Hace casi 50 años, Carlos Maggi ya se perfilaba como autor “con personalidad y oficio”

Nadie discute hoy los valores del escritor Carlos Maggi, que lo convierten en uno de los mayores intelectuales que ha dado el país en las últimas décadas. Incluso, a raíz de su muerte, el pasado 15 de mayo, se levantaron voces que parecían no recordarlo. Pero es bueno tener presente, que un gran crítico de nuestro teatro, Juan Carlos Legido, ya reconocía esos valores en los inicios del escritor, hace casi 50 años. Esto escribía Legido en 1968, en su libro “El teatro uruguayo”:
“En 1958, con el estreno de ‘La trastienda’, se perfiló un autor que entraba directamente por la puerta grande de la Comedia Nacional. Nunca tan merecido un estreno de autor ##
uruguayo, desconocido hasta entonces en el ambiente teatral –aunque no en los medios literarios- por el mejor equipo escénico del país. Con esta obra Maggi lograba retomar los hilos del grotesco, aquel que había cultivado Armando Discépolo con singular talento y dando a la historia del teatro rioplatense una serie de títulos inolvidables. El éxito de ‘La trastienda’ estimuló en Maggi una producción dramática ininterrumpida.
‘La biblioteca’, estrenada en 1959, sangrienta y triste historia de nuestra burocracia, de nuestras inacabadas realizaciones públicas, continuaba la línea de creación y de temática que se iniciara con ‘La trastienda’, si bien, según creo, fue escrita con anterioridad. Imaginación, barroquismo, inteligencia y crueldad eran las características de un teatro que se perfiló como el más personal entre los autores uruguayos del momento. Y todas esas condiciones echaban raíces en esa realidad nacional de la cual tanto se había hablado y a la cual –por fin- se estaba volviendo. Sin embargo, un exceso de intelectualismo era la nota dominante de una parte de la generación a la cual Maggi pertenece, y que se puede palpar aún mejor en la proliferación de críticos de todo tipo que abundan en nuestro ambiente con la consigna no proclamada de explicarlo todo y no sentir nada. Solamente que en el caso de Carlos Maggi se daba un creador y no un consumidor de creaciones ajenas. Y un creador con personalidad y oficio. Sin embargo, ese exceso de intelectualismo esterilizó en parte sus dos piezas posteriores: ‘La noche de los ángeles inciertos’ y ‘La gran viuda’. ‘La noche de los ángeles inciertos’ era una ambiciosa experiencia expresionista, una intención de evadirse de los tradicionales cánones del realismo formal. Con respecto a esta obra es interesante reproducir algunos conceptos del director que la pusiera en escena, Ruben Yáñez, en una presentación a la edición de la pieza: ‘La problematización permanente del espectáculo convencional que es ‘La noche de los ángeles inciertos’ surge de su intrínseco neo-convencionalismo. Esta conducta creadora de Maggi se produjo, no como pre-supuesto sino como resultado de la materia dramática que eligió y el sometimiento riguroso a las leyes que ella proponía. ¿Cuál fue esa materia dramática? La peculiar óptica de su siquismo reblandecido por los golpes. Su personaje es un boxeador retirado. Este elemento es, sicológicamente, el puente estrecho y primario para que el público acceda a un mundo distorsionado. Dicho de otra manera, la obra viene encarnada en la conclusión berkeleyana de que ser, es ser percibido’.
Después de algunas experiencias con ‘collages escénicos’ de relativo interés, estrenados por Teatro Libre, pero que traducían el espíritu inquieto y experimentador de este ##
escritor, Maggi vuelve a encontrar sus mejores recursos en ‘El patio de la torcaza’, estrenada por la Comedia Nacional en 1967. Aquí Maggi escribe un sainete para ridiculizar al sainete en el primer acto, recurre a la farsa desaforada en el segundo y cambia de estilo en el tercero. Es evidente que el autor no logró darle a esta pieza una unidad temática y formal, pero son positivos sus intentos de denuncia de nuestra realidad –aunque esta denuncia haya sido tímida y por momentos confusa- por medio de recursos escénicos que están más allá del realismo y que poseen un sello de sugestión y modernidad. Es innegable que todas estas búsquedas y su peculiar desenfado y audacia hacen de Maggi un autor discutido pero siempre actual, fermentario y polémico”.







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