Hasta que Leguísamo gritó…¡basta!

Salto 2 – Nueva Palmira 0.

¿Qué tanta incertidumbre?
¿Qué tanta pelota dividida si al cabo ya en esos minutos finales, Nueva Palmira asistía en la escena con dos jugadores de menos? ¿Por qué no ser Salto, amigo fiel de la simplicidad transformada en eficacia?
Por eso, llegaría el segundo minuto adicionado por el árbitro, cuando Ricardo Laforcada se mandó por derecha, relojeando a Leguísamo. Y el “Tití” apeló a lo más sabio de su capacidad contragolpeadora. Porque el “Tití” no es de los que duda en situación como esa.
Picando para llegar y llegó. Ir mirando al arco. Ir apostando a lo más generoso de su derechazo. Allá la mando. Todo lo hizo bien. Potencia y precisión.
Una manera de decirle…. ¡basta! a esas dudas del final, porque enfrente Nueva Palmira no descansó nunca.
¡Qué equipo duro y combativo! Al fin de cuentas, no solo rebeldía, sino reflejo de quien contempla aspectos que hacen a los equipos aptos: anticipo, construcción y alguna llegada también.
Pero ese golazo del “Tití” bajó la persiana. De lujo, para que el campeón dejara en claro que fue como volver a renacer. Volver a estar. Volver a sentir debajo de la piel, la costumbre de vencer y venció. A despecho de los suspensos que el equipo suele fabricar, cuando vacila en la partida y no siempre se vuelve convincente a la hora misma del estallido final.
Pero fue 2 a 0. Salto contempló lo que salió a buscar. La nueva corona le viene al pelo.
DESDE UNA PELOTA, DESDE LA MAGIA…
Porque la sensación es que a veces con Salto, la historia vuelve a repetirse. El equipo planta bandera de arranque, abre la portera y se potencia, alcanza como en este caso el 1 a 0 transitorio, y después se vuelve silencio en la hora de certificar. Por los 17′ cuando José González descubre el espacio libre por zurda y esa pelota cruzada le cayó justo a Ricardo Laforcada. El riverense descartó el remanso. Se volvió locura de definición y desde el mortero del botín derecho, la pelota terminó moribunda contra el segundo palo.
Fue el 1 a 0. La postal de quien resolvió.
Desde la magia de José. Desde el decir ejecutor de Laforcada.
Y entonces, ¿por qué Salto no prolongó esa línea de fuego y por qué se fue limitando el arco iris ofensivo?
Claro, que enfrente, está Nueva Palmira, esencialmente equipo-equipo, en la generosidad de la actitud física, del dispositivo para anticipar y las pilas cargadas para perfilar la salida.
Cuando llegó en el primer tiempo, un par de veces el “Coti” Regueira. Porque el hecho es que Christian Cavani barrió la trinchera con el peso de su personalidad y recursos. Bárbaro.
Recién en los 45′ Fabio Rondán se atrevió con un latigazo que mordió la madera horizontal y un minuto después, por doble amarilla, el lateral zurdo se fue expulsado.
CUANDO UNO TIENE MENOS Y CUANDO UNO ES MÁS…
Es equipo con tanta brújula táctica esta Nueva Palmira, que no se descompensó. Y la verdad sea dicha: complicó siempre. La envidiable condición física, la búsqueda sin remordimientos ni vacilaciones: salió a jugarse el pellejo.
Armazón del bueno para quedarse con la pelota, para que Salto no dispusiera de volantes libres y entonces al equipo de Nieto, se le complicó la conexión siempre. Con uno menos, el visitante, objetivamente fue más. Hasta más compacto. Hasta menos expuesto a la duda.
Nieto movió el banco, excluyendo al propio José González. Después de los 30′, dos situaciones “naranjeras”. La primera por Laforcada. La segunda por el “Tití”.
Alguna más, después malograda. Pero una manera de guiñarle el ojo al porfiado no se puede y Salto pudo ser de última, lo que el “Bujía” quiere que Salto sea: sin apelar al pelotazo que reparte y con la mayor precisión de la entrega en los metros finales.
Por eso, en ese segundo minuto adicionado del final, cuando Laforcada vendió boletines por derecha. Dejó postes detrás y la habilitación a Leguísamo fue perfecta.
El “Tití” se volvió estocada.
Arte y gol.
Pique y gol.
Derechazo y gol.
Fue el 2 a 0. Una manera, ¡claro que sí!….de gritar basta. De derrumbar la intriga, de condenar el silencio ofensivo. De hacerse luz y quedarse.
Después de todo, son cosas del campeón. Que está vivo y se prolonga.
Que se quedó con la corona regional, que no está mal como estímulo.
Salto sabe que la senda está abierta. Sabe cual es el fin.
Y lo tiene, entre ceja y ceja. Seguro que lo tiene.
Al fin de cuenta… tiene pilcha de campeón….
ELEAZAR JOSÉ SILVA-







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