo Alfano una investigación que duró alrededor de dos años sobre lo que en aquel momento no se consideraba todavía un caso de corrupción sino que era un caso bastante sospechoso y dudoso de los casinos que gerenciaba la intendencia de Montevideo y que en una de sus Rendiciones de Cuentas surgió que daban pérdida. En un principio las autoridades de la intendencia lo atribuían a una excesiva carga salarial por parte de los funcionarios. Empezamos a investigar a finales del 2005 cuando surgieron las primeras denuncias, y después de un año de investigación empezamos a hacer las primeras publicaciones en febrero de 2007. Durante todo ese año se hicieron alrededor de diez o doce publicaciones vinculadas con ese tema, y en diciembre de ese año fue que la jueza Fanny Canessa resolvió el procesamiento de cinco personas, entre ellas Juan Carlos Bengoa que ya era el Director Nacional de Casinos. En febrero del año siguiente recopilamos toda la información que habíamos publicado hasta ese momento y le agregamos alguna información nueva que había surgido por esos días y publicamos el libro “La mano en la lata” que fue como una especie de insumo que se utilizó en una interpelación bastante comentada por aquellos días al ministro de Economía Danilo Astori, que había sido uno de los principales defensores de Bengoa en aquel momento.
- ¿Qué es el periodismo para usted?
- Hoy es mi trabajo, es lo que me gusta hacer, es a lo que le he dedicado toda mi fuerza de trabajo desde los 18 años que fue a la edad en que empecé a escribir. En los últimos años también ha empezado a ser una preocupación por algunas cosas que he empezado a notar, sobre todo en Uruguay, pero no se trata de algo que sea patrimonio nacional, que tiene que ver con la calidad del periodismo que se hace. Desde aquellos primeros años en el diario (La República) y después en otros países y en otros medios, en buena medida por los compañeros que tuve pero también por una cuestión de inquietud personal, me acerqué a determinado tipo de periodismo más vinculado a la investigación, con una preocupación por lo social y por las consecuencias que tiene directamente en la gente las decisiones de gobierno.
Con el paso del tiempo me empecé a dar cuenta que ese tipo de periodismo era cada vez más raro en Uruguay, y buena parte de las razones que empecé a encontrar de por qué se daba eso tiene que ver con que me haya involucrado en este proceso de redacción del Código de Ética. Algunas de las causas tienen que ver con aquella crisis que se gestó en el 2001 – 2002 donde se perdieron muchas fuentes de trabajo en muchos medios de comunicación, cerraron muchos medios escritos, un montón de periodistas quedó sin trabajo, y eso empezó a generar, además de las notorias consecuencias laborales, también una rebaja de salario, porque había muchos periodistas demandando trabajo y los dueños de las empresas empezaban a ofrecer sueldos más baratos y a contratar gente más joven desechando a periodistas más viejos, y eso fue generando también consecuencias en la calidad del periodismo que se hacía.
De la mano con esa pérdida de trabajo en el periodismo, también se empezó a generar otro problema, que es el hecho que periodistas empezaron a trabajar como asesores de comunicación en empresas, con políticos, en oficinas estatales, al mismo tiempo que cubrían áreas periodísticas, en parte, porque el sueldo de los periodistas empezó a bajar, y en parte también porque los políticos y los empresarios se empezaron a dar cuenta que no hay nadie mejor que un periodista para saber cómo llegarle a la gente. Eso también empezó a generar un problema de calidad periodística, comenzó a generar conflicto de intereses entre periodistas y medios. Todo ese combo de cuestiones también me empezó a preocupar más allá de la práctica periodística concreta.
- El Código de Ética aprobado recientemente por la APU nace dentro de un contexto más amplio, donde desde el propio gobierno se ha venido cuestionando a determinados medios de comunicación por “conspirar”, situación que se ha repetido en paralelo en otros países de América Latina, donde han surgido leyes o resoluciones del poder político reglamentando el trabajo periodístico, como la Ley de Medios en Argentina. Hoy hay un proyecto similar a estudio de nuestro Parlamento. En este contexto surge este Código de Ética de APU, ¿qué lectura hace de esta situación?
- La preocupación de la Asociación de la Prensa por estas cuestiones que mencioné son muchísimo anteriores a este gobierno. Desde hace muchos años APU se ha planteado en varias ocasiones la necesidad de tener un texto de referencia que sirviera de paradigma o de listado de principios de cómo debía ejercerse el periodismo en Uruguay. Por diferentes circunstancias nunca se pudo llegar a concretar ese proceso, en buena medida porque nunca se había llegado a un acuerdo del colectivo de periodistas de que era necesario y de cuál podía ser la manera de redactarlo y aplicarlo.
En buena parte por este contexto que vos planteas, esta preocupación resurgió y lo que se hizo fue, por un lado, buscar apoyo de otras organizaciones que también están vinculadas con la comunicación, como el grupo Medios y Sociedad y el Centro de Archivos y Acceso a la Información Pública, que además junto con APU forman parte de la Coalición por una Comunicación Democrática. Discutiendo sobre diversos temas nos planteamos la posibilidad de reinstalar la discusión sobre el Código de Ética. En primer lugar, ver si era necesario o no; y después, si se llegaba a la conclusión que era necesario, ver cómo se hacía.
Una de las primeras cosas que hicimos fue ver qué era lo que se estaba haciendo en el exterior porque éramos conscientes que no se iba a inventar nada. Ahí descubrimos que Uruguay era uno de los pocos países en el mundo que no tenía ningún tipo de texto de referencia, es decir, en otros países hay medios que tienen Códigos de Ética propios, hay colegios profesionales, hay asociaciones civiles, o sea, hay distintos tipos de organizaciones o instituciones vinculadas al periodismo que tienen sus propios códigos. Entonces lo que se resolvió fue iniciar un primer debate nacional sobre auto regulación del periodismo y sobre ética periodística. Eso se hizo en agosto del año pasado, se invitó gente de Argentina, Brasil, Chile, Canadá y profesionales de trayectoria en Uruguay, muchos de los cuales han trabajado en el exterior. Se hicieron dos jornadas de discusión en Montevideo, una en Mercedes y otra en Cerro Largo para ver cuál era la realidad que se planteaba también en el interior. De esas discusiones, por un lado surgió la convicción de que debía haber un Código de Ética, pero por otro lado nos pareció que era un ámbito demasiado acotado como para resolver.
Entonces lo que se decidió en función de esa discusión fue hacer una encuesta pública y abierta a través de internet, en la que participaron 257 periodistas de todo el país. En APU se calcula que hay en actividad alrededor de entre 1000 y 1200 periodistas. Para nuestra sorpresa, 9 de cada 10 periodistas que respondieron a la encuesta consideraron que era necesario que hubiera un Código de Ética, por razones muy diversas. Pero además, aprovechamos esa encuesta para preguntar sobre el contenido, qué cuestiones debía abordar el Código. Y esto fue como la última cosa que nos faltaba para tomar la decisión de iniciar el proceso. Empezamos la elaboración del Código y recibimos el apoyo tanto material como logístico y de experiencia en la participación de estos procesos de la UNESCO, que es la Oficina de las Naciones Unidas vinculada a la comunicación y a la educación.
Analizamos alrededor de cien Códigos de Ética de otros países, hay más de 200 en todo el mundo, y en función de ese análisis y las respuestas a la encuesta elaboramos un primer borrador que se puso en consulta pública nuevamente. Desde diciembre hasta marzo de este año estuvo en consulta pública, se recibieron decenas de aportes, después se realizó un nuevo texto que se consultó con Javier Darío Restrepo, que es un experto colombiano en ética periodística, que además es uno de los integrantes de la “Fundación Nuevo Periodismo Gabriel García Márquez”. Es decir, en Iberoamérica se lo considera como uno de los especialistas en la materia. Estuvo de visita en Uruguay, tuvimos una reunión de trabajo en la que le planteamos el borrador del Código, él nos hizo una serie de comentarios, de sugerencias sobre el texto y sobre cómo trabajar después que resultara aprobado. De todo ese trabajo se llegó a un borrador final que fue sometido a una última reunión con editores de medios de Uruguay y responsables de carreras periodísticas de la Universidad de la República, de la Universidad Católica y de la UTU, de donde se sacaron algunas ideas que terminaron formando parte del texto definitivo aprobado en la Asamblea General de APU el 12 de abril.

Fabián Werner es un joven periodista nacido en Montevideo en 1975. Desde 1994 ha trabajado en distintos medios de prensa, agencias internacionales y países de la región. Entre sus principales coberturas se destacan las investigaciones sobre la desaparición de la nieta del poeta argentino Juan Gelman en Uruguay, y la existencia de una red de corrupción vinculada a los juegos de azar en el gobierno de Montevideo que culminó con el encarcelamiento de cinco jerarcas de esa administración. Hoy se destaca por haber sido uno de los impulsores y corredactores del Código de Ética de la Asociación de la Prensa del Uruguay (APU). En diálogo con EL PUEBLO, cuenta los entretelones de cómo se llegó a algo considerado inédito en el periodismo uruguayo. He aquí el resumen de más de una hora de charla.

– ¿Para qué medios de prensa trabaja?

– Soy corresponsal en Uruguay desde el año pasado de Radio Francia Internacional, que es la radio pública francesa. Hago algunas colaboraciones en la producción de reportajes para el New York Times, eso es más esporádico porque la cantidad de reportajes de Uruguay que salen en el diario son bastante espaciados. Y en el último tiempo he trabajado en Brasil, en la Agencia France Presse, estuve unos años trabajando en el diario Liberación de Perú, en Lima. Y en Uruguay trabajé en el diario La República, en Radio El Espectador, en el semanario Brecha y después haciendo algunas colaboraciones puntuales en algunos otros medios.

– También ha sido coautor del libro “La mano en la lata. Crónica de la corrupción en casinos municipales”.

– Si, cuando estaba en el semanario Brecha hicimos con Pablo Alfano una investigación que duró alrededor de dos años sobre lo que en aquel momento no se consideraba todavía un caso de corrupción sino que era un caso bastante sospechoso y dudoso de los casinos que gerenciaba la intendencia de Montevideo y que en una de sus Rendiciones de Cuentas surgió que daban pérdida. En un principio las autoridades de la intendencia lo atribuían a una excesiva carga salarial por parte de los funcionarios. Empezamos a investigar a finales del 2005 cuando surgieron las primeras denuncias, y después de un año de investigación empezamos a hacer las primeras publicaciones en febrero de 2007. Durante todo ese año se hicieron alrededor de diez o doce publicaciones vinculadas con ese tema, y en diciembre de ese año fue que la jueza Fanny Canessa resolvió el procesamiento de cinco personas, entre ellas Juan Carlos Bengoa que ya era el Director Nacional de Casinos. En febrero del año siguiente recopilamos toda la información que habíamos publicado hasta ese momento y le agregamos alguna información nueva que había surgido por esos días y publicamos el libro “La mano en la lata” que fue como una especie de insumo que se utilizó en una interpelación bastante comentada por aquellos días al ministro de Economía Danilo Astori, que había sido uno de los principales defensores de Bengoa en aquel momento.

– ¿Qué es el periodismo para usted?22 5 13 029

– Hoy es mi trabajo, es lo que me gusta hacer, es a lo que le he dedicado toda mi fuerza de trabajo desde los 18 años que fue a la edad en que empecé a escribir. En los últimos años también ha empezado a ser una preocupación por algunas cosas que he empezado a notar, sobre todo en Uruguay, pero no se trata de algo que sea patrimonio nacional, que tiene que ver con la calidad del periodismo que se hace. Desde aquellos primeros años en el diario (La República) y después en otros países y en otros medios, en buena medida por los compañeros que tuve pero también por una cuestión de inquietud personal, me acerqué a determinado tipo de periodismo más vinculado a la investigación, con una preocupación por lo social y por las consecuencias que tiene directamente en la gente las decisiones de gobierno.

Con el paso del tiempo me empecé a dar cuenta que ese tipo de periodismo era cada vez más raro en Uruguay, y buena parte de las razones que empecé a encontrar de por qué se daba eso tiene que ver con que me haya involucrado en este proceso de redacción del Código de Ética. Algunas de las causas tienen que ver con aquella crisis que se gestó en el 2001 – 2002 donde se perdieron muchas fuentes de trabajo en muchos medios de comunicación, cerraron muchos medios escritos, un montón de periodistas quedó sin trabajo, y eso empezó a generar, además de las notorias consecuencias laborales, también una rebaja de salario, porque había muchos periodistas demandando trabajo y los dueños de las empresas empezaban a ofrecer sueldos más baratos y a contratar gente más joven desechando a periodistas más viejos, y eso fue generando también consecuencias en la calidad del periodismo que se hacía.

De la mano con esa pérdida de trabajo en el periodismo, también se empezó a generar otro problema, que es el hecho que periodistas empezaron a trabajar como asesores de comunicación en empresas, con políticos, en oficinas estatales, al mismo tiempo que cubrían áreas periodísticas, en parte, porque el sueldo de los periodistas empezó a bajar, y en parte también porque los políticos y los empresarios se empezaron a dar cuenta que no hay nadie mejor que un periodista para saber cómo llegarle a la gente. Eso también empezó a generar un problema de calidad periodística, comenzó a generar conflicto de intereses entre periodistas y medios. Todo ese combo de cuestiones también me empezó a preocupar más allá de la práctica periodística concreta.

– El Código de Ética aprobado recientemente por la APU nace dentro de un contexto más amplio, donde desde el propio gobierno se ha venido cuestionando a determinados medios de comunicación por “conspirar”, situación que se ha repetido en paralelo en otros países de América Latina, donde han surgido leyes o resoluciones del poder político reglamentando el trabajo periodístico, como la Ley de Medios en Argentina. Hoy hay un proyecto similar a estudio de nuestro Parlamento. En este contexto surge este Código de Ética de APU, ¿qué lectura hace de esta situación?

– La preocupación de la Asociación de la Prensa por estas cuestiones que mencioné son muchísimo anteriores a este gobierno. Desde hace muchos años APU se ha planteado en varias ocasiones la necesidad de tener un texto de referencia que sirviera de paradigma o de listado de principios de cómo debía ejercerse el periodismo en Uruguay. Por diferentes circunstancias nunca se pudo llegar a concretar ese proceso, en buena medida porque nunca se había llegado a un acuerdo del colectivo de periodistas de que era necesario y de cuál podía ser la manera de redactarlo y aplicarlo.

En buena parte por este contexto que vos planteas, esta preocupación resurgió y lo que se hizo fue, por un lado, buscar apoyo de otras organizaciones que también están vinculadas con la comunicación, como el grupo Medios y Sociedad y el Centro de Archivos y Acceso a la Información Pública, que además junto con APU forman parte de la Coalición por una Comunicación Democrática. Discutiendo sobre diversos temas nos planteamos la posibilidad de reinstalar la discusión sobre el Código de Ética. En primer lugar, ver si era necesario o no; y después, si se llegaba a la conclusión que era necesario, ver cómo se hacía.

Una de las primeras cosas que hicimos fue ver qué era lo que se estaba haciendo en el exterior porque éramos conscientes que no se iba a inventar nada. Ahí descubrimos que Uruguay era uno de los pocos países en el mundo que no tenía ningún tipo de texto de referencia, es decir, en otros países hay medios que tienen Códigos de Ética propios, hay colegios profesionales, hay asociaciones civiles, o sea, hay distintos tipos de organizaciones o instituciones vinculadas al periodismo que tienen sus propios códigos. Entonces lo que se resolvió fue iniciar un primer debate nacional sobre auto regulación del periodismo y sobre ética periodística. Eso se hizo en agosto del año pasado, se invitó gente de Argentina, Brasil, Chile, Canadá y profesionales de trayectoria en Uruguay, muchos de los cuales han trabajado en el exterior. Se hicieron dos jornadas de discusión en Montevideo, una en Mercedes y otra en Cerro Largo para ver cuál era la realidad que se planteaba también en el interior. De esas discusiones, por un lado surgió la convicción de que debía haber un Código de Ética, pero por otro lado nos pareció que era un ámbito demasiado acotado como para resolver.

Entonces lo que se decidió en función de esa discusión fue hacer una encuesta pública y abierta a través de internet, en la que participaron 257 periodistas de todo el país. En APU se calcula que hay en actividad alrededor de entre 1000 y 1200 periodistas. Para nuestra sorpresa, 9 de cada 10 periodistas que respondieron a la encuesta consideraron que era necesario que hubiera un Código de Ética, por razones muy diversas. Pero además, aprovechamos esa encuesta para preguntar sobre el contenido, qué cuestiones debía abordar el Código. Y esto fue como la última cosa que nos faltaba para tomar la decisión de iniciar el proceso. Empezamos la elaboración del Código y recibimos el apoyo tanto material como logístico y de experiencia en la participación de estos procesos de la UNESCO, que es la Oficina de las Naciones Unidas vinculada a la comunicación y a la educación.

Analizamos alrededor de cien Códigos de Ética de otros países, hay más de 200 en todo el mundo, y en función de ese análisis y las respuestas a la encuesta elaboramos un primer borrador que se puso en consulta pública nuevamente. Desde diciembre hasta marzo de este año estuvo en consulta pública, se recibieron decenas de aportes, después se realizó un nuevo texto que se consultó con Javier Darío Restrepo, que es un experto colombiano en ética periodística, que además es uno de los integrantes de la “Fundación Nuevo Periodismo Gabriel García Márquez”. Es decir, en Iberoamérica se lo considera como uno de los especialistas en la materia. Estuvo de visita en Uruguay, tuvimos una reunión de trabajo en la que le planteamos el borrador del Código, él nos hizo una serie de comentarios, de sugerencias sobre el texto y sobre cómo trabajar después que resultara aprobado. De todo ese trabajo se llegó a un borrador final que fue sometido a una última reunión con editores de medios de Uruguay y responsables de carreras periodísticas de la Universidad de la República, de la Universidad Católica y de la UTU, de donde se sacaron algunas ideas que terminaron formando parte del texto definitivo aprobado en la Asamblea General de APU el 12 de abril.

Entrevista de Leonardo Silva.







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