Falleció en EEUU el poeta uruguayo Enrique Fierro

En los últimos días del mes de mayo, en Estados Unidos, donde residía desde hace ya varios años (junto a su esposa, la poeta Ida Vitale), falleció Enrique Fierro, docente, poeta, traductor. Autor de un gran cantidad de libros en los que priorizó la profundidad en las ideas, la experimentación con el lenguaje y la creación de un mundo al que se entra mediante un esfuerzo intelectual digno de la mejor poesía, pero que no todos están dispuestos a realizar. No fue, por lo tanto, un “poeta popular” (mucho tiempo y espacio llevaría la discusión acerca de qué significa esto), en tanto que apostó a una poesía rotundamente intelectual (hermética, dirían algunos), lo que quizás generó el poco conocimiento del común de la gente uruguaya y el extendido silencio ante su muerte. Había nacido en Montevideo en 1942.
Hugo Verani: Una poesía que “aspira a reconciliar la palabra con el mundo”
Hugo Verani, uno de los críticos que más se ocupó de la poesía de Fierro ha escrito: “La poesía de Enrique Fierro atestigua una de las tendencias esenciales de la lírica contemporánea. Poesía lúcida, decididamente intelectual, signada por el hermetismo y marcada por la desconfianza implacable en el lenguaje para rescatar la verdadera naturaleza de la realidad. Forma fragmentaria e interrogativa, pensamiento inacabado y extrema reducción verbal son características predominantes de la concepción poética de Enrique Fierro. En buena medida la poesía de Enrique Fierro aspira a reconciliar la palabra con el mundo, en sí un acto paradójico; el poeta reconoce los límites del lenguaje, la inutilidad de la palabra para trascender las referencias y hace de la negación del lenguaje un camino hacia lo indecible, como si el ocultamiento (el silencio) fuese una alternativa para devolverle al lenguaje su intensidad perdida. El poema característico de Enrique Fierro no culmina, sino que torna de continuo a la interrogación o deliberada irresolución, al cuestionamiento de la capacidad mimética del lenguaje, como si toda explicación fuera estéril e inútil. Sustraído del tiempo y del espacio exterior, el poema de Fierro revela la ausencia y la disolución, transformando al silencio en virtual signo del vacío, de la condición de fragmento del ser humano. Enrique Fierro trae a la poesía uruguaya actual la más radical experimentación desmitificada de la función del lenguaje en el texto lírico. Este es precisamente, el fundamento último de su obra poética: el cuestionamiento de los límites de la escritura y el replanteamiento —con hallazgos creativos que descubren una segura e inconfundible personalidad lírica— de la función de la poesía en el mundo actual”.
Algunas de sus obras (poesía)
De la invención (1964), Entonces jueves (1972), Mutaciones I 1963-1966 (1972), Impedimenta: 1966-1968 (1973), Capítulo aparte: 1966-1968 (1974), Breve Suma: 1966-1969 (1976), Trabajo y Cambio (1977), Textos/pretextos (1979), Las oscuras versiones, (con Impedimenta, Capítulo aparte. Breve Suma, Trabajo y Cambio, Textos/Pretextos, Días con perro (1980), Ver para creer, causa perdida, estaba escrito: para una crítica de la razón poética, 1972-1973 (1980), Fuera de lugar 1973-1975 (1982), Contrahierba (1982), La entonces música (1983), Ristra (1984).
“Una pérdida para las letras tanto como para las ideas democráticas”,escribe Julio María Sanguinetti
Ante la muerte del poeta, el Ex Presidente de la República, Dr. Julio Ma. Sanguinetti escribió: “A los 72 años, falleció en los EEUU Enrique Fierro, relevante poeta, penetrante profesor de literatura y ciudadano ejemplar. A lo que añadimos su cordialidad, su bonhomía y un humor travieso que le daba a su corpórea humanidad la levedad de su espíritu. Enrique llevaba más de cincuenta años junto a Ida Vitale, la poeta más destacada de nuestro país, vigente hoy en todo el mundo hispánico. La conoció cuando todavía era alumno de su primer esposo, Ángel Rama, ella bastante mayor que Enrique, en diferencia de edad que el tiempo fue diluyendo. Después del golpe de Estado, se fueron a México. Allí Enrique colaboró en “Vuelta”, la revista literaria que dirigía Octavio Paz, de quien fue muy cercano, a nuestro juicio tanto en ideas como en su estilo poético. Enrique quizás más hermético que Octavio, pero igualmente inspirado y preciso en el manejo de un idioma que llevó a un nivel poco frecuente de altura y riqueza. Luego de diez años en México, retornaron al Uruguay, cuando la apertura democrática. Tuve el honor de designar a Enrique Director de la Biblioteca Nacional, cargo que desempeñó con devoción y un estoico espíritu que soportó las inclemencias de una estólida burocracia. Más tarde Ida y Enrique marcharon a los EEUU, a Austin, Texas, cuya universidad es tradicionalmente abierta a la cultura hispanoamericana. Allí enseñaron literatura, difundieron poesía y echaron raíces. No por ello dejaron de viajar y ser frecuente su presencia en encuentros culturales, tanto en América Latina como en España. En cada caso, renovábamos una misma charla que parecía nunca estar interrumpida. La pérdida de Enrique lo es para las letras tanto como para las ideas democráticas, a las que servía sin estridencias pero sólida convicción. Le extrañaremos”.
POR LA VUELTA DE LOS ÁNGELES
Piedra que se coloca con la mano.
Mano que se lleva a la cabeza.
Cabeza que se llena de pájaros.
Pájaros que se entienden con la noche.
Piedra que se coloca con la mano
que se lleva a la cabeza
que se llena de pájaros
que se entienden con la noche.
Como aquella piedra
que se coloca con la mano
que se lleva a la cabeza
que se llena de pájaros
que se entienden con la noche.
Así afanes y tareas
de la ronda nocturna
de los ángeles
(la duda ofende)
para llegar a ninguna parte.
Enrique Fierro