Hay que crecer a los tumbos igual

Con la Dra. Ana Flavia Rodríguez Chiappini

En su apartamento ubicado en el centro de la ciudad de Montevideo, luego de una ajetreada jornada de trabajo que la había llevado a “barrer” el barrio de la Curva de Maroñas (barrer en la jerga médica la tarea de estar de guardia en un servicio de emergencia móvil asistiendo a las llamadas domiciliarias no urgentes) EL PUEBLO se encontró con una novel médica salteña. Nacida en la Zona Este de nuestra ciudad, hija de un ex empleado de AFE y de una ama de casa, devenidos almaceneros, y con un hermano abogado, la doctora Ana Flavia Rodríguez Chiappini, a los 17 años se vino a la capital a iniciar sus estudios universitarios, que la vieron egresar el año pasado. Ya establecida en esta urbe, no piensa en regresar a su Salto natal, al tiempo que reconoce y recuerda su dolorosa adaptación, el sacrificio sufrido y la alegría de trabajar de lo que le gusta, y para lo cual se siente comprometida de manera vocacional.

En esta sección semanal Al Dorso le acercamos a los lectores la historia de una joven profesional salteña que se abre camino por su cuenta, de manera ejemplar, sin olvidar sus raíces y proyectándose con un entusiasmo digno de su juventud.
VIVIR EN UNA BURBUJA
Fue a comienzos del año 1997 que Ana se trasladó a Montevideo por motivos de estudio: “terminé el liceo y me vine a hacer Medicina. Empecé y perdí  (Biología) “Celular”, una de las primeras materias que tenía, y con ello perdí todo el año. En ese momento dejé la carrera y me volví a Salto a terminar mis estudios de (idioma) Inglés. Retomé los estudios, pero luego ingresé a la Facultad de Psicología (2009). Finalmente me di cuenta que no era lo mío y volví a medicina”. Su llegada a la capital la encontró sola: “me vine a vivir con personas que no conocía hasta ese momento, dos chiquilinas de mi edad, con las que no tenía amistad. Mis amigas se quedaron todas en Salto y la única que se vino fui yo”. El cambio que supuso su venida a Montevideo “fue horrible, en su momento creí que era lo peor que me podía pasar en la vida. Al principio me costó la adaptación: yo me iba a Salto todos los fines de semana, extrañaba mucho. El primer tiempo vino mi madre y hasta la semana santa del 1997, yo persistía en la idea de que me volvería a Salto, a estudiar no sabía qué”.
“Montevideo era muy diferente a Salto” sentenció nuestra entrevistada evocando sus primeros meses en la capital. “Yo vivía en una burbuja todo el tiempo que estuve en Salto: fui siempre a Colegio privado donde todos los años tuve la misma gente de compañera. Cuando terminé cuarto año y pasé a un liceo público fue traumático. Gracias a Dios que pasé por eso, porque cuando vine a la Facultad fue otro gran cambio: tenía que correr para conseguir algún banco para poder escuchar “un teórico”, conocer gente nueva, andar por la calle con la inseguridad que en ese momento era Montevideo. En Salto, hasta ese entonces uno dejaba la puerta de su casa abierta y la gente no entraba a robar, y Montevideo ya era una jungla”.
SAGRADA FAMILIA
“Salto es precioso”, se adelanta a decirnos cuando le consultamos sobre sus recuerdos de la infancia y adolescencia. Desde el jardín hasta cuarto año de liceo concurrió al Colegio y Liceo Sagrada Familia: “es imposible olvidarse de esa época , tuve una experiencia muy buena en el colegio. Éramos muy amigos con los compañeros de clase, nos llevábamos muy bien, esos tiempos fueron muy lindos”. Reconoce que se ha desvinculado con dicha institución educativa luego de trasladarse a Montevideo.

Integrante de una familia de la Zona Este

Ana nació y creció en la zona este de Salto, más precisamente en calle San Eugenio y Brasil. De familia católica. Su padre trabajó enfoto0566 AFE y después junto a su madre que era ama de casa abrieron una almacén. “Soy muy familiera. Me gusta ir a la casa de mis padres, pasar tiempo con ellos, las reuniones familiares. Tengo muchos primos porque mis padres tienen seis hermanos cada uno”. Extraña de Salto “la familia y las termas. Me gustaría tenerlos más cerca”, nos dice.

CRECIMIENTO

Para la doctora en medicina irse a vivir a Montevideo fue un gran crecimiento en muchos aspectos: “tuve que madurar y asumir un montón de responsabilidades desde el día a día, hacerme cargo de qué comer y organizarme con la casa, tanto en limpieza como economía. Aunque al principio mis padres me bancaban yo tenía que llevar la economía de mi hogar con 17 años. Creces un montón,  ya que sos responsable de vos mismo, no está mamá para  ayudarte en la diaria, aunque sabemos que siempre están. Pero no queda otra, hay que crecer a los tumbos igual, además cumplir con la facu, estudiar, administrarte y tener algo de vida. Es una experiencia difícil pero enriquecedora. No es fácil alejarse de todo lo que uno tiene y de alguna forma arrancar de nuevo. Necesitas gente cerca para compartir la vida y por tanto hacer amigos nuevos y vínculos nuevos”.

TRABAJO Y ESTUDIO

La carrera de Medicina siempre fue de su agrado. Nunca había perdido exámenes en el liceo y la experiencia de perder un año de Facultad le costó mucho. Eso la desestimuló bastante y por eso “la carrera se me hizo bastante complicada, y ni hablar cuando empecé a trabajar”. Nos cuenta que llegó un momento en el que decidió empezar a trabajar. Eso afectó y complicó sus estudios. Trabajó en un “call center al principio y después de administrativa en un centro médico (CASMU), lugar en el que trabaja ahora como médica. El paso al área médica (con las primeras guardias) “fue horrible porque cuesta dejar a los compañeros y pasaba a un lugar distinto con gente nueva”.  Medicina es “lo que quiero hacer y ser. No me arrepiento de lo que elegí. A mi gusta lo que hago”. Actualmente trabaja en el servicio de emergencia 1727 y en una clínica que expide carné de Salud.

MONTEVIDEANA

Está establecida en Montevideo, y no piensa volver a Salto por el momento. “Me adapté a la inseguridad, a la locura  y a andar corriendo todo el tiempo. Me gusta. No está mal pasar unos días de vacaciones, pero la verdad es que me gusta trabajar todo el tiempo. Me acostumbré a cómo vive la sociedad acá y me desacostumbré bastante a vivir en Salto”. Tiene muchos amigos en Montevideo.

¿Qué cosas dejaste por el camino o sacrificaste por venirte a Montevideo?

“Mucho tiempo con los amigos, con mi familia. Cuando nació mi sobrina no estuve. La conocí al mes porque tuve un parcial (prueba en su carrera de medicina) y no la pude ver hasta el bautismo. He sacrificado muchos cumpleaños de mi familia. Eso duele sacrificar. Además cuando te venís los viajes a veces no son posibles porque es un tema económico: es toda una inversión viajar a Salto para un cumpleaños y volver. A veces se puede y a veces no”.

Terapia más que medicamento

Rodríguez la Facultad “no es solo conocimiento, que pesa, pero como en todas las profesiones pasa que la gente tiene mucha necesidad de hablar”. Recuerda “excelentes profesores y personas y de las otras también”. La gente muchas veces “necesita más una terapia que un medicamento. Y eso no se aprende en la Facultad. Eso lo tiene y aprende cada uno: cómo tratar a la gente, cuánto me intereso por el otro. Uno puede tratar al paciente como una patología y nada más, o como una persona que tiene una patología, que son cosas diferentes”.

TRATO CON LOS PACIENTES

Le gusta mucho lo que estudió y de lo que trabaja: “el trato con la gente, los pacientes, saber de patologías. No me gusta el sistema porque a veces parece que no está armado para todo el mundo y te tenés que amoldar. En la Facultad ves de todo, bueno y malo”.

“Me tuve que hacer el camino sola, nadie me lo allanó”.

“Hay gente que le es más fácil conseguir trabajo que a otra” confiesa la salteña cuando abordamos el tema de su relación con los colegas y el gremio médico. “Sea porque tiene otros beneficios o porque cuenta con otras cosas a favor, como trabajar desde antes en el lugar, tener familiares. Creo que cuesta que otros médicos dejen trabajo para los demás. Hay gente que tiene muchos trabajos y eso hace que no haya lugar para otros”.

Primeras experiencias

“Asistir a los partos es divino” nos dice la profesional. Agrega que “de por si el cuerpo humano me parece maravilloso y las transformaciones que sufre es genial”. Si bien reconoce que “poca cosa le genera impresión” hay algunas que le generan más impacto que otras. El tema de las constataciones de fallecimiento entra en este último elenco: “ en esas ocasiones está la familia y eso no está bueno porque se convive con el dolor”.