Funcionario de Empresa de Seguridad SKIBA

Entrevista a Esteban  Dinarte 

Entre cientos de usuarios que ingresan diariamente a la mutualista salteña S.Q.M.S, en el sector admisión órdenes y conformes de medicamentos, se encuentra Esteban desarrollando su tarea.
Como funcionario de Empresa de Seguridad SKIBA, cumplió 22 años de servicio allí.
Un servicio que no solo trata de la seguridad en el lugar, cumpliendo responsablemente su función, sino además con un plus de atención a la comunidad, entregando todo de sí como ser humano.

Esteban Dinarte

Esteban Dinarte

Una consulta, una inquietud, una solución: allí se encuentra Esteban, para brindar una mano en lo que se desee consultarle.
Cuando le preguntamos: ¿En qué año comienza a trabajar en la empresa de seguridad?, esto nos respondía:
En el año ´96, cuando todavía se llamaba Seguridad Salto.
Y en Centro Médico comencé trabajando donde actualmente se encuentra instalada la institución de ANDA, por calle Uruguay.
Somos un grupo de funcionarios, trabajando todos para la misma institución y hace muy poco tiempo nos sumamos a Sanatorio Salto.
¿Qué implica su tarea?
Hacerme cargo de la seguridad del lugar.
Pero siempre me sentí comprometido con el apoyo a los usuarios, colaborando con la gente en consultas y para lo que necesiten.
Llega mucha gente de afuera, que a lo mismo que los usuarios de la ciudad, son muy agradecidos.
Me gusta tratar bien a la gente y hacerlos sentir cómodos.
¿Por qué se inclina por ella?
Yo trabajaba anteriormente en seguridad en los boliches bailables.
Y en un momento dado, logro ingresar a SKIBA cubriendo licencias.
Al poco tiempo, la propietaria del inmueble donde se encuentra ubicado el tomógrafo, necesitaba que se le cubriera el fondo que estaba muy desprotegido, la empresa me envía allí y fue para quedar en forma definitiva.
Una vez que Centro Médico adquiere el inmueble y viéndome cumplir con mi trabajo, solicitaron que fuera yo su guardia de seguridad.
Me trasladan para el sector de las cajas, en admisión órdenes y me quedé hasta hoy.
¿Cuál fue el cambio más importante de comenzar a trabajar allí?
En primer lugar tuve una muy buena aceptación desde el principio de todos los funcionarios y luego me fue pasando el disfrute con los clientes, intentando asesorarlos en todo lo que esté a mi alcance.
Fui aprendiendo cosas, me enseñaron a trabajar, haciéndome sentir muy a gusto, demostrando la preferencia por mi presencia allí.
Todo está relacionado al trato con la gente.
Me gusta mucho lo que hago.
¿Qué sucede cuando un usuario le solicita algo, que sale de su rol?
Es que nunca dije que no a nadie, por nada.
Yo estoy para ayudar y servir.
La idea desde el comienzo, fue colaborar con el público que allí concurre y es una tarea muy agradable.
Entiendo que mi trabajo se basa en la seguridad y debo estar atento a ello, pero este sector en el que me desempeño, es muy tranquilo.
Existen también solicitudes de parte de los compañeros de trabajo a las que gustoso accedo.
¿Qué complicaciones suelen aparecer?
Sucede a veces, como concurre mucha gente, que algunos se vayan muy conformes y otros no tanto.
Suelen alterarse con el sistema de cajas, por ejemplo.
Trato de explicarles, conformándolos.
Por otro lado está el tema de las fechas de especialistas en espera por meses y esas cosas escapan a las personas que trabajan en las cajas.
Son problemas dependientes de la institución. Los cajeros hacen lo que pueden por el usuario.
¿Trabaja con arma?
No, hasta ahora.
Tal vez más adelante. Yo tengo varios cursos realizados en la Escuela de Policía, ya que todo personal de seguridad debe hacerlo.
Además se aprende mucho.
¿Qué objetivos perseguía, al ingresar a la empresa?
Yo necesitaba trabajar. Pero a la vez, estar cómodo.
Aunque pasamos aquella etapa donde ganábamos quince pesos y pasamos a cobrar catorce, porque de lo contrario, quedábamos sin trabajo.
Era una crisis.
Y aquí estamos, sin ninguna falta en veintidós años, ni siquiera por enfermedad. Tampoco llegué nunca tarde.
Me creo una persona muy responsable en cuanto a ello.
¿Cómo hace coincidir su trabajo con su vida familiar?
Muy bien.
Además, tengo un pequeño taller de zapatería en mi casa y cuando llego de trabajar, me dedico a él.
Tengo una fiel clientela (sonríe).
Incluso de mi lugar de trabajo todos los días, me llevo mi bolsita con trabajo, de mis mismos compañeros que necesitan algún arreglo.
¿Cómo ve el compañerismo en el grupo de trabajo con el que le corresponde hacerlo?
Yo en lo posible trato de brindarme para dar una mano siempre.
Entro temprano a trabajar y me brindan mis compañeros, la confianza de dejarme encender un monitor, reiniciar una máquina, para cuando ellos lleguen, solo tengan que sentarse y comenzar a trabajar.
Muchas veces pasa que la máquina que facilita los números a los usuarios, tiene algún problema y yo me esmero para solucionarlo y que la gente no tenga que estar esperando.
Y en caso de que se complique por mucho tiempo, entrego los números haciéndolo en forma manual, manteniendo al tanto a los cajeros, para cuando la máquina entregue los números, lo reinicien.
¿Llega a contabilizar cuántos usuarios ingresan en forma diaria?
Registrados en numerador, son más de mil doscientas personas por día de lunes a viernes y los días sábados, llegan hasta setecientos usuarios.
¿Una anécdota importante que guarde en su memoria?
Son muchas.
Pero la más fuerte o grave digamos, me pasó hace muy poco tiempo después de tantos años de trabajo.
Hace unos meses, solicité a la dirección de Centro Médico, una silla de ruedas.
Quería de una u otra forma, solucionarle problemas a alguna persona de edad avanzada o con problemas para caminar, cuando veo parar los autos frente a la puerta y la persona entra sola, con dificultad.
Así lo entendieron y me enviaron la silla.
Hace muy poco, una persona comerciante de la zona se descompuso y llega alguien llamándome que la fuera a buscar, porque sabían que teníamos la silla de ruedas.
Cuando llegué, la toqué y estaba helada.
La subí a la silla, comencé a desesperarme por llegar y entré corriendo a emergencia con la señora, que según los médicos, estaba atravesando por un paro cardíaco.
La atienden…¡Y lograron salvarla!
Para mí fue maravilloso conocer la noticia de que se iba a recuperar.
Fue una de las experiencias más fuertes que me tocó pasar en mi trabajo. ¡No es fácil!
Pero también la silla es salvadora para mucha gente en cuanto a la atención rápida, porque muchas veces sucede que las sillas de emergencia están ocupadas.
¿Cómo se siente con éstas situaciones donde puede extender su mano?
Muy orgulloso.
Además siento que cada vez, vamos mejorando un poquito.
Si yo estoy parado en la puerta y se baja de un taxi, una anciana o un señor adulto mayor, veo que muchas veces no saben distinguir el lugar, con un papel en la mano, sin saber qué hacer…
Me acerco, les pregunto si puedo ayudarlos y ya no los hago esperar. Los llevo a un sector o a otro y trato de solucionárselo lo más rápido posible.
Como pasa con la gente que viene del Hospital de día, trato de solucionarle rápido el trámite que vengan a realizar, porque muchas veces vienen de un tratamiento con quimio o algo parecido.
También hago de Psicólogo (sonríe), porque con algunas personas mientras esperan, conversamos mucho y les inculco el ¡pum para arriba! Todo positivo.
Luego nos queda ese vínculo.
¿Siente que es un lugar de privilegio el suyo?
No quisiera nunca irme de allí.
Siempre les agradezco a todo el personal, por la forma en que se comportan conmigo.
Me consideran mucho, me enseñan, me han dado muchos consejos, que los he tomado con gusto.
También alguna sugerencia que he planteado para mejorar el servicio, la administración la ha tomado en cuenta.
¿Qué le diría a toda esa gente que ya es como de su familia?
Que para mí es un placer mantener el vínculo que creamos entre todos.
Amo lo que hago y Centro Médico, es mi segunda casa.







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