Federico Moreira, una leyenda viviente del ciclismo nacional

Federico Moreira,  una leyenda viviente  del ciclismo nacional

Federico Moreira es una leyenda viviente del deporte uruguayo y no necesita presentación, porque no debe existir salteño que no conozca su historia. Empero, vale repasar los logros más importantes del mejor ciclista que ha dado nuestro país, según la humilde consideración de quien esto escribe.
Federico posee el récord de haber ganado seis Vueltas del Uruguay, batiendo el histórico guarismo de Walter Moyano, quien ganó cinco veces la competencia y mantuvo el récord por 30 años (de 1969 a 1999). Federico ganó las ediciones de 1986 y 1989 con el Club Ciclista Amanecer, en 1990 y 1991 se consagró con Peñarol, en 1997 con el Club Ciclista Fénix y en 1999 con el Club Ciclista Cruz del Sur. El último logro lo consiguió a los 38 años, nada menos.
El ciclista salteño también ganó tres Rutas de América (1982, 1988, 1997), es el único uruguayo en haber ganado la Vuelta de Chile (en 1985), y representando a Uruguay obtuvo la medalla de oro en los Juegos Panamericanos de Indianápolis 1987 y participó de los Juegos Olímpicos de Seúl 1988 y Barcelona 1992.
Hoy Federico sigue fuertemente vinculado al deporte que lo catapultó a la fama, siendo el actual presidente de la Federación Ciclista del Uruguay.

¿Extrañás algo de tu etapa de ciclista?
Extrañar, no, porque sigo vinculado al ciclismo y mi familia también lo está. Pero al ver las carreras, a veces se siente un poco de nostalgia y recuerdos por lo que uno fue cuando pedaleaba. Pero soy de los que piensa que todo tiene su época en la vida. Y mi etapa de corredor culminó y hoy sigo vinculado al ciclismo desde otra función. Nada más que eso. No es que por dejar de correr me haya separado del ciclismo. Eso quizás me ayude un poco a no sentir tanta nostalgia.

¿Te quedó algún objetivo por cumplir en tu carrera?
Cosas siempre quedan. Me hubiese gustado tener una buena figuración en un Campeonato del Mundo. En los Juegos Olímpicos de Barcelona tuvimos todo para estar entre los 10 mejores, pero por cosas de la carrera no se dio. Lógicamente que me hubiese gustado llegar un poco más arriba a nivel mundial, pero el balance es positivo. Tuve una cantidad importante de triunfos, pero creo que todos aspiramos a lograr un poquito más.

A nivel internacional, el destino a veces te jugó una mala pasada. Antes de Seúl 88 sufriste una gripe que te complicó la preparación, cuando estabas en un gran momento.
Estábamos en un momento muy bueno de preparación, porque habíamos competido dos meses en España en el mejor nivel. Pero estábamos en País Vasco, con 40 o 45 grados, y volvimos a Uruguay para irnos con la delegación, sufriendo uno de los inviernos más fríos de la historia, con 4 ó 5 grados bajo cero. Ahí pesqué una gripe y estuve 15 días para recuperarme. Y coincidió justo con el momento en que tenía que competir. Son esas cosas del destino que el deportista debe afrontar.

Más allá de todos los logros que acumulaste en tu carrera, todo el mundo recuerda tus seis Vueltas del Uruguay. ¿Te preguntan mucho por ese récord?
Sí, porque tuvo mucha trascendencia. Una de las cosas que me llevó a intentar hacer lo mejor posible en la Vuelta del Uruguay es el arraigo popular y la trascendencia que tiene. Cuando paso raya a mi carrera deportiva, noto que hubo temporadas donde gané 16 de las 29 carreras y sin embargo, como ese año no gané ni Rutas ni la Vuelta del Uruguay, es como que quedó opacado. En cambio hubo temporadas que gané sólo una o dos carreras, pero gané la Vuelta del Uruguay y a ese año se le dio más trascendencia. Eso seguramente era debido a la distancia que se recorría. Si ir más lejos, hoy escuché a un dirigente de Montevideo que se quejaba de tener que viajar a Treinta y Tres, porque tenía que trabajar al otro día. Y yo viajé 30 años a Montevideo: me iba los sábados al mediodía, terminábamos las carreras y me volvía a las 5.40 de la tarde del domingo, llegaba a la una de la mañana y a las 8.00 ya estaba trabajando. Me da un poco de risa cuando la gente del interior se queja por tener que viajar 300, 400 o 500 kilómetros todos los fines de semana. Son las cosas que te hacen valorar el esfuerzo que uno hacía para poder competir.

¿Cuál fue la clave para que mantuvieras la vigencia por tanto tiempo y llegaras a ganar la histórica sexta Vuelta con 38 años?
Pienso que fue el trabajo. La clave de estar tanto tiempo en un nivel importante dentro de un deporte es tener una vida sana y ordenada, un entrenamiento riguroso. Hoy por hoy, la tecnología que hay en el deporte hace que sea mucho más fácil prepararse. Antes era todo a pulmón. Uno se entrenaba y no sabía cuándo estaba en el mejor momento porque no tenía los medios actuales. Hoy te ponen arriba de una máquina y te detectan todo. Sabiendo aprovechar la tecnología, el deportista tiene más posibilidades de rendir y mejorar su performance. Pero todo parte del cuidado, la contracción al trabajo, la dedicación y la responsabilidad que uno le pone. Para afrontar una temporada dura tenés que tener una vida muy ordenada. Hoy la juventud a veces no tiene la contracción al trabajo que se tenía años atrás. Pero no es un problema del ciclismo, sino que es de la juventud en general.

Recuerdo haber estado en la Vuelta de 1996, cuando competías por la Caloi de Brasil y un compañero tuyo encabezó una fuga cuando vos habías pinchado y a la postre eso fue decisivo para que terminaras 2º, detrás de Milton Wynants.
Fue una de las tantas Vueltas que me tocó perder. Recuerdo que tuvimos discrepancias con el técnico, que no era nacional. Era Antonio Silvestre, que había corrido conmigo. Yo le decía que iba a haber grandes diferencias en la crono, porque era de 50 kilómetros a ruta abierta, donde el viento podía jugar un papel importantísimo. Por eso no había que sacar grandes diferencias. Teníamos un equipo potente y si me llevaban a la crono con una desventaja de dos o tres minutos, era muy posible que pudiera quedar líder. Pero hubo varias fugas y en las primeras etapas hubo diferencias de cuatro o cinco minutos en cada una. Cuando llegamos a la crono, la diferencia con el líder, el argentino Cline, era de seis minutos. Milton (Wynants) estaba como a cinco minutos. El gran rival en ese momento era Cline, pero perdió nueve minutos en la crono. Fue una Vuelta recordada como otras tantas en los que nos tocó perder. Muchas veces le erramos a los cálculos y en otras nos quedamos sin fuerzas.

También hubo otras Vueltas que parecían imposibles de ganar y las ganaste, como aquella de 1991 ante el poderoso equipo de Francia, con una crono que cerró la competencia en Montevideo.
Quizás parecía imposible porque tú lo viviste como periodista y era imposible para la gente que la veía de afuera. Pero nosotros estábamos convencidos que íbamos a ganar esa Vuelta. Hubiésemos sido líderes en la primera crono, de no haber mediado una pinchadura. Lo que tampoco conocía la gente es que no habíamos planificado hacer una primera crono a fondo porque sabíamos el equipo que teníamos enfrente. Era tratar de perder lo mínimo de diferencia para llegar a la crono de Montevideo con una hinchada que iba a estar pendiente de nosotros. Muchas veces llegamos “sin nafta” al final, pero sabíamos que si llegábamos con la potencia necesaria, más todo el entorno a favor, nos jugábamos todos los boletos a que ganábamos en la última etapa. Y ese día hice uno de los mejores promedios de mi carrera: 52 kilómetros por hora. Recuerdo que a José (Asconegui), que en esa ocasión era rival, le desconté casi tres minutos en 26 kilómetros. Largó con esa diferencia y llegué pisándole los talones. Se cumplió todo lo que se planificó en la interna. Siempre hay interna y cuando hay equipos serios y responsables, que saben manejar sus códigos, pocas veces se filtra lo que pasa en las carreras.

Tras ganar la cuarta Vuelta, todos estaban pendiente de que igualaras el récord de Moyano. ¿Sentías la presión que había en el ambiente?
Se tejieron muchas historias en base a eso. Y muchas verdades salieron a luz y las conocimos dentro del ambiente del ciclismo, pero más vale ni comentarlas. A mí, interiormente, lo que me interesaba era llegar bien a cada Vuelta del Uruguay. Mi objetivo era ganar la competencia, por un montón de razones que sería engorroso resumir en un reportaje. Me preparaba en Rutas de América para la Vuelta del Uruguay. Trataba de acumular kilómetros y quemar las grasas que tenía de más, para llegar bien a la Vuelta. Mi objetivo no era quebrar el récord de Moyano. Si se daba, bien; si no, también. Esas cosas se tejieron porque era un récord histórico y estaba muy cerca de caer. Hoy por hoy, el ciclismo moderno cada vez se hace muy difícil que un corredor pueda mantenerse durante tantos años.

¿Vislumbrás en las nuevas generaciones a algún ciclista con características parecidas a las tuyas?
Hay mucha juventud con capacidad y grandes condiciones. La autocrítica que se debe hacer en el ciclismo en general es que nos está faltando la modernización en cuanto a métodos de trabajo. Hay juventud como para poderla trabajar, y en ese sentido, otro de los desafíos que asumimos los compañeros que estamos al frente de la Federación, es mejorar nuestras participaciones en el extranjero. Si bien es cierto que hay una serie de mecanismos para poder estar en los grandes eventos, hoy no es como antes, que ibas a los Panamericanos sin tener una clasificación: ibas, corrías y listo. Hoy tenés que clasificar. También tenés que clasificar para ir a los Mundiales, por un sistema de ranking y clasificación. Uruguay debe mejorar su forma de prepararse y debe mejorar la condición en la que llegan nuestros atletas a las pruebas clasificatorias. Pero en términos generales, creo que hay madera y juventud como para poder trabajar.

¿Existe en el ciclismo de hoy algún problema que antes no existía?
Hoy estamos teniendo un problema con la difusión. Hace 30 años, cualquier noticiero pasaba una carrera dominguera. Hoy es muy difícil. Hay un programa de ciclismo en la empresa que tiene los derechos comerciales de la Vuelta, pero como que cuesta un poco meterlo en los medios de comunicación de alcance nacional. Por lo menos en la televisión abierta y en los grandes medios de prensa escrita, que siempre estaban presentes en los grandes eventos. Hoy se hace un poco difícil. Pero 15 días antes de la Vuelta del Uruguay, todo el mundo está hablando de la competencia. Pero para nosotros, como presidente de la Federación, el ciclismo vive de agosto a abril, que es cuando empieza y termina la temporada.