Falleció en Barcelona el escritor salteño Guido Castillo Meirelles

Hoy por: Jorge Pignataro

El miércoles 29 de diciembre falleció en España, donde residía desde el año 1973, el reconocido escritor Guido Castillo. La noticia estuvo presente en las páginas de Cultura de diversos medios de prensa de nuestro país y de España; pero lo que en ninguna decía –al menos en las varias que pudimos consultar – es que había nacido en Salto.

El comunicado del MEC

La Dirección Nacional de Cultura, del Ministerio de Educación y Cultura del Uruguay, inmediatamente de conocerse la noticia difundió el siguiente comunicado:

Con profundo dolor la Dirección Nacional de Cultura comunica el fallecimiento del escritor, crítico y ensayista Guido Castillo el pasado miércoles 29 de diciembre, quien fuera un destacado integrante de la generación del ’45.
Ensayista, crítico, docente. Integró diversas publicaciones de referencia como “Asir” y “Entregas de La Licorne”. Formó parte del círculo de intelectuales que rodeó a Torres García y al Taller, hasta que se radicó en España. Fue redactor responsable de “Removedor”, órgano de prensa del Taller Torres García desde 1945 hasta 1953. Una escala fundamental fue su rol de docente en la Facultad de Humanidades y Ciencias, cuando asume la cátedra de literatura hispana.
»Quedan hoy algunos privilegiados, aquellos que lo oyeron, entre tos y tos de cigarro, pronunciar las más certeras apreciaciones sobre arte y literatura. Tenía además el recurso de poder defenderlas, en el instante de un suspiro, con citaciones muy vivas en su memoria de cientos de libros leídos y amados. Su sello personal lo ponía en su lucidez, en su capacidad de releer y repensarse, cada vez con elementos nuevos, fiel al espíritu de la revista REMOVEDOR, por la que tanto obró: REMOVEDOR… así era un uruguayo de la generación crítica, la generación perdida». JAM / Paris, 2010.

En el “Diccionario de la Cultura Uruguaya”

El escritor Miguel Ángel Campodónico, en su “Diccionario de la Cultura Uruguaya”, del año 2003, lo presenta así: “Guido Castillo (Salto, 1922). Ensayista, crítico, docente. Reside en España, desde 1973. Mientras estuvo radicado en Montevideo, fue colaborador de varias publicaciones, como por ejemplo, “Entregas de la Licorne”, “Asir”, etc. y en especial de “Removedor”, órgano del Taller Torres García. Ejerció la docencia de Literatura en Enseñanza Secundaria y en el IPA. En España realizó guiones para cine y para televisión. Sus trabajos de ensayo y de crítica, en general han abarcado la literatura y las artes visuales: “30 dibujos constructivos” (1952), “Fausto” (1962), “África: pinturas de viajes de Carlos Páez Vilaró” (1963), “Tres fragmentos de Don Juan el Zorro, de Francisco Espínola” (1968), “Notas sobre Don Quijote” (1970), “Garcilaso” (1974), “Virgilio” (1974), “Primer manifiesto del constructivismo por Joaquín Torres García” (España, 1976), “Augusto Torres” (compilación con E. Fonseca, EEUU, 1986), “Eva: vida y obra de Eva Díaz Torres” (con Anhelo Hernández, 1996), etc. En España continuó con su tarea de crítico”.

En la “Antología del Ensayo Uruguayo Contemporáneo”:

Carlos Real de Azúa, en su libro “Antología del Ensayo Uruguayo Contemporáneo”, de 1964, escribe: “Recargado de deberes y trabajos pero siempre dispuesto a postergarlos en torno a la mesa y al diálogo, vivaz, permanentemente fatigado pero sacando de su cansancio fuerzas para un animoso, gozoso, encandilado vivir, Castillo Meirelles, salteño de origen y montevideano por necesidad, se enderezó, tras unos años de bohemia juvenil, hacia la senda habitual del profesorado, de filosofía en su caso, literatura y lenguas muertas.

Paralelamente se fue prodigando en artículos, innumerables conferencias y colaboraciones relativamente regulares en Asir, en El Removedor, del Taller Torres García (del que fue fervoroso e intransigente teórico y polemista), en Entregas de la Licorne, cuya secretaría ejerció, en El País y otras hojas. Su pensamiento discontinuo, proclive al repentinismo, ha buscado reiteradamente la forma aforística, que condensó en series: “Bueyes perdidos”, de 1951 y “Pájaros dispersos”, de 1962, con cambio de títulos que traducen, sin duda, un promisorio (aunque todavía invisible) fenómeno de levitación. En todo lo que Castillo ha escrito hay una disposición muy específica para la paradoja (“un escritor es serio cuando juega”; “la poesía es útil porque no sirve para nada” son dos entre mil ejemplos); para el juego de palabras y el descoyuntamiento etimológico a la manera unamuniana (“encantador” es estar-en-el-canto, es un caso); para las antítesis violentas (del tipo de cielo-tierra, vida- muerte, sueño-vigilia, ilusión-realidad, claridad-misterio, cuna-sepultura, razón-cordura u otras)”.