Hasta el próximo Mundial

Para mi casi que se terminó el Mundial. Bueno al menos se terminó esa tensión que desnuda entre emoción y fervor por contar las horas que faltan para ver el partido de Uruguay, que cuando juega se vuelve hasta si se quiere un día festivo, o al menos un día con algo distinto para hacer, un día para juntarse con la familia o con los amigos y desesperarse un rato, donde todo está permitido, desde una puteada hasta un grito de locura, sin que me miren con cara de a éste que le está pasando.
Lo que pasa es que desde el 2010 hasta ahora, la selección nos viene afilando, nos da algo de qué agarrarnos y eso es positivo. A quienes vivimos los mundiales desde el 86, porque el del 82 si bien lo viví era muy chico, apenas tenía 3 años y no entendía mucho de qué se trataba todo eso y además como la celeste no pisó España en ese certamen, tampoco había mucho que vibrar por esa época.
Pero después de haber vivido la derrota 6 a 1 frente a Dinamarca en México 86, de haber sido aplastados por Italia que nos ganó solo 2 a 0 pero nos pasó por arriba en Italia 90 y de haber esperado 12 años para volver a una gesta mundialista y celebrar haber quedado afuera en la primera rueda, el hecho de que en el 2006 volviéramos a quedar afuera y que en el 2010 hayamos llegado tan lejos, hizo que la ilusión aguantara hasta ahora.
Aunque después de la derrota del sábado, como que volvimos a ser Uruguay. Volvimos a ser aquellos que tenemos un sabor agridulce por no vernos entre los grandes, aunque el consuelo sea que mandamos a Italia y a Inglaterra para su casa antes de que Colombia lo hiciera con nosotros. Que por eso la FIFA se ensañó tanto con nuestro país y nos sacó medio cuadro cuando lo expulsó con saña y con todo el peso que el dinero y la corruptela barata que ese organismo representa puede comprar, a Luis Suárez.
Pero la cosa sigue, ahora los uruguayos ¿qué vamos a hacer? ¿Seguiremos viendo el Mundial? Si lo hacemos vamos a volver a hacer lo de antes, de adoptar una selección que nos guste por sus colores, sus cercanías, su hinchada, porque nunca ganó nada en su historia y nos vamos a sumar a sus hinchas.
Eso también es parte de la estrategia para poder seguir teniendo que mirar este evento que de última representa a lo mejor del fútbol global en este momento y eso nos justifica tardes en casa frente al televisor, reuniones con amigos y mucha comida chatarra sobre la mesa, toda la que se pueda sin importarnos el colesterol y que nos digan que nos vamos a morir más temprano por la cantidad de grasa que estamos enguyendo antes que se enfríe.
Así tenemos la oportunidad perfecta para decir cualquier pavada, relajar a quien se nos antoje, criticar cualquier cosa, hablar por hablar y gritar un gol sin sentido, con mucha rabia, para descargarnos de lo que nos hicieron y de la bronca acumulada que tenemos por picos de stress que nos hemos venido agarrando en el trabajo desde que empezó el año y algunos más que ya traemos desde el año pasado.
Por eso la idea de que Uruguay haya quedado afuera no es tan mala, porque en definitiva termina siendo buena para la salud. Porque como no vamos a tener que ponernos nerviosos y tampoco vamos a tener que sufrir el stress de que nos enfrentemos a un cuadro como Brasil, que además de tener buenos jugadores como Neymar, Hulk o Fred, que tienen cara de bobos pero no debemos subestimarlos, son los anfitriones y tienen todo el apoyo de la FIFA para ganar cualquier partido, así que para este encuentro jueces honestos abstenerse, porque ya estarían designados los amigos de Blatter y compañía, ¿para qué nos íbamos a hacer mala sangre y que la presión nos llegue fácilmente a 20, si podemos ver cómo lo sufre Colombia?
Esa es la verdad de la milanesa. Nosotros nos podemos quedar tranquilos viendo como otros sufren, porque no se aguantaron que vayamos al Mundial y pongamos nerviosos a Brasil, porque ellos creen en todas las cosas que ven y tienen miedo a los fantasmas e instalaron el tema del Maracaná, ellos solos sin que nadie les hiciera nada. A no ser la marca que auspicia la camiseta celeste que mandó a uno que se creía vivo y andaba vestido de fantasma recorriendo las calles, tuvo suerte de no caer en el morro de Alemao, sino no volvía más.
Después de esto, nos dimos el lujo de tener a Luis Suárez, el mejor centrodelantero del mundo, no vende tantas camisetas como Messi o Neymar, porque nuestro mercado interno es apenas de 3 millones y eso es lo que verdaderamente molestó a la FIFA que lo quiso bajar de un hondazo en cuanto pudiera, encima nos dimos el lujo de echar a Inglaterra y a Italia, pero nos echaron a Suárez y llenamos el estadio con la careta del salteño entonces ¿en serio pensamos que íbamos a ir más lejos?
No, nos mandaron a una Colombia con muchas ganas y con un juez que estuvo todo el partido por si quedaban dudas. Pero como Cavani no apareció y el resto hizo lo que pudo, pero no son Suárez, porque eso de que todos somos Suárez es mentira, ojalá todos fuéramos Suárez, con lo que juega seríamos campeones del mundo (y millonarios) si tuviéramos 11 Suárez, pero no, son Cavani, son Cebolla Rodríguez, son Stuani, son el Cacha Arévalo Ríos y la lista es conocida.
Quizás usted se emocione con que Costa Rica le haya ganado a Grecia, o que Holanda se comió a México en dos panes, o que Argentina llegue a la final y como somos casi lo mismo, sería casi como que Uruguay ganara algo, pero en realidad estamos lejos de ser nosotros los que lleguemos a una final del Mundo.
Qué Maracaná ni Maracaná, ya me estoy calentado, si fuimos recontra faroleros, llevamos camisetas, nos pasamos hablando del 50 y hasta completamos el álbum pensando que ahora sí, éste Mundial tenía que ser nuestro. Pero no nos dimos cuenta que somos un chiste para la FIFA, que puso al Cristo Redentor con una sonrisa escondida que nos decía que no soñemos, porque este torneo no es una cuestión de fútbol, es una cuestión de plata, el que tiene más y está en condiciones de vender más y mejor a su selección, es el que se lleva la copa.
Pero bueno, ahora vuelven los días en que volvemos a preguntar ¿cómo salió Ferro?, los que somos hinchas claro, y nos ponemos a pensar qué triste, de preguntar con quién va Inglaterra y cómo se prepara Argentina, a ¿cómo salió Ferro? Hay que hacer de tripas corazón y volver a las tribunas llenas de pasto de las canchitas locales, a ver al vecino que la mueve acá en el barrio nomás, a esperar las fotos de Massarino para tener una visión somera de cómo pateó el flaco aquel que conozco de vista y que juega en el cuadro que jugaba su padre.
Todo esto es volver a empezar. Pero por lo menos seguimos orejeando a alguna selección que aunque quede lejos y no sepamos mucho en qué idioma hablan sus jugadores, por lo menos tenemos la excusa para mirar un rato de fútbol y pegar un par de gritos frente al televisor, sin que nuestra mujer nos mande callar y nuestro hijo nos diga: papá poné los dibujitos. Y bueno mijo para lo que hay que ver.

Para mi casi que se terminó el Mundial. Bueno al menos se terminó esa tensión que desnuda entre emoción y fervor por contar las horas que faltan para ver el partido de Uruguay, que cuando juega se vuelve hasta si se quiere un día festivo, o al menos un día con algo distinto para hacer, un día para juntarse con la familia o con los amigos y desesperarse un rato, donde todo está permitido, desde una puteada hasta un grito de locura, sin que me miren con cara de a éste que le está pasando.

Lo que pasa es que desde el 2010 hasta ahora, la selección nos viene afilando, nos da algo de qué agarrarnos y eso es positivo. Amundial quienes vivimos los mundiales desde el 86, porque el del 82 si bien lo viví era muy chico, apenas tenía 3 años y no entendía mucho de qué se trataba todo eso y además como la celeste no pisó España en ese certamen, tampoco había mucho que vibrar por esa época.

Pero después de haber vivido la derrota 6 a 1 frente a Dinamarca en México 86, de haber sido aplastados por Italia que nos ganó solo 2 a 0 pero nos pasó por arriba en Italia 90 y de haber esperado 12 años para volver a una gesta mundialista y celebrar haber quedado afuera en la primera rueda, el hecho de que en el 2006 volviéramos a quedar afuera y que en el 2010 hayamos llegado tan lejos, hizo que la ilusión aguantara hasta ahora.

Aunque después de la derrota del sábado, como que volvimos a ser Uruguay. Volvimos a ser aquellos que tenemos un sabor agridulce por no vernos entre los grandes, aunque el consuelo sea que mandamos a Italia y a Inglaterra para su casa antes de que Colombia lo hiciera con nosotros. Que por eso la FIFA se ensañó tanto con nuestro país y nos sacó medio cuadro cuando lo expulsó con saña y con todo el peso que el dinero y la corruptela barata que ese organismo representa puede comprar, a Luis Suárez.

Pero la cosa sigue, ahora los uruguayos ¿qué vamos a hacer? ¿Seguiremos viendo el Mundial? Si lo hacemos vamos a volver a hacer lo de antes, de adoptar una selección que nos guste por sus colores, sus cercanías, su hinchada, porque nunca ganó nada en su historia y nos vamos a sumar a sus hinchas.

Eso también es parte de la estrategia para poder seguir teniendo que mirar este evento que de última representa a lo mejor del fútbol global en este momento y eso nos justifica tardes en casa frente al televisor, reuniones con amigos y mucha comida chatarra sobre la mesa, toda la que se pueda sin importarnos el colesterol y que nos digan que nos vamos a morir más temprano por la cantidad de grasa que estamos enguyendo antes que se enfríe.

Así tenemos la oportunidad perfecta para decir cualquier pavada, relajar a quien se nos antoje, criticar cualquier cosa, hablar por hablar y gritar un gol sin sentido, con mucha rabia, para descargarnos de lo que nos hicieron y de la bronca acumulada que tenemos por picos de stress que nos hemos venido agarrando en el trabajo desde que empezó el año y algunos más que ya traemos desde el año pasado.

Por eso la idea de que Uruguay haya quedado afuera no es tan mala, porque en definitiva termina siendo buena para la salud. Porque como no vamos a tener que ponernos nerviosos y tampoco vamos a tener que sufrir el stress de que nos enfrentemos a un cuadro como Brasil, que además de tener buenos jugadores como Neymar, Hulk o Fred, que tienen cara de bobos pero no debemos subestimarlos, son los anfitriones y tienen todo el apoyo de la FIFA para ganar cualquier partido, así que para este encuentro jueces honestos abstenerse, porque ya estarían designados los amigos de Blatter y compañía, ¿para qué nos íbamos a hacer mala sangre y que la presión nos llegue fácilmente a 20, si podemos ver cómo lo sufre Colombia?

Esa es la verdad de la milanesa. Nosotros nos podemos quedar tranquilos viendo como otros sufren, porque no se aguantaron que vayamos al Mundial y pongamos nerviosos a Brasil, porque ellos creen en todas las cosas que ven y tienen miedo a los fantasmas e instalaron el tema del Maracaná, ellos solos sin que nadie les hiciera nada. A no ser la marca que auspicia la camiseta celeste que mandó a uno que se creía vivo y andaba vestido de fantasma recorriendo las calles, tuvo suerte de no caer en el morro de Alemao, sino no volvía más.

Después de esto, nos dimos el lujo de tener a Luis Suárez, el mejor centrodelantero del mundo, no vende tantas camisetas como Messi o Neymar, porque nuestro mercado interno es apenas de 3 millones y eso es lo que verdaderamente molestó a la FIFA que lo quiso bajar de un hondazo en cuanto pudiera, encima nos dimos el lujo de echar a Inglaterra y a Italia, pero nos echaron a Suárez y llenamos el estadio con la careta del salteño entonces ¿en serio pensamos que íbamos a ir más lejos?

No, nos mandaron a una Colombia con muchas ganas y con un juez que estuvo todo el partido por si quedaban dudas. Pero como Cavani no apareció y el resto hizo lo que pudo, pero no son Suárez, porque eso de que todos somos Suárez es mentira, ojalá todos fuéramos Suárez, con lo que juega seríamos campeones del mundo (y millonarios) si tuviéramos 11 Suárez, pero no, son Cavani, son Cebolla Rodríguez, son Stuani, son el Cacha Arévalo Ríos y la lista es conocida.

Quizás usted se emocione con que Costa Rica le haya ganado a Grecia, o que Holanda se comió a México en dos panes, o que Argentina llegue a la final y como somos casi lo mismo, sería casi como que Uruguay ganara algo, pero en realidad estamos lejos de ser nosotros los que lleguemos a una final del Mundo.

Qué Maracaná ni Maracaná, ya me estoy calentado, si fuimos recontra faroleros, llevamos camisetas, nos pasamos hablando del 50 y hasta completamos el álbum pensando que ahora sí, éste Mundial tenía que ser nuestro. Pero no nos dimos cuenta que somos un chiste para la FIFA, que puso al Cristo Redentor con una sonrisa escondida que nos decía que no soñemos, porque este torneo no es una cuestión de fútbol, es una cuestión de plata, el que tiene más y está en condiciones de vender más y mejor a su selección, es el que se lleva la copa.

Pero bueno, ahora vuelven los días en que volvemos a preguntar ¿cómo salió Ferro?, los que somos hinchas claro, y nos ponemos a pensar qué triste, de preguntar con quién va Inglaterra y cómo se prepara Argentina, a ¿cómo salió Ferro? Hay que hacer de tripas corazón y volver a las tribunas llenas de pasto de las canchitas locales, a ver al vecino que la mueve acá en el barrio nomás, a esperar las fotos de Massarino para tener una visión somera de cómo pateó el flaco aquel que conozco de vista y que juega en el cuadro que jugaba su padre.

Todo esto es volver a empezar. Pero por lo menos seguimos orejeando a alguna selección que aunque quede lejos y no sepamos mucho en qué idioma hablan sus jugadores, por lo menos tenemos la excusa para mirar un rato de fútbol y pegar un par de gritos frente al televisor, sin que nuestra mujer nos mande callar y nuestro hijo nos diga: papá poné los dibujitos. Y bueno mijo para lo que hay que ver.







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